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Carnavales de Yurayaco

Enviado el 08/03/2017

Los hijos de Yurayaco siguen bailando el Carnaval en Lima

 

Los carnavales se celebraban en el mes de febrero. Eran muy esperados en todo el pueblo y algunas veces se festejaban al interior de las casas. Las primeras manifestaciones del carnaval eran los “baratos”, que consistían en entrar a los cuartos de los dormilones, quitarles las frazadas y la ropa y azotarles en los muslos con tallos y hojas de ortiga. Después los llevaban a la laguna para mojarlos y quitarles el sueño. Esta costumbre que más que todo se tomaba como un juego, era aceptada como parte de las tradiciones del pueblo. Y era en esta época en que la gente se levantaba más temprano para evitar ser sorprendida por los “baratos”.

Una forma de divertirnos era mojarnos con agua, entre niños y niñas, usando baldes y chisguetes. También se utilizaban talcos que vendían en la bodega del tío Mardonio Carrasco. Cuando no se podía comprar talco, lo reemplazábamos con harina fina de maíz y hollín de las ollas de barro. Así nos pintábamos las caras.

Con anticipación se organizaba el día del “corta monte”, conocido también como yunza o huachihuallito. En esta actividad participaba toda la comunidad y familias y amigos de las poblaciones vecinas. Del valle de Rahuapampa se traían frutas para la tablada y el adorno del árbol. El guarapo era comprado u obsequiado por el tío Esteban Melgarejo. Era una bebida dulce que se parecía a la chicha de jora pero emborrachaba con solo unos cuantos sorbos.

El día del huachihuallito una comisión de comuneros iba a cortar el árbol. Llevaba un cántaro de chicha de jora, bien tapado con panca seca de maíz, y una botella de licor, además de machetes y hachas. Luego de cortar el árbol –por lo general un san Pablo o un saúco–, la gente lo llevaba en hombros. Todo era alegría. Cuando estaban por llegar al lugar donde sería plantado, un grupo de mujeres les daba la bienvenida, cantando el himno quechua llamado harawi, heredado de los ancestros. Ese coro siempre era liderado por Aquilina Camacho, doña “Aquicha”, acompañada por Aurelia Flores, doña “Cona”; Eugenia Blas, doña “Huji”; Getrudez Euscátegui, doña “Gitru”; y doña María Asencios. La canción era muy triste por el tono, la profundidad y el sentimiento con que se coreaba, y algunas mujeres incluso cantaban llorando.

Cuando los comisionados llegaban con el cántaro seco, la botella vacía y el árbol, hombres y mujeres salían a pintarles las caras y a colocarles serpentina alrededor de los cuellos. Otro grupo servía la chicha y el licor. Todos se alegraban y se integraban para compartir el inicio de la fiesta de carnaval. La gente llevaba adornos y prendas para colgarlas en el árbol y hacerlo más atractivo. Todas las ramas se adornaban con serpentina, globos de colores y frutas del valle, como lima, naranja, toronja, tuna y trozos de caña de azúcar. También se ponían bizcochos, bizcochuelos y roscas. En los sitios más visibles de algunas ramas se colocaban tazones, tinas, bateas, tazas y platos de plástico. También cajas de zapatos vacías, para hacer creer a la gente que algo había adentro. Cuando terminábamos de poner los adornos, con ayuda de todos, se levantaba el árbol para plantarlo en un hoyo, fijándolo con piedras y tierra.

Llegada la hora del almuerzo se servía el caldo de carnero y, de segundo, el puchero de jamón con col y el llustu pichu. La comida era un deleite. Primero servían a los niños y las niñas. Luego, en la misma mesa, degustaban los mayores. Ese día, comíamos todos en el pueblo y se invitaba a los visitantes que llegaban para ver la yunza.

Después del almuerzo se empezaba con el juego del carnaval: todos estábamos autorizados a mojarnos unos a otros y a pintarnos con harina u hollín. Luego nos invitaban a formar el ruedo alrededor de la yunza. Chicos y grandes, agarrados de las manos, bailábamos al compás de la música. La ronda seguía girando mientras una pareja de bailarines daba unos machetazos al árbol. Así, sucesivamente, las parejas se iban cambiando y cada una daba un par de machetazos al tronco.

Se tomaba la chicha de jora bailando y cortando el huachihuallito. La gente, muy alegre, con el machete en la mano, simulaba afilarlo en la piedra del piso, en el suelo, en el tronco del árbol y hasta en los hombros y las espaldas de los bailarines. Cantaban en quechua: “Que gueruga shamushga chusco puñushtami shamushga tushurcushun, tushurcushun”, que quiere decir: “Este árbol ha venido desde lejos y para llegar ha necesitado descansar cuatro noches en su recorrido, bailemos y bailemos”. Por eso la celebración tenía que prolongarse y solo con la llegada de la noche, el árbol caía. Entonces la gente se lanzaba para atrapar las cosas con las que estaba adornado. De pronto, los bailarines estaban apiñados unos encima de otros. En pocos segundos el árbol quedaba sin hojas, destartalado, solo con los tallos de las ramas.

De inmediato, los hombres y las mujeres jalaban al árbol en diferentes sentidos como si estuvieran en una lucha de fuerzas. Avanzaban y retrocedían, y después de tanto jalar, había un vencedor. Por lo general ganaban las mujeres porque a esas alturas de la fiesta, los hombres estaban casi siempre muy borrachos.

La pareja que terminaba de cortar la yunza asumía el compromiso de hacer la fiesta del siguiente año. Los organizadores entregaban a los entrantes el “troca”, es decir, hacían el cambio de cargo, simbolizado en un tazón lleno de picante de cuy, un cántaro con chicha de jora, una botella de licor y la tablada, adornada con frutas, panes, serpentinas y globos. Con abrazos se felicitaba a los entrantes y, junto con ellos, seguíamos bailando hasta bien entrada la noche. Así despedíamos al carnaval hasta el próximo año. En este momento se hacía el apachicuy, que consistía en armar bolas con serpentina y hojas de arbustos que luego colocábamos por sorpresa en la espalda de los bailarines, debajo de sus chompas, para que les quedaran como joroba. Con el apachicuy, simbólicamente, se esperaba que la fiesta del año siguiente fuera igual o mejor.

Comentarios (1)

es grato d haber liedo tu

es grato d haber liedo tu libro señor aguero muy lindo el relato donde cuentas la trdicicional yunza yurayaquina .m rogullese saber que mi señora madre AQUELINA CAMACHO. lideraba las lindas canciones harawi .me hubuiese entado conocerlo esas epocas grandiosos d yurayaco

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