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Imprescriptibilidad ¿Victoria pírrica?

Enviado el 01/03/2017

Muchos han sido los casos paradigmáticos de corrupción donde los investigados alegan la prescripción para terminar con esas investigaciones. Es decir, el paso del tiempo más allá del plazo legal establecido; sea por las triquiñuelas de los abogados, por la misma complejidad del caso, por la demora de jueces y fiscales, a causa de la mala gestión o con esa intención. Lo cierto, es que todo llevaba a un mismo punto: la impunidad de presuntos actos de corrupción, y el mantenimiento de supuestas redes de corrupción.

Por eso la reforma constitucional aprobada, en primera votación, del artículo 41 que establece la imprescriptibilidad de graves delitos de corrupción, es un paso trascendental en la lucha contra esa impunidad. El logro tiene el peso no solo de los 16 años que el tema ha estado en debate, o los más de 50 proyectos de ley que fueron presentados, sino, de los millones de millones de soles que se llevó la impunidad. Por eso, el 1 de marzo es un día para celebrar.

Dicho eso, y más allá de que aun esa reforma constitucional no va a ser efectiva hasta que sea aprobada en una segunda legislatura ordinaria, y se publique en El Peruano la ley penal que describa a aquellos “casos graves”, hay dos cosas que preocupan y que no pueden perderse de vista.

En primer Lugar, que ha sido dada en un Congreso presidido por Luz Salgado, otrora asistente a la Sala del SIN, para quien Fujimori habría sido engañado por el malvadísimo Vladimiro Montesinos. Un Congreso en el que hay 73 congresistas del fujimorismo (es decir, con un importante peso en la votación), y cuya Comisión de Constitución y Reglamento (que es la que ha dado el dictamen aprobado) preside además Miguel Torres, hijo del ex congresista también fujimorista Torres y Torres Lara. Producto de ello, el fujimorismo ha salido a decir que con esto prueba su compromiso en la lucha contra la corrupción… es decir, que es otro, tal como insistía en la campaña presidencial del año pasado. Un enorme contrasentido y fatal simbolismo, estando ad portas de cumplirse los 25 años del golpe de Estado del 5 de abril.

Cuidado con ese mensaje fujimorista. Hay que festejar la imprescriptibilidad, sí. Pero también hay que decir en voz alta que el fujimorismo no se limpia con ello, ni la historia conocida de los 90 (vladivideos, montañas de dinero, la aceptación de ser corrupto evitando el juicio público). Ese verdadero resarcimiento se dará cuando, por ejemplo, Cecilia Chacón responda debidamente ante la justicia, o cuando  se respondan en los fueron correspondientes y en público las investigaciones a Joaquín Ramírez, o el caso Limasa, o se promueva el retorno de los tíos fugados de su candidata presidencial. Es obvio que esta aprobación, más allá del compromiso real, aparece (para quienes no se convencen de dejar de un lado la historia) como una plataforma para ser aprovechada políticamente, más aún, cuando estamos ante una Comisión de Ética que no investiga bien a Salgado o a Kenji Fujimori, cuando la Comisión Lavajato decide no investigar -y bien- la década de Fujimori o su presidente Albrecht siga en su puesto a pesar de que debería estar siendo investigado, o cuando con el voto fujimorista se eligió como Defensor del Pueblo a Walter Gutiérrez.

De dejarse pasar, y no ponerse en FA, una respuesta al mensaje que está señalando el discurso fujimorista, nos lamentaremos. Porque es reeditar la historia, y porque el recuerdo que queda en la ciudadanía y la juventud de lo que fue la década fujimorista puede comenzar a desvanecerse, más aún estando próximos a las elecciones del 2018, donde volverán los tapers, dineros, polos y almanaques, para seguir aprovechándose del voto peruano.

Y en segundo lugar, la lograda imprescriptibilidad pudiera darnos en la cara si es que no aseguramos un sistema de justicia que lo aplique de forma independiente e imparcial. Solo con jueces y fiscales férreamente probos, la nueva herramienta contra la corrupción surtirá los efectos deseados y no se convertirá, en manos del poder de facto, en un arma de persecución para los opositores. Para que eso no suceda, urge la reforma del sistema.

Esos dos elementos: el símbolo del factor fujimorista en la votación, más la reforma del sistema de justicia, son elementos esenciales a trabajar de inmediato para que la lograda imprescriptibilidad no tenga efectos políticos y jurídicos contraproducentes a su intrínseca finalidad. 

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