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Cuando la “nación” no basta según Ino Moxo

Enviado el 08/03/2017

Como han precisado Guha y Chakrabarty, desde los estudios subalternos, la concepción de culturas subdesarrolladas parte de una idea de transición historicista. Es decir, se parte del precepto de que dichas culturas -en un presente- carecen de desarrollo, pero que podrán lograrlo y, finalmente, entrar en la historia de la modernidad (aunque el mismo discurso genere siempre la jerarquía de una diferencia “fetichizada” por la nación). Frente a este modelo cultural, resulta interesante volver a la paginas de Las tres mitades de Ino Moxo (1981), novela de César Calvo Soriano, donde esa “carencia” resulta ser precisamente una potencia, un poder de diferencia confrontacional que subvierte los ideales de un yo transcendental o nacional.

Ciertamente cuando abordamos el tema de raza y etnia en este texto no llegamos a ningún tipo de síntesis o totalidad. Calvo así logra captar la negociación de diferencias culturales que entre sí, en un nivel de entramado textual, establecen contactos que no disminuyen políticas raciales sino que potencializan una conciencia de diferencias culturales. Esas tres mitades que Calvo recupera como expresiones de una heterogeneidad no se convierten en híbridos, es decir, en meras combinaciones o emergencias, tampoco se estratifican en símbolos nacionales. Calvo enfoca afiliaciones de una misma gesta descolonial que no anula la propia agenda de los grupos andinos, afro y amazónicos. Se trata de vencer una identidad peruana que no hace sino capturar las diferencias y anular todo su poder de resistencia.

La afiliación, no la síntesis ni el hibridismo, concretiza su posición política con el concepto de ayumpari. De acuerdo con una de las narraciones míticas que este texto inserta, se advierte una relación diplomática de la divinidad Pachakamáite y el grupo étnico asháninca, la cual consistió en una reciprocidad llamada “ayompari” o relación de intercambio equilibrado”. El modus operadis del colonialismo quebró esta circulación  e introdujo relaciones de explotación económica. Sin embargo, este texto de Calvo enfatiza la continuidad del ayúmpari en un nivel de interacción social y a la vez no-humana: las presencias sensibles (cuerpos materiales e intensidades) se atraviesan sin fusionarse constituyendo co-presencias inconclusas.

Hablamos entonces de una agrupación ayúmpari que se constituye mediante cruce de energías, cuerpos y culturas: un narrador como César Soriano (mestizo) se traslada, por la mareación, de Iquitos al Cusco, donde un varayoc (hombre andino) le regala un q'ero que luego será entregado al brujo don Hildebrando (hombre amazónico). De esta manera, los miembros de una determinada nación se convierten en códigos de ayúmpari uno del otro, restaurando “el fluido que une a los hombres con los hombres”. Es importante mencionar que esta propuesta acentúa la utopía literaria sobre la norma fáctica, pues en el glosario final del libro esta palabra se circunscribe a los ashánincas, pues como se dice en el texto: “Ningún blanco, ningún mestizo, ni siquiera un miembro de otra nación amazónica es aceptado por los asháninca en calidad de ayúmpari”.

César Soriano es un exponente tensional de la identidad ayúmpari. En él confluyen las mitades de una identidad nacional, pero para volver diferencias factuales, de tiempo y espacio. Las mitades no se resuelven en “lo peruano”, sino que se densifican y problematizan a partir de desdoblamientos que rechazan cualquier pretensión de univocidad. Por ejemplo, el mismo brujo Ino Moxo es un personaje que mantiene un doble estatuto (viracocha o amawaka) en un nivel de estrategias sociales humanas, pero que en un nivel de políticas no-humanas introduce devenires, es decir, relaciones imperceptibles e incondificables de interacciones entre entes humanos y colectivos no-humanos. Aquí no se ha superado ninguna etapa conflictiva en nombre de fijezas identitarias, sino que más bien se enfocan las fisuras, los pliegues, demostrando así que no basta solo una retórica nacional de igualdad inclusiva  sino la afirmación del desborde de una multiplicidad. Desborde de una nación que estiliza o retoriza, que vuelve “mitos nacionales” las presencias heterogéneas; desborde de una concepción antropocéntrica de mundo. 

Las tres mitades de Ino Moxoes un texto que aspira a un ensamblaje de “comunidad” y “solidaridad” que no caiga en los tópicos de una ideología racial mestiza. No estamos ni ante la celebración fácil del hibridismo sino ante micropolíticas, de intensidades inter-específicas, a las que no basta el reconocimiento de una “igualdad nacional”, sino que interrumpen una creencia dominante. Y en esa interrupción intensifican una conciencia de las diferencias, que se complementan en alianzas contra-hegemónicas, no universalistas. El desafío de Calvo es evitar la tentación de una identidad nacional. Las alianzas que se generan en la novela no buscan  una interacción pasajera sino un objetivo concreto: solo reconociendo las grietas de los colectivos humanos entre sí, y de los colectivos humanos en conexión con colectivos no humanos, se vencerá la ideología nacionalista que solo mengua y castra toda autonomía política. El reto es transformar la ideología del culturalismo peruano. 

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