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Mamá Angélica, Kallpay Warmi

Enviado el 02/05/2012

Catherine Meza

Discurso dado en homenaje a Mamá Angélica Mendoza, fundadora de ANFASEP, en la Derrama Magisterial, el día 16/02/2012.

Para muchas personas del Perú el conflicto armado interno que vivió el país durante 20 años, lamentablemente, significó poco y en algunos casos nada. Fueron dos décadas en donde se pisotearon sin límites nuestros derechos humanos en lo económico, político, social y cultural. La “lucha armada” declarada por Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru al Estado peruano en 1980 y 1984, respectivamente, nos colocó en una situación de violencia armada constante, implantándose el terror como medio para generar una revolución social y como medio de represión antiterrorista en extremo cruel, sin diferenciar a la población civil.

Como en muchos otros conflictos armados, fueron las mujeres, niños y niñas las poblaciones más vulnerables. Durante aquellos los niños y niñas años fueron torturados y reclutados por los grupos terroristas y maltratados por los efectivos militares. Las mujeres fueron ultrajadas y violentadas sexualmente, en algunos casos por su resistencia  a que sus hijos o ellas fueran  reclutados, o por el simple hecho de ser mujeres.

La complejidad del conflicto agravó la crueldad y la insania con la que cometieron estos delitos los terroristas y los militares, debido a la manera en la que el Estado asumió la lucha contrasubversiva. Esta provocó la constante desaparición forzada de personas, que consistía en secuestrar a una persona calificada como sospechosa de ser terrorista para luego llevarla hacia una base militar de la cual nunca volvía a salir. El secuestro se realizaba por simples sospechas basadas en el aspecto físico de las personas, si eran quechua hablantes, si eran universitarios, si viajaban demasiado, por la acusación infundada de una persona X, o por el simple hecho de impedir que los militares roben sus pertenencias. Ahora bien, nadie logra desaparecer del mundo porque somos materia existente, sin embargo; estas personas “desaparecidas” eran asesinadas adrede o muertas a consecuencia de las torturas infringidas,  luego de lo cual se procedía a descuartizar y/o quemar sus cuerpos, para finalmente enterrarlos en fosas comunes clandestinas. El objetivo era no dejar rastro alguno de las personas secuestradas o detenidas ilegalmente. Incluso, en algunos casos, hubo familiares de las víctimas que por indagar por estos, también fueron “desaparecidos”.

Las consecuencias que generaron estas desapariciones forzadas de personas en la sociedad son enormes, porque destruyeron el tejido social  de la población peruana. Se generó un desorden del círculo social y del duelo propio de cada ser humano, se destruyó el estado de derecho, la persona dejó de ser considerada un ser humano y la convirtieron en objeto de carnicería. La muerte, la sangre y los gritos de dolor se volvieron parte de la vida cotidiana.

Es en esta situación de violencia que desapareció el hijo de Mamá Angélica, quien fue detenido ilegalmente y luego desaparecido. Sin embargo, pese a todos los factores en contra de la justicia y la verdad, Mamá Angélica se enfrentó a las adversidades y salió a buscar a su hijo. El artista Mauricio Delgado rescata una frase de ella en su pieza artística denominada “Blanco sobre blanco de tu coraje”, que dice: "Señor yo no tengo miedo de morir, moriré, les daré los cinco solcitos que tengo, por la pérdida de su bala; pero, primero díganme dónde está mi hijo, cuando sepa dónde está mi hijo voy a morir tranquila". Esto lo dijo  encontrándose sola y rodeada de militares, mientras buscaba a su hijo entre varios cadáveres amontonados en un socavón, segundos después de que una bala le rozara la cabeza.

Fue tan alarmante la cantidad extrema de personas detenidas que, Mamá Angélica junto a otras mujeres fundaron en Ayacucho, la primera organización denominada “Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados y Detenidos del Perú”, que unos años después paso a denominarse “Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú” (ANFASEP), organización que buscaba una aclaración de la condición en la que se encontraban los detenidos. Fueran culpables o no, los familiares merecían saber cuál era el delito cometido y bajo qué cargos se hacían las detenciones.

Mamá Angélica sabía que los derechos humanos nunca fueron obsequiados, ni regalados, ni otorgados, sino que fueron conquistados a través de diversas luchas sociales, es por eso que pese a los insultos y estigmas de ser acusada de senderista, organizó marchas en las calles ayacuchanas exigiendo verdad, exigiendo justicia, luchando contra la indiferencia de las personas. Con esta lucha, las mamás de ANFASEP, así como otras mamás del país, cuyos familiares fueron desaparecidos forzadamente, nos demostraron que las mujeres no son el sexo débil, y aunque no me considere feminista, porque creo que no es necesario serlo para defender los derechos de las mujeres, sí es verdad que las mujeres no han sido reconocidas dentro de los derechos universales del hombre. Por lo tanto, la lucha de las mujeres era doble: además de luchar por los derechos ciudadanos que nos competen a todas y todos, luchaban porque se las considerase como lo que son, mujeres ciudadanas.

Se inició así, el recorrido de un largo camino, empujado por su fuerza y generado por el sentimiento de amor a sus familiares. Lucharon también por todas y todos los aquí presentes. Actualmente, pese a la edad y lenta respuesta de sus cuerpos cansados por los años, ellas siguen en pie de lucha. La desaparición forzada de personas en este país que para muchos es sinónimo de riqueza cultural y culinaria, de desarrollo económico próspero, significó y significa la ausencia de 15 mil personas. Es decir, pobreza democrática sin justicia, sin voluntad política, sin memoria, sin verdad, con olvidos impuestos, con mentiras, tergiversaciones y corrupción. Es importante saber y recordar que la calidad de vida de una sociedad democrática no está enlazada a la cantidad de consumo que se pueda realizar en ella, sino a la capacidad de respetar y velar por nuestros derechos.

Todas y todos, incluyendo las nuevas generaciones, tenemos el derecho a saber qué fue lo que sucedió en nuestro país en aquellos 20 años, así como saber qué es lo que sucede actualmente con los casos que tienen 20 años o más. Tenemos derecho a saber los nombres de los responsables que cometieron los delitos más atroces en aquellos años, porque si no trabajamos esta memoria histórica de nuestro país, nuestra sociedad se puede atrofiar y podrían crearse las condiciones que permitanla repetición de la tragedia. Como ahora, que se ha nombrado como Jefe de la Dirección General de Control de Servicios de Seguridad, Control de Armas, Municiones y Explosivos de Uso Civil (DICSCAMEC) al general EP (r) Jorge Aquiles Carcovich Cortelezzi, quien estaría presuntamente involucrado en el asesinato de 25 niños y niñas, junto a 5 adultos de Umasi, en el distrito de Canaria, provincia de Víctor Fajardo, Ayacucho, en el año de 1983 cuando él era el capitán del destacamento militar de Canaria. Ahora, algunos pensarán que “lo pasado es pasado y para qué hablar de ello”, sin embargo, los padres y las familias que sobreviven a ese pasado doloroso, mantienen en sus recuerdos, muy vivo, la presencia de sus seres queridos. La ausencia de esa presencia les causa un dolor con el cual conviven. Entonces, la interrogante: ¿Dónde están los desaparecidos? no carece de respuesta, porque los culpables lo saben y por más que los hayan tratado de ocultar bajo tierra, la verdad siempre florece. Como la de estos niños y niñas, cuyos cuerpos fueron exhumados en el 2010, 27 años después de aquel execrable delito, cuerpos que aún mantenían el uniforme escolar con el que fueron asesinados.

Hagamos que el arduo camino transitado por Mamá Angélica junto a otras mujeres madres, esposas, hermanas, hijas, no haya sido en vano. Tomemos ahora la posta de hacer memoria, para buscar verdad y encontrar justicia entre todas y todos, para poder vivir realmente en una sociedad democrática como ciudadanas y ciudadanos con derechos.

 

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