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A un año de la marcha Ni Una Menos…y como arruinó nuestras vidas

Enviado el 02/08/2017

Casi un año ya, de una de las marchas que convocó a miles de personas en todo el país, y que además de evidenciar la situación diaria de las mujeres en el Perú, también arruinó nuestras vidas.

La arruinó porque ahora, caminar por la calle es más difícil (si antes era molesto aguantar el acoso en las calles, ahora si te enojas te gritan feminazi, o machona); incluso pensar e intentar defenderte y denunciar un hecho es exponerte a más burlas y ofensas que antes (“siempre te victimizas, esas cosas no pasan”, “y por qué no lo golpeaste, es tu culpa por no defenderte”, “ahora de todo se quejan, ya ni mirarlas se puede”, y etc.).

La arruinó en mi trabajo y ámbito social, porque cada vez que menciono la palabra igualdad y libertad, mis alumnos y amigos, me dicen “ya comenzó la feminazi”, o “¿por qué odias a los hombres?”.

La arruinó porque mostró no sólo ese machismo que todos conocíamos y aceptábamos como normal, si no que desenmascaró cuán enraizado está en nuestras instituciones públicas y en la sociedad, y cómo esas raíces tan profundas, están pudriendo nuestra forma de actuar, sentir, pensar, y reaccionar a la defensiva.

La arruinó porque ya no hay marcha atrás; porque al abrir los ojos ante una sociedad que ejerce violencia de todas las formas posibles contra la vida, dignidad, libertad, y salud de todas las mujeres, y no hacer algo por frenarlo, nos convierte en cómplices.

La arruinó porque ahora somos conscientes de las desigualdades que nos atraviesan, que nos reducen, y que nos quitan humanidad. Desigualdades que no sólo afectan a las mujeres, también a los niños, cuando no los dejan sentir y llorar porque “eso, es de cobardes y mariquitas”; y a los hombres cuando no pueden denunciar violencia por miedo a la humillación, o a aquellos padres que luchan año tras año por ver a sus hijos, pero este sistema judicial les dice que por no ser mujeres no son idóneos.

Nos arruinó la vida, porque ya no es posible una vida así; porque ya no es posible tragar y aguantar tantos golpes a nuestra dignidad, ya no es posible que nos traten como no humanos, ya no es posible que nos culpen e impongan la maternidad después de haber sido violadas, ya no es posible que nos sigan matando.

Y nos arruinó la vida, porque la verdad nos duele y golpea la cara todo el día, todos los días. Nos la arruinó porque no es más cómodo así, vivir en violencia que tener un país más respetuoso e igual para todos y todas. Pero lo que más arruina y duele, es que después de un año, seguimos igual. 

 

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