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El Sur patriota

Enviado el 02/08/2017

Durante el proceso independentista los habitantes de la región de Ayacucho tuvieron una participación dividida: las intendencias ubicadas en la parte norte, encabezadas principalmente por los pueblos de La Mar y Huanta, como los iquichanos se adhirieron a los realistas, mientras el sur, abanderado por los legendarios morochucos brindó una participación directa en las luchas independentistas. ¿Por qué los pueblos del sur de Ayacucho fueron patriotas?

La parte sur de Ayacucho caracterizada por los ríos cortos, valles abrigados, llanuras extensas propicias tanto para la agricultura y la ganadería que constituyen actualmente las provincias de Lucanas, Parinacochas, Paucar de Sara Sara, Sucre, Huancasancos y parte de las provincias que bordean el río Pampas, Víctor Fajardo y Cangallo brindaron su apoyo a la Independencia por ser afectadas con la imposición de las reformas borbónicas y la crisis agrícola ocasionada por las sequías.

La implementación tardía de las reformas borbónicas en la región de Ayacucho se determinó con la finalidad de centralizar el poder administrativo, restablecer el orden social y mejorar los beneficios económicos. Al pretender centralizar la administración política, destituyó de las diferentes instituciones administrativas a los mestizos y así los morochucos perdieron sus privilegios, por lo que rechazaron el cobro de las alcabalas. En la doctrina de Pacapausa, ubicada en el repartimiento de Parinacochas, los Castañeda dejaron de ser la familia más influyente política y económicamente.

En el aspecto social, muchas familias indígenas y mestizas vivían en un desorden social. En la doctrina de Huambalpa del partido de Vilcas Huamán los españoles don Gaspar Rivera y Marcelino Romaní, como también el indígena Pedro Silvera vivían públicamente en concubinato: Gaspar Rivera habiendo abandonado a su mujer legítima llevaba una vida escandalosa con la hermana de Silvera, llamada Josefa; Marcelino Romaní tenía su amante llamada Josefa Ochoa, y Pedro Silvera tenía dos amantes a pesar de ser casado. Asimismo, los acusados se desenvolvían como autoridades eclesiásticas y cantores de la iglesia. Frente a esta libérrima y escandalosa vida marital, los curas borbónicos intentaron restablecer el orden. Sin embargo, don Gaspar Espinoza y sus amigos empezaron a persuadir a los indígenas y vecinos españoles del pueblo para abrir un juicio y retirar al cura.

Del mismo modo, con el afán de obtener mayores ganancias las autoridades borbónicas procuraron cobrar las deudas y terminó generando incomodidades: don Juan Manuel Orejuela, deudor de la suma de 5.000 pesos más los 700 pesos de interés por el ramo de mitas no pudo lograr una prórroga de un año para pagar sus deudas. El 11 de junio de 1804, embargaron el ingenio y la hacienda San José de Tinco. Ese mismo año, también pasó a manos de las autoridades virreinales los bienes de sus fiadores: la hacienda Chupas de Basilio Guillén, el hato Chupasgonga de don José Ruíz de Ochoa y la hacienda Ybias de Tadeo Cáceres. Todas estas expropiaciones fueron consideradas excesivas.

Otra causa de vital importancia fue la disminución productiva por la sequía. Para las primeras décadas del siglo XIX, en la cual se fue gestando los rechazos a la administración virreinal el cura del pueblo de Sayla, ubicado actualmente entre la provincia de Parinacochas nos describe con las siguientes palabras: les hago “constar  la pobreza de esta doctrina de gente  y de plata y la ninguna sobra de tierras por falta de agua…”. Es decir, los pueblos sureños se hallaban en una suma pobreza, las tierras secas no permitieron la buena producción agrícola y la actividad ganadera había disminuido significativamente. Pero, a pesar de ello, las autoridades borbónicas continuaron con el cobro de los tributos, como los repartos mercantiles y los diezmos. El descontento se fue generalizando: los diezmeros consideraron que la actividad al cual se dedicaban ya no les brindaba ganancias y los morochucos se dedicaron al robo y abigeato afectando a las principales haciendas de los españoles, criollos y algunos mestizos.

Las poblaciones del sur de Ayacucho se adhirió a la causa patriota por la implementación de las reformas borbónicas que perjudicó el privilegio administrativo de los mestizos, por restablecer el orden social basado en los principios religiosos y principalmente por el cobro oportuno de las deudas. Como también, por la crisis económica ocasionada por la sequía que encaminó la baja producción agrícola, el aumento de los precios y el empobrecimiento generalizado de sus habitantes.

  

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