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¡Que pasen los políticos!

Enviado el 02/08/2017

Por estos días se ha generado tanta crítica hacia la naturaleza y praxis de nuestra tecnocracia, la que, supuestamente, ocupa la mayoría de los puestos importantes en donde se toman las decisiones en este gobierno. La principal crítica es la torpeza o incompetencia para administrar y atender con urgencia las tensiones sociales. Por lo cual, pareciera que hay una suerte de nostalgia que nos hace echar de menos a los políticos afirmando que hacen mucha falta debido a su ausencia en el día a día del gobierno. «Más política, menos tecnocracia» reclaman los analistas, convirtiendo esta exclamación en una suerte de mantra que los invoca para que vengan en auxilio de los pobres tecnócratas que no saben “resolver” los difíciles problemas de nuestro país.

Normalmente se espera que los políticos profesionales provengan de la vida partidaria, en donde se asume que son entrenados para desarrollar el oficio de la política. Pero en el caso peruano la situación es particular desde hace casi tres décadas. Si recordamos que a finales de los años ochenta Lima tuvo el primer alcalde que ganó dicho cargo apelando a su condición de “independiente” o sea, de “no político”. Y en seguida, al siguiente año ganó las elecciones presidenciales un candidato desconocido que no escatimaba frases para diferenciarse de los “partidos políticos tradicionales” cuyo principal adversario de ese entonces estaba representado por un importante frente político “tradicional”.

Luego, sólo un partido político ha accedido al poder en los distintos niveles de gobierno. Finalmente, se volvió una “fórmula ganadora” para quienes han aspirado al poder o puestos públicos esforzarse por no ser identificado como “políticos” sino como “independientes” o “sin pasado político” procurando así simbólicamente diferenciarse de quienes nos habían gobernado, los llamados  “políticos de toda la vida”. Así, estos han postulado a las distintas elecciones como candidatos o competidores desde “frentes de defensa”, “patrióticos” o “movimientos regionales”.

Distintos expertos han reflexionado sobre el relativo éxito de estas agrupaciones que no han nacido de partidos políticos. Aquellas han basado sus buenos resultados electorales gracias a discursos que conectan con una ciudadanía desconectada de los usuales enunciados o antiguas fórmulas ideológicas, principal ingrediente de toda organización política. Además, han competido con partidos anodinos o vetustos que no siempre se han renovado generacionalmente ni se han alimentado de la vida partidaria. Por ello han carecido de propuestas que respondan a las demandas o las necesidades urgentes e importantes de la ciudadanía.

Entonces, por lo dicho anteriormente, ¿por qué se cree que existen profesionales de la política capaces de ayudar a estos y otros gobiernos a hacer “política”? Peor aún si consideramos el estado de la cuestión de lo que significa hacer política en nuestro país. No hay que olvidar que son tiempos difíciles para la política y los profesionales de la misma. Sostengo esto porque al contrario de lo que se cree y sobre estima, nuestro mundo y sobre todo nuestro país, están desencantados con los políticos. Se procura más bien relaciones “despolitizadas”. Lamentablemente todo aquello que evoque a la política está asociado a mentiras, incompetencia, ambiciones personales por el poder, lucro, sospecha de corrupción, arribismo, discursos vacíos que apelan a respuestas del pasado queriendo resolver las interrogantes del presente, etc. Entonces, ¿existen condiciones para «hacer política»?

Como ya se ha señalado, si tomamos en cuenta cómo se ha hecho política en el siglo XX y XXI en el Perú, no encontraremos con políticos serios que hayan llevado a cabo los deseos de los entusiasmos colectivos. Como diría el filósofo Daniel Innerarity, aplicándola al espectro peruano: «Ha desaparecido la esperanza en un cambio de naturaleza política». En cambio, según él, «La política es el ámbito social que más impresión da de paralización». Y para rematar afirma que ella «ha dejado de ser una instancia de configuración del cambio para pasar a ser un lugar que administra el estancamiento». Por lo cual, en muchos casos y compartiendo las responsabilidades, se han dedicado a hacer lo que sus pares tecnócratas les han dicho cómo deben administrar el país.

Dicho todo esto, el problema de hacer política en el Perú es un asunto muy complicado que no pasa por personalizar el asunto en “expertos políticos” como antítesis de los “tecnócratas” para procurar mejores resultados. El asunto es multidimensional y complejísimo que requiere una realidad histórica y cultural que no se resuelve en el mero deseo o invocación. Porque seamos francos, ¿confiaríamos en las capacidades de los políticos y sus supuestos partidos que tenemos hoy en día en nuestro país?

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E INDUDABLE QUE MENDOZA NUNCA HA APORTADO NADA AL SISTEMA DE ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA, NADIE ENTENDIO PORQUE EL CNM LO NOMBRO SI NO TENIA NI APTITUD ACADEMICA NI CAPACIDAD SOLVENTE PARA SER MAGISTRADO, SIN EMBARGO SE LE NOMBRÓ MAGISTRADO SUPREMO Y NUNCA A PODIDO REALIZAR UNA GESTION IMPERECEDERA, ES UN LASTRE QUE SE LE HAYA DESIGNADO MINISTRO DE JUSTICIA Leer más >>
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