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El desastre de Rana Plaza, un año después

Enviado el 03/05/2014

Rosa Mendoza

How many ears must one man have
Before he can hear people cry
How many deaths will it take
Till he knows
That too many people have died

“Blowin´ in the wind”, Bob Dylan

El 24 de abril del año pasado, el mundo quedó horrorizado con las imágenes transmitidas desde Savar (Bangladesh) del derrumbe del edificio de ocho pisos llamado Rana Plaza, que albergaba cinco fábricas de ropa y que ha causado hasta ahora 1,135 muertes, un número mucho mayor de personas heridas y mutiladas, así como más de 200 desaparecidos, siendo la mayoría de víctimas jóvenes mujeres.

Horror pero no sorpresa causó en quienes sabíamos desde hace tiempo las deplorables condiciones de trabajo en la que discurre la industria textil en Bangladesh, que ha causado en los últimos diez años alrededor de dos mil muertes a consecuencia de incendios, explosiones y otros desastres no naturales.

La elevada peligrosidad correlaciona paradójicamente (o quizás no tanto) con la importancia significativa que ha llegado a tener la industria textil para la economía del país en las últimas tres décadas. La confección de ropa es la principal fuente de divisas, ocupando alrededor de 3.5 millones de trabajadores/as, ubicados en 5 mil fábricas.  Más del 80% de esta producción es exportada a Europa y los Estados Unidos, haciendo de  Bangladesh el segundo país del mundo como proveedor de ropa para prácticamente todas las grandes “marcas” de ropa en una cadena de suministro bastante confusa. La clave para atraer tanta demanda de productos textiles han sido los bajos costos de producción local, producto de los ínfimos salarios, las extensas jornadas laborales y las pésimas condiciones de trabajo en los talleres.

El incidente de Rana Plaza expuso al país “la vergonzosa avaricia, ambición, despreocupación y brutalidad con la que hemos tratado a quienes sustentan nuestros ingresos provenientes de la exportación”[1]. El menosprecio a la gravedad del problema, que fue evidente en las más altas autoridades nacionales en los primeros días, tuvo que dar pie a una actitud de mayor compromiso con el cambio, empujada por las protestas de los trabajadores textiles y la inmensa solidaridad frente al tema que se generó en el país y a nivel internacional. Sin embargo, las noticias que nos llegan hacen evidente que este proceso avanza lentamente y a ratos corre el riesgo de quedar detenido por el peso de la cultura de impunidad que prevalece en muchos sectores empresariales y el país en su conjunto. Eso se da, entre otras cosas, porque estos episodios son considerados ‘accidentes de trabajo’ y no negligencia punible de los empleadores.

Los distintos actores relacionados con la industria textil, es decir el gobierno de Bangladesh, las asociaciones de productores y exportadores, las marcas internacionales y los países cooperantes, señalaron su compromiso con el cambio de las condiciones de trabajo y la solución de los problemas de las víctimas del Rana Plaza. Alrededor de 70 marcas han firmado el Acuerdo de Bangladesh y se ha acordado un mapa de 10 puntos de reforma para lograr la sostenibilidad del sector de confecciones.

El gobierno se comprometió inicialmente a otorgar una compensación monetaria inmediata [2], que ha sido mayoritariamente distribuida sin dificultades. Además, prometió otorgar certificados de ahorro que permitan a las familias un ingreso económico mensual, proceso que se está empezando a ejecutar muy lentamente. Las familias de los desaparecidos son las que se encuentran en peor situación, ya que carecen de los elementos legales que les permitan acceder a estas indemnizaciones.

El gobierno también se comprometió a hacerse cargo de actividades de tratamiento y rehabilitación de las víctimas. No hay un registro completo de las personas damnificadas, pero hay evidencias que  no se ha llegado a atender a todas las personas, sobre todo a aquellas que requieren tratamientos de largo plazo. Menos aún parece haberse atendido a las necesidades de soporte psicológico. Una encuesta realizada por Action Aid Bangladesh señala que el 73% de los trabajadores no ha podido retornar a sus trabajos regulares y que una gran proporción está siguiendo costosos tratamientos médicos.

Las firmas extranjeras se comprometieron a hacer un fondo denominado “Rana Plaza Donor’s Trust Fund” orientado a pagar salarios perdidos, costos médicos y otros a las aproximadamente 4 mil víctimas, incluyendo personas heridas, familiares de los fallecidos y trabajadores desempleados. Este fondo debía recolectar 40 millones de dólares para ser usado en las reparaciones a las víctimas, pero hasta ahora sólo se ha podido recoger menos de 15 millones.

Un avance significativo ha sido el aumento del salario mínimo en el sector confecciones por parte del gobierno de Bangladesh.[3] Este aumento ha regido desde el 1 de mayo del 2013, y ha ocasionado la protesta de los empresarios que argumentan las dificultades para incrementar sus precios pues las empresas extranjeras se niegan a aceptarlos.

Hay también compromisos relacionados a mejorar los estándares de seguridad en las fábricas firmados por las empresas locales. Sin embargo, a consecuencia de la primera rueda de inspecciones acordada con las marcas europeas y estadounidenses, un número significativo de fábricas ha tenido que cerrar sus instalaciones para corregir los problemas encontrados, mientras sus trabajadores se quedan sin acceso al salario.

Uno de los temas más difíciles de avanzar viene siendo el derecho de sindicalización de los trabajadores. En la medida que los trabajadores puedan sindicalizarse libremente, estarán en mejores condiciones para entrar en negociaciones directas con los empleadores sobre sus condiciones de seguridad y pago. Hay un limitado avance en la creación de sindicatos. Además, el gobierno de Bangladesh ha creado un comité gubernamental para resolver las quejas de los trabajadores.

El camino todavía es incierto. Rana Plaza ha expuesto la cara cruel del capitalismo salvaje. Son muchas las voluntades que deben consensuar para que los cambios necesarios puedan realizarse exitosamente en las empresas de Bangladesh. En caso contrario, lo que puede pasar es que la demanda de confecciones que ya se está redirigiendo a otros países como China, Vietnam o Camboya se acentúe y, en consecuencia, el sector de confecciones en Bangladesh se reduzca. Quizás es momento de pensar en soluciones globales como el salario mínimo mundial. Probablemente de esta manera las respuestas no quedarían flotando en el viento.

NOTAS:

1. http://www.thedailystar.net/rana-plaza
2. Monto equivalente a 3,600 soles
3. El aumento significa un incremento de entre 60 a 116 soles.
 

Comentarios (1)

Los empleadores circulan

Los empleadores circulan libremente entre países, las soluciones laborales también tienen que hacerlo así. ¿Y la PIT?

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