Noticias SER
Logo SER

¿Dónde hay pishtacos en los Andes?

Enviado el 04/01/2017

Los recientes rumores de roba-órganos en Huaycán, hace más de un mes atrás en noviembre-diciembre del 2016, así como aquellos rumores, casi 30 años antes, sobre saca-ojos en Villa El Salvador en noviembre-diciembre de 1988, parecen ser derivaciones modernizadas de una antigua creencia rural andina referida a malignos seres sobrenaturales que degüellan a sus víctimas indígenas para extraerles la grasa del cuerpo, los temidos pishtacos.  De forma humana, pero de aspecto diferente al de los campesinos, estos personajes míticos forman parte de diversas narraciones recogidas por folkloristas y antropólogos en el Perú y Bolivia desde la década de 1950.

Los nombres pishtaco (Norte y Centro del Perú) y nacaj (Sur peruano) son formas castellanizadas de los términos que, en los dialectos del idioma quechua, se usan para referirse a un degollador.  El sinónimo en lengua aimara (Altiplano peruano y Bolivia) es kharisiri.  Sin embargo en Ecuador --según la antropóloga norteamericana Mary Weismantel, en un libro sobre el tema publicado en inglés en el año 2001--, los campesinos indígenas quechua-hablantes no cuentan historias específicas sobre estos temibles personajes imaginarios.  No obstante, la propia Weismantel experimentó en su trabajo de campo la confusión de ser tomada por un ser tan ajeno al mundo campesino indígena que causaba pavor entre quienes la veían:

“Uno de mis descubrimientos más perturbadores cuando fui por primera vez a los Andes septentrionales en 1982 fue que yo atemorizaba a los niños pequeños.  En la provincia ecuatoriana de Tungurahua visité la comuna quechua-hablante de Salasaca.  Mientras descendía por caminos bordeados de plantas de maguey, aparecían ocasionalmente pequeñas figuras corriendo alegremente por el camino delante de sus madres, o sino andando confiadamente detrás de ellas.  De pronto, alzando la vista y viendo mi extraña forma, corrían aterrorizados a esconder sus caritas en las faldas de sus madres.  No era simple timidez lo que les embargaba; sus cuerpos se ponían rígidos por la sorpresa y el temor, y muchos estaban tan asustados que ni siquiera podían gritar.  Las más de las veces, sus madres los juntaban y huían también, dejándome, mortificada, en completa posesión del derecho de paso.  Yo atribuía el terror de los niños a la repugnancia ante mi extraña apariencia --mi altura excesiva y mis anteojos, pantalones jeans y las botas de caminata.  Me veían fea, pensaba, casi monstruosa” (2001, p. 9).

Así, aunque no haya historias de pishtacos en la Sierra ecuatoriana, el temor a los visitantes inesperados, de cuyas verdaderas intenciones no se puede estar seguro nunca, es una realidad social y cultural palpable.  Y la reacción de los niños nos muestra que, para asegurar su supervivencia, sus mayores les han contado historias atemorizantes para que obedezcan, aunque los pequeños no entiendan a cabalidad las razones de fondo de la desconfianza ante los foráneos.  Estas razones pueden ir desde rivalidades con otras familias o comunidades, hasta problemas de abigeato y robos, o pugnas con los antiguos hacendados, o por los intercambios desiguales con comerciantes venidos de las ciudades, o debido a los nuevos proyectos de explotación minera, o a las presiones fiscales y de mano de obra de los representantes del Estado-nacional, entre varias realidades socio-económicas e históricas del mundo rural andino.

En ese sentido, las historias de pishtacos, nacajs y kharisiris en los Andes peruano-bolivianos cumplen una función análoga a los “cuentos infantiles” o “cuentos de hadas” que recopilaron a inicios del siglo XIX los famosos hermanos Jacob y Wilhelm Grimm en Alemania.  Es decir, se trata en buena medida de narraciones aterradoras sobre lo que les ocurre a los niños y niñas desobedientes: se los come un lobo (como a la “Caperucita Roja”) o los cocina una bruja (como a “Hansel y Gretel”).  Otro asunto es cómo, en el siglo XX, esas versiones tradicionales han sido suavizadas y edulcoradas para convertirse en entretenimiento familiar, siempre con una moraleja y un final feliz.  De este modo, el temor que infunden los cuentos sobre degolladores y otros personajes malignos en los Andes, sirve al grupo para mantenerse alerta ante las constantes incursiones del mundo extra-comunal en sus vidas.

El geógrafo Javier Pulgar Vidal [1911-2003], en sus Notas para un Diccionario de Huanuqueñismos (1967), registra al menos dos términos para este tipo de personajes míticos que matan a los seres humanos y les extraen fluidos vitales: “el Pishtaco: Asesino que según la imaginación de algunos campesinos busca victimas para sacarles aceite, grasa y otras sustancias” (p. 126).  Y el “Garacalzón: Personaje misterioso, medio asesino, medio técnico, que sabe beneficiar cadáveres humanos para obtener aceite de gente.  Se dice que es un gigante rubio con largas barbas vestido con pantalones de cuero” (p. 72).  Complementariamente, registra que el nombre local de este personaje proviene de la ropa que usa: “Garacalzón: Prenda de vestir que consiste en una especie de cubre-pantalón hecho con cuero de cabra con todo su pelaje.  Se emplea por algunos albañiles y arrieros” (p. 72).

Pulgar Vidal registra también un incidente --algo frecuente por lo demás en los estudios etnográficos andinos--, sobre la confusión ocurrida entre investigadores foráneos y pobladores locales.  Estos han rechazado a los visitantes por el temor a cuáles fuesen las verdaderas intenciones de su presencia en zonas rurales relativamente aisladas.   La cita que tradujimos del libro de Mary Weismantel párrafos arriba ilustra de modo aproximado algunas de estas confusiones y desencuentros.

El incidente que mencionaba Pulgar Vidal le ocurrió al geógrafo austriaco Hans Kinzl [1898-1979], quien dirigió a un equipo del “Club Alpino Austro-Alemán” que exploró y escaló los nevados de la Cordillera Blanca (en 1932 y entre 1939-1941) y de la Cordillera de Huayhuash (en 1936).  Allí, entre Cajatambo (Cuenca del Pacífico) y Huánuco (Cuenca del Atlántico), a Kinzl “lo tomaron por pishtaco en el Alto Marañón cuando estudiaba la cordillera de Huayhuash” (p. 126).  Este incidente reviste, además, una particular ironía, dado el conocido antisemitismo del “Club Alpino” (visible desde 1905) y la persecución en esos mismos años de la población judía en la Alemania Nazi (desde 1933), que condujo a la Shoá (el llamado Holocausto) durante la II Guerra Mundial (1939-1945).  Así, exploradores que se consideraban a sí mismos “arios” (miembros de una supuesta “raza superior”) pudieron haber sido atacados, de no aclararse oportunamente el malentendido, al ser considerados siniestros degolladores (malignos asesinos no-humanos).

Hemos presentado algunos ejemplos del maligno personaje de los cuentos tradicionales andinos de horror registrados en el siglo XX.  Pero queda aún abierta la pregunta: ¿Desde cuándo aparecen referencias a “pishtacos” en el área andina?  ¿Estamos ante una creencia prehispánica que ha llegado, con modificaciones y cambios, hasta la actualidad?  Trataremos de responder a estas interrogantes próximamente.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Escriba los caracteres que se muestran en la imagen.
Comentario Destacado
En el trato cotidiano y familiar se construye una narrativa y una experiencia, del ejercicio de los roles de género. Vivencias llenas de contradicciones y malestares. Creo que necesitamos cambios domésticos para construir cambios culturales, donde no solo cambiemos la letra de lo que decimos, sino también la melodía afectiva con la que nos acercamos a los demás y a nuestras necesidades, que creo que eso facilitaría que transitemos distintos ritmos en la convivencia entre géneros. Leer más >>
El Video de la semana
Haykapikaman Suyasun Programa Radial (Huanta)
Enlaces
texto