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Una “nueva” universidad: la reapertura de la UNSCH en 1959

Enviado el 04/10/2017
Por: 
Clay Quicaño (Historiador de la UNSCH)

Antes y durante la reapertura de la universidad San Cristóbal de Huamanga, la institución fue considerada como “nueva” en el discurso de la élite local. En realidad, la reapertura sobredimensiono su papel en el espacio regional y más allá de ella. En ese escenario llegan a ella varios miembros de la generación del 50, entre ellos Julio Ramón Ribeyro, Oswaldo Reynoso y Abimael Guzmán Reynoso. Y otros de la del 60 como el poeta Antonio Cisneros.

Cual espesa nube cubre el silencio sus aulas,

las voces acallan, las huellas desaparecen…

Sus claustros, cual ornacinas vacías

enmudecen, se quiebran, en espera de redención.

¡Pasan los años, marcando horas de un amanecer,

de pronto, suena la voz de la justicia…….

¡Que “San Cristóbal” abra sus puertas….

Que hoy celebramos su reapertura…! (sic)[1]

Llama la atención, la referencia que hacen los autores contemporáneos cuando analizan la reapertura de la UNSCH, pues terminan transmitiendo una memoria en continuum, inherente y condicionada, pues se verifica que no se pueden desvincularse de la trilogía: pobreza regional-universidad reabierta-desarrollo regional.[2] Esa misma tradición se constata en el uso del tiempo[3] que hace la élite local a mediados del siglo XX, así los discursos y representaciones sobre la reapertura de la universidad (1959) se dieron bajo caracteres particulares e históricos ocurridos en el ámbito local: 1) La universidad fue cerrada en 1886 en la post guerra del Pacifico, 2) En el ámbito de su imaginario social y político la reapertura era muy esperada, y 3) El discurso local del siglo XX asume a la región de Ayacucho como postergada y olvidada, de allí, que la reapertura de la universidad es considerada como: “…síntoma de vida y progreso…”, como el surgimiiento de una institución que encarnaría su reivindicación regional, donde Ayacucho volvía a vivir:

“La reapertura de la universidad nacional de San Cristóbal… todo esto es síntoma de vida y camino de progreso, que con toda hidalguía tenemos que reconocer que se debe a la labor activa de los hombres…en el seno, donde se encuentra su Alma Mater, que es la universidad, se forjaran los hombres del saber y técnicos en las diferentes ramas del conocimiento humano, que enrumbarán, en el futuro los destinos del país y Ayacucho por horizontes de dignidad y mayor progreso”.[4] (Cursiva mía)

La universidad fue creada durante el virreinato (1677), y su cierre tuvo implicancias notorias en la formación académica y profesional de los ayacuchanos. Ya desde fines del XIX y principios del XX la élite local se debía trasladar a Lima, Arequipa y Cuzco que eran los  centros de enseñanza académica y formación profesional, de allí, que los referentes académicos para evaluar la sociedad ayacuchana provenían de estos lugares:

“…los habitantes de los Departamentos de Ayacucho, y Huancavelica clamaban constantemente pidiendo la reapertura de su universidad, ya que sus hijos emergían del suelo que los vio nacer, para ir a peregrinar por tierras extrañas, como Cuzco y Lima, sufriendo lo indecible y exponiendo a sus padres a sacrificios superiores a su capacidad económica…”[5]

La universidad se reabre el 3 de julio de 1959, después de 73 años de haber sido cerrada por la falta de recursos económicos debido a la crisis fiscal generalizada que vivía el país:

“Transcurrieron 214 años y nuestra universidad fue afectada por las fatales consecuencias de la guerra del 79, las más injustas que los anales de América registran, anotándolas en páginas oscuras como fueron negras las aspiraciones de la vecina del sur, Chile…”[6]

Ranulfo Cavero señala que la Universidad recién reabierta fue satanizada y estigmatizada por grupos conservadores y del poder local,[7] esta afirmación es relativa, porque muchos miembros de la élite local participaron de las gestiones o comisiones previas a la reapertura,[8] entre ellos, se cuenta a personajes vinculados al Centro Cultural Ayacucho y la Revista Huamanga como Alberto Parra y Alfredo Protzel:

“Muy a pesar de las comisiones de otras regiones con fines de relajar los méritos de Ayacucho a tener derecho a las actividades universitarias, la magna obra llega a su conclusión y los adalides huamanguinos han dominado su cima. Ellos son: los senadores Dr. Alberto Parra y Dr. Alfredo Protzel, y de nuestros diputados, el Dr. Alfredo Parra Carreño, para todos ellos, parlamentarios de acción, toda nuestra admiración y nuestra más sincera gratitud.”[9]

Estos miembros tienen relación y continuidad discursiva con la élite local, como: Luis Enrique Galván, Alfredo Parra Carreño, Arístides Guillen, Moisés Cavero, José Medina, entre otros, de allí nuestro interés.

La reapertura de la universidad fue parte de las reivindicaciones de la élite local. Según Ranulfo Cavero, fue una institución creada para aprovechar la “movilidad social” y un camino indispensable para el desarrollo regional (Cavero, 2012: 28). En las primeras décadas del siglo XX no encontramos discursos de dicha élite centrados en la reapertura, en todo caso, su referencia era aislada, ya que sus prioridades eran otras. Sólo a principios de los años 40 se empiezan a notar en el discurso demandas claras sobre el tema.[10] Estas estaban relacionadas con el crecimiento de la población, según el censo de 1940, con la ampliación del casco urbano (Pampa del Arco), el hospital, el estadio y el colegio Mariscal Cáceres, que cambian el paisaje tradicional de la ciudad, y quizás con la ideas vertidas en el Primer Congreso Eucarístico Diocesano, relacionado a temas como la mendicidad, la pobreza y la desnutrición infantil en Ayacucho. También se añaden a este escenario, los problemas de linderos que se resuelven con la ley de Laderas N°15661 donde el municipio pierde el usufructo y derecho de propiedad de la periferia en beneficio a los “invasores de terrenos” de los años 50. Y por último, el crecimiento del aparato estatal y la presencia de una clase media que demandaba mayores servicios públicos.[11]

Su reapertura aparentemente estaba cargada de referencias al pasado por el origen colonial de la Universidad.

“No podía dejar de ser una hermosa realidad, la aspiración de los hijos de Ayacucho, aun de todo el centro del Perú, aspiración basada en el sitial que ocupa la ciudad de Huamanga, su pasado histórico, su cultura, su religiosidad i su situación mediterránea, tenían que converger i reforzar a fin de que, después de un considerable espacio de tiempo en el que estuvo sometido a la postración i olvido, la reconquista de sus derechos, su progreso i su primer centro de estudio, atestigüen con hechos que Huamanga estaba destinada, entre la ciudades del continente Sud - americano, a gozar de mejores días, como ahora ya contemplamos, con la presencia de su universidad…”[12] (cursiva mía)

La cita arriba señalada muestra es la relación entre la reapertura y el entorno. Apoyándome en la lógica braudeliana, la: “situación mediterránea” de Ayacucho es una estructura que se comunica con el discurso de reapertura, es decir, lo mediterráneo es lo geográfico, los Andes que encierran y aíslan permanentemente a la ciudad y la región de Huamanga. Así,  siendo la geografía local una alocución permanente del discurso, se pretende cambiar ese estado de postración i olvido” con una “nueva”presencia. Con esta “nueva” universidad, Ayacucho esta: “…en espera de redención” a pesar que ser un discurso que a veces apele al pasado.No queda claro cuál fue el aporte de la Universidad en el pasado, pero hay algo evidente en el discurso, se asume que en el pasado salieron de sus aulas héroes de la emancipación y la república, y en el presente saldrían de sus aulas personalidades que contribuirían al desarrollo regional:

“Teniendo en consideración las singulares gracias de las que estaba adornada nuestra universidad, sería demasiado describir la época de esplendor de que gozó durante el periodo colonial, puesto que de sus aulas egresaron hombres preclaros que en el desempeño de las actividades del saber humano dieron honor a su tierra y gloria al Perú…”[13]

En ese sentido es sugerente lo que el discurso adjudica a la universidad: una nueva centralidad con el apoyo y bendición de los muertos del pasado, para después considerarla como “nueva”, como en la siguiente cita:

“La semana de Huamanga, como en años anteriores, se ha revestido de toda solemnidad y optimismo con miras hacia un Ayacucho mejor, así mismo la indiscutible cooperación de las instituciones ha manifestado alas claras, el fervor incondicional y el ansia de progreso para esta tierra de nuestros mayores, resultando de ahí que el éxito obtenido en la semana cultural, vino a constituir como una antesala o solemnidad preparatoria para las manifestaciones multitudinarias de la reapertura del primer centro de estudios, que hoy vemos como enclavados en el corazón de los andes: irradiando como el sol de la libertad y aleteando como el Huamán, tótem de los Poccras.”[14]

No son casules los calificativos mencionados. Cuando se celebró el Centenario del 24, los calificativos a Huamanga y Ayacucho tenían casi la misma tónica: “tierra sagrada, tierra de héroes y mártires, tierra de los Poccras”,[15]pero esa  relación del Centenario con el progreso ha desaparecido para esta época, a diferencia de estos años, donde el vínculo entre universidad y progreso, tiene una relación concomitante, que nos da entender cierto destino  común entre la universidad y el desarrollo regional.

“…la creación y funcionamiento de la universidad…cuya historia se identifica profunda e íntimamente con el pueblo de Huamanga, porque sus destinos están poderosamente ligados y se concatenan recíprocamente.”[16]

¿Pero a qué se debe esta postura discursiva? Hay cuestiones que validan la importancia de la universidad en el desarrollo de una sociedad aún rural en 1959. Por un lado: 1) El “fracaso”, al menos, en el ámbito del discurso que experimentaron los miembros del Centenario de 1924 debido a sus expectativas modernistas y 2) La situación y ubicación geográfica del espacio regional ayacuchano como una realidad aplastante que influyó decididamente en el discurso de reapertura. Veamos:

Si apreciamos el papel que a través de la historia ha tenido la creación de una universidad, donde quiera que haya hecho su aparición, ha significado un avance cultural de primer magnitud y desarrollo en diferentes ámbitos, más aún para Ayacucho por su situación mediterránea (cursiva mía)[17]

El Ayacucho de mediados del siglo XX es una sociedad aún rural, pero donde la ciudad crece en territorio y población, surgen nuevas demandas de servicios básicos, de instituciones públicas como colegios y hospitales. Estos son factores que contribuyeron a que en el plano discursivo, la relación vinculante entre universidad – sociedad – desarrollo, sea más que importante:

“Cuando viene a la mente el funcionamiento de nuestra universidad de “San Cristóbal”, primer centro de cultura superior en el centro del país, creo más fundada mi opinión ya que su rol habrá de ser más específico en el amplio sentido de la cultura y de orientación ideológica en cuanto trate servir a la sociedad y al país en sus múltiples problemas económicos. Socio – políticos, educacionales etc.”[18]

Los posteriores estudios sobre la UNSCH en el contexto de la violencia política, tienen algo en común con el discurso de la élite local, pareciera que hay vasos comunicantes de la memoria, por ejemplo, tanto Cavero como Cueto sobredimensionan el papel de la UNSCH como una suerte de polo de desarrollo y progreso, la presencia de la universidad termina siendo entendida como la llegada de la modernidad y las posibilidades de reivindicación regional.[19] ¿Hay una continuidad del discurso de mediados del siglo XX? Lo curioso es que Cavero y Cueto (ambos apoyándose en Luis Lumbreras), van más lejos de la tradición discursiva de la élite local, y señalan  dos etapas en la vida de Ayacucho: 1) conservadora y tradicional antes de la reapertura de la universidad,y 2) viviendo la modernidad y el progreso luego de 1959, en medio de un mundo rural tradicional.

Por otro lado, una de las evidencias claras sobre la importancia de la reapertura de la universidad en la élite local como discurso de desarrollo, es que hubo casi una década de movilizaciones que exigían la reapertura, que de paso fueron un canal propicio para que una población creciente hicieran una serie de demandas como la entrega de títulos gratuitos en las laderas de la ciudad a los poseedores de lotes.[20] De otro lado el discurso buscaba que la universidad debia autogestionatse para lograr continuidad en el tiempo:

“Aquí debemos tener presente que el Dr. Arca Parró, en perfecto acuerdo con el Dr. Protzel i guiados ambos por el laudable propósito de dotar a la universidad de las debidas condiciones en orden a su estabilidad, presento en la cámara un proyecto de ley para aumentar el valor de los timbres en recibo por arrendamiento urbanos y rústicos…Algo más el mismo senador a tenido el acierto de gestionar, mediante otra ley, la autorización necesaria para que en el terreno que llamamos “EL ARCO”, se funde una población nueva titulada ciudad universitaria, con el fin de que los alquileres de las casas que tengan constituyan un renglón de ingreso en la economía de nuestra casa de cultura, dándole así vida propia y alejándola de la ingrata posibilidad de que pudiera sufrir retraso su funcionamiento si dependiera enteramente del erario nacional..”[21] (sic)

Por ello se pensó que su permanencia era responsabilidad de todos los ayacuchanos[22]:

“Es menester que pensemos y actuemos con madurez, unificando nuestros esfuerzos y marchemos como un solo hombre, al lado de los fines nobles y constructivos para que se hagan realidad, como debe serlo el empeño y aspiración profunda y constante de que toda la ciudadanía ayacuchana tiene y cifrada sus más caros anhelos, en el funcionamiento de la universidad nacional ”San Cristóbal” de Huamanga…debemos prestar nuestra colaboración franca y sincera sin egoísmos, ya que el funcionamiento de la universidad es un bien departamental que favorece no sólo a los padres de familia sino a la colectividad…”[23]

Pero, ¿Por qué esta sobre valoración de la universidad en el ámbito del progreso y el desarrollo? Dicen que el futuro es solo un tiempo que apenas llega ya se escapa fugazmente, en nuestro caso, en el futuro se debía poner remedio a la problemática regional con la universidad por eso se la refundaba.Benedict Anderson afirmaba que “lo nuevo” no necesariamente es un rompimiento con “lo antiguo”, pasado o viejo, sino que ambos están alineados diacrónicamente[24] como esta cita que oscila entre la clausura de la universidad, su ausencia y su reapertura (pasado, presente y futuro):

“Después de una etapa larga de su eclipsamiento, debido a causas influyentes como la carencia de rentas, el éxodo de las familias ayacuchanas y efectos funestos de la guerra del pacifico. La promulgación de la ley N° 12828 constituye para Ayacucho la aparición de una nueva estrella que lo sonríe, un futuro prometedor de desarrollo, puesto que la reapertura de la universidad es una ofrenda y un desagravio que recibe Ayacucho, como ciudad conculcada en sus derechos y grandes méritos.”[25] (Cursiva mía)

Y sin embargo dentro del contexto de la reapertura el pasado y la tradición continúan, pero no tiene un papel preponderante para evaluar la realidad regional como si lo hacían los discursos del Centenario de 1924. ¿Pero en qué sentido la universidad San Cristóbal era “nueva”? Hay una pista que nos dan Glave y Urrutia. El 8 de marzo de 1958 se realizó un gran mitin donde la elite huamanguina movilizó a toda la población hacia el Parque Sucre, debido a que se había promulgado la ley 12969 que postergaba la reapertura por un año más, bajo el argumento de que debía organizarse mejor la institución. Surgió un temor de un sector de la élite local de ver truncas sus aspiraciones, pero no era un temor cualquiera, era un temor estructural que expresaba un conjunto de oportunidades perdidas que venían desde los inicios de la república, pasando por el Centenario de 1924 y que tuvieron su punto de inflexión con la rebelión aprista de 1934 y las multitudinarias manifestaciones a favor de la reapertura en 1959. Era un temor discursivo que se utilizó como argumento político frente al Estado y que poco a poco fue formando parte del imaginario ayacuchano.

“En ese día, más de 10.000 ciudadanos poseídos de natural indignación salieron a las calles para protestar contra la postergación y para pedir al gobierno el inmediato funcionamiento de la Universidad…los oradores hicieron hincapié en: a) la posibilidad de que Ayacucho fuera burlada una vez más en la reivindicación de sus derechos, que un largo historial de frustraciones lo justificaba plenamente; b) la posibilidad de que la sede de la Universidad fuese trasladada a la ciudad de Huancayo…;c) la absorbente tendencia del centralismo administrativo que pretende manejar todos los asuntos legales y regionales desde la capital; y d) una presunta deslealtad de los senadores Arca y Protzel a los intereses de Ayacucho…”[26]

Sí, la posibilidad de que Ayacucho fuera burlada una vez más en la reivindicación de sus derechos, que un largo historial de frustraciones lo justificaba plenamente[27]. En ese sentido el pasado próximo (presente) era un conjunto de frustraciones y posibilidades perdidas. Por ello, hay un intento de refundar tiempos nuevos y por la misma razón era importante garantizar la permanencia de la universidad: 1) aplicando impuestos, 2) cobrando alquileres, 3) creando una ciudad universitaria, 4) comprometiendo a la población o como este caso 5) movilizándose para no dejar truncas la reapertura.[28] Por todo ello la universidad tuvo que ser asumida como “nueva”, porque no era suficiente la tradición para resolver una realidad geográfica tan contraria al progreso:

“…se nota síntomas iniciales que conforman su efectividad: mayor influencia de inmigrante, inquietud superada de cultura, crecimiento comercial, mayor circulación monetaria, mejoramiento urbanístico, crecimiento del número de elementos motorizados, mayor necesidad de vivienda, aumento de viajes aéreos, etc. El hito efectivo de este proceso está jalonado por el funcionamiento de la Universidad de San Cristóbal de Huamanga que deviene en semillero de hombres de empresa, de cultura mayor i mejores perspectiva económicas del futuro.”[29]

La presencia de la universidad genera un “efecto de la realidad”, la sensación de que Ayacucho estaba cambiando y que la presencia de la UNSCH expresaba la modernidad, el auge económico, el aumento de la población, la mayor circulación de hombres y monedas. La universidad era asumida como un polo de desarrollo, está apareciendo como muchas veces lo hace, la utopía:

“Hoy que Ayacucho asiste alborozado, a su nuevo ciclo de progreso, sobre la sólida base espiritual de la reapertura de nuestra primera casa de estudio, la universidad nacional de “San Cristóbal de Huamanga”, que con los años vividos de su nueva etapa, muestra caracteres de madurez en su labor i proyecciones y, aún más significa orientación realista hacia las necesidades de la cultura moderna, adaptada acuciosamente a la región andina nacional…los visitantes expresan…que existe un ritmo acelerado de actividad constructiva, es decir, que nuestra marcha progresiva es integral espiritual y materialmente; fenómeno que debía llegar y se ha encarnado en las ciudadanías…”[30]

Cuando aparece “lo nuevo” representado en la universidad, las expectativas sobre ella usualmente se sobredimensionan, la pretensión del discurso estaba cargado de reivindicaciones regionales en torno a un espacio regional más amplio como el área centro andina, ¿Acaso era la región Pokra –Chanca a que se refería José María Arguedas? ¿Acaso es la remembranza de un protagonismo político perdido de un área que ellos creían propio y natural?

“Es hecho indiscutible que la reapertura de la Universidad nacional “San Cristóbal” de Huamanga, el próximo año de 1959, tal como lo determina la ley respectiva, tendrá especial trascendencia y significación en el mejor desenvolvimiento cultural del departamento de Ayacucho y de otros de la región central…”[31]

Por ello el discurso de reapertura no sólo imaginaba que tendría un impacto regional, sino que sería el motor de desarrollo del área centro andina:

“… se ha hecho una brillante realidad, cuyas puertas de este Centro Superior de estudio nos había cerrado, de modo limitado la instrucción superior de nuestro Departamento de Ayacucho, sino de toda la región andina, dignas de mejor suerte.”[32]

El peso notorio del discurso es una “nueva universidad” que resuelva los problemas de la región. Su peso tradicional como universidad virreinal o colonial apenas le daba “soporte histórico” para su funcionamiento y reapertura. Siendo novísima podía afrontar el futuro con fuerza y será guía y luz para buscar la verdad.[33] ¿Pero cuáles son esas problemáticas regionales que debía afrontar la “nueva” universidad? Entre ellos tenemos: la falta de desarrollo comercial y la ausencia de industrias, pero: para alcanzar su meta, la universidad necesita acoger solamente a quienes sean capaces de aprovechar las enseñanzas que ella imparte, y hacerlo de la manera que lo juzga más apropiada…[34]  O tal vez como expresa José Medina Carrasco:

“Con la superación de toda esa juventud, guiada por el buen camino del conocimiento, Huamanga será una de las ciudades más de la peruanidad de gran valor espiritual ya que en el seno, donde se encuentra su Alma Mater, que es la universidad, se forjaran los hombres del saber y técnicos en las diferentes ramas del conocimiento humano, que enrumbarán, en el futuro, los destinos del País por horizontes de dignidad y mayor progreso...”[35]

Este discurso sobre la universidad no es casual, era necesario asumirla como transformadora. Las necesidades discursivas de los tiempos, buscaron refundarla como “nueva”, para transformar los tiempos por venir, de allí que a lo largo de la década del 60 y 70 se contrataron profesores que más tarde  tendrían presencia en el ámbito nacional, tales como Oswaldo Reynoso, Antonio Cisneros, Luis Millones, Julio Ramón Ribeyro etc., y dentro de todo este grupo, llegó de Arequipa, un profesor que se hacía cargo de la cátedra de filosofía: Abimael Guzmán Reynoso, quien más tarde sería líder de Sendero Luminoso.  Pero esa es otra historia.

 

 




[1]
              Huamanga y su universidad. Salvador Cavero.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°91. Pág. 10.

[2]              Para muestra, autores que siguen con esa tradición: Cavero, 2012, Cueto, 2012 y Lumbreras, 1986, 1994.

[3]              En mi tesis de licenciatura he desarrollado este concepto. La élite local hace Uso del Tiempo, dándole diferentes usos y énfasis al presente, pasado y futuro. Lo curioso es que en plena reapertura los tiempos a usar con mayor énfasis es el presente y futuro, por ello, la universidad es considerada como “nueva” en plena reapertura.

[4]                      Discurso del presidente del Centro Cultural, Dr. José Medina Carrasco. Revista Huamanga. Ayacucho 1959. N°92. Pág. 6-7.

[5]              Discurso pronunciado por el Sr. Moisés C. Cavero.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°90. Pág. 24

[6]                      Discurso pronunciado por el Dr. Moisés C. Cavero.Revista Huamanga.Ayacucho, 1959. N°90. Pág. 24.

[7]              CAVERO, Ranulfo. Los Senderos de la destrucción, Ayacucho y su universidad. Edición Praktico L&C. Ayacucho, 2012. Pág. 17. 

[8]              Entre los que dieron el discurso formal a la reapertura de la UNSCH como institución académica y superior, se cuenta al rector Dr. Fernando Romero Pintado, Efraín Morote Best, Dr. Cesar Guardia Mayorga, Dr. Luis E. Valcárcel, Dr. Emilio Romero y Dr. Luis Guillermo Lumbreras. Sin embargo, en esta parte no analizaremos sus discursos debido a que aún no encontramos una clara relación y vinculación con la élite local. 

[9]                      Justa gratitud a los hombres de bien.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°90. Pág. 5.

[10]            En 1944 se envía al presidente Manuel Prado un memorial que expresaba su preocupación sobre la universidad, años previos, en 1942 llegó el presidente y su familia a Huamanga coincidiendo con el Primer Congreso Eucarístico Diocesano.

[11]            GLAVE, Luis Miguel y URRUTIA, Jaime. Radicalismo político en elites regionales: Ayacucho 1930 – 1956. En revista DEBATE AGRARIO.  http://www.cepes.org.pe/debate/debate31/01-articulo-da31.pdf.  Pág. 32-37.

[12]                    Director José Salvado Cavero. Homenaje al primer rector de la universidad de “San Cristóbal”. Revista Huamanga. Ayacucho, abril de 1959. N°91. Pág. 1-2.

[13]            Director José Salvador Cavero. Dos acontecimientos: Alas de Huamanga.Revista Huamanga. Ayacucho, diciembre de 1959. N° 92. Pág. 2.

[14]            Dos acontecimientos: Alas de Huamanga.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N° 92. Pág. 2.

[15]            Habría que analizar en otros estudios estos calificativos. A diferencia de la reapertura, el centenario del 24 es una regularidad histórica. Sin embargo, la Reapertura de la Universidad es un imaginario más cercano a los ayacuchanos de hoy, que el mismo Centenario. Esto me lleva a pensar y preguntarme ¿Cuándo se dio la ruptura sobre el imaginario acerca del centenario del 24? Lo digo, porque es un acontecimiento que hoy ya no se percibe como sentida y vivida.

[16]                    Roberto Carrasco Bendezu. Inspector de Educación. En: Launiversidad San Cristóbal de Huamanga (1677 - 1959). s/n pág.

[17]                    La universidad de San Cristóbal de Huamanga. Rosa Piccone de Arenas.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°91. Pág. 3.

[18]            A manera de sugerencia. Augusto P. Madueño.Revista Huamanga. 1959. N°90. Pág. 54.

[19]            Ver. CAVERO, Ranulfo. Los Senderos de la destrucción, Ayacucho y su universidad. Edición Praktico L&C. Ayacucho, 2012. y CUETO, Mario T. UNSCH: Lucha en el tiempo. Impresión DSG Vargas. Ayacucho, 2012.

[20]                    GLAVE, Luis Miguel y URRUTIA, Jaime. Radicalismo político en élites regionales: Ayacucho 1930 – 1956.  Pág. 32 – 36. En http://www.cepes.org.pe/debate/debate31/01-articulo-da31.pdf

[21]                    Discurso pronunciado por el Dr. Moisés C. Cavero.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°90. Pág. 26- 27.

[22]                    El tema de buscar fondos y auto gestionar era una opinión muy arraigada tanto de la élite como de las autoridades de la nueva universidad. Por ejemplo, en 1966 se forma el Frente pro rentas para la Universidad.

[23]                    Discurso del Dr. José Medina C.Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°90. Pág.8-9.

[24]                    BENEDICT, Anderson. Comunidades Imaginadas: Reflexión sobre el origen y la  difusión del nacionalismo. Editorial Fondo de Cultura Económica. México, 1991.Pág. 260.

[25]                    Director José Salvador Cavero. El nuevo año y la universidad de San Cristóbal. Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°90. Pág. 2.

[26]                    LJ, pp.58 – 59. En GLAVE, Luis Miguel y URRUTIA, Jaime. Radicalismo político en élites regionales: Ayacucho 1930 – 1956.  Pág. 35-36. En http://www.cepes.org.pe/debate/debate31/01-articulo-da31.pdf.

[27]            Debido a este temor en 1966 se crea el Fredepa (frente de defensa del pueblo de Ayacucho), cuyo propósito inicial fue la formación de la Federación de Barrios y una supuesta amenaza desde el estado en cerrar la universidad recién reaperturada. Ver. CRISOSTOMO, Mercedes. Legítimos y radicales: Una aproximación al estudio del frente de defensa del pueblo de Ayacucho. PUCP. Lima, 2012. Pág. 68.

[28]            Por ejemplo en 1966 se crea el “Frente pro rentas para la Universidad”. Ver CAVERO, Ranulfo. Los Senderos de la destrucción, Ayacucho y su universidad. Edición Praktico L&C. Ayacucho, 2012. Pág. 26. 

[29]                    Ayacucho en Marcha. Augusto P. Madueño. Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°91. Pág. 5- 6.

[30]                    Jefe de Redacción Lucio Alvizuri Bendezú (no hay director para este número) Nuestra palabra. Jefe de redacción. Revista Huamanga. Ayacucho, setiembre de 1962. N°94. Pág. 1.

[31]                    Discurso  Memoria, leída por el presidente del Centro Cultural de Ayacucho, señor Luis Milon Bendezu en la ceremonia de instalación de la nueva junta directiva elegida para el año social 1958 – 1959.  Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°91. Pág. 24.

[32]                    Palabras de ofrecimiento del presidente “circulo de obreros católicos”, Sr. Juan J. Cabrera Sánchez. Revista Huamanga. Ayacucho, 1959. N°92. Pág. 23.

[33]                    En Universidad San Cristóbal de Huamanga. 1677 – 1977. Libro jubilar en homenaje al tricentenario de su fundación. Pág. 230.

[34]                    Universidad San Cristóbal de Huamanga. 1677 – 1977. Libro jubilar en homenaje al tricentenario de su fundación. Pág. 232.

[35]                    Discurso del presidente del centro cultural Ayacucho. Dr. José Medina Carrasco. En Revista Huamanga. Ayacucho, julio de 1959. N° 92. Año XXV. Pág. 7.

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