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Adiós chicos de mi barrio

Enviado el 08/02/2017

Hay una crónica de Rocío Silva Santisteban (que a la vez toma el título de una antigua canción) llamada Adiós chico de mi barrio en la que narra cómo varios de los chicos más guapos de su barrio, terminaron -en la adultez- acabados por las drogas. Leo la crónica y no puedo dejar de hacer una perversa comparación con los no tan chicos (ni tampoco guapos) presidentes del Perú, y no sé si alguno haya caído en algún momento de sus vidas en las drogas, lo que sí sé es que varios han terminado peor, podridos por la corrupción.

No de mi barrio, pero ya de mi recién alcanzada ciudadanía a los 18 años en las elecciones del referéndum de 1993, Fujimori fue el presidente en el poder con quien por primera vez voté. Contrario al sonsonete que escuchamos tanto, sobre que su primer gobierno fue muy bueno, para el 93, Fujimori ya había mandado a cometer terribles crímenes al grupo Colina y también había perpetrado un golpe de Estado. Ahora Fujimori está preso por asesino y por ladrón, porque mandó a matar a nueve estudiantes y a un profesor en La Cantuta, porque mandó a matar a personas inocentes en una pollada profondos en Barrios Altos (entre ellas un niño, Javier Ríos, de ocho años), porque secuestró en los sótanos del SIE y porque le robó al Perú (nos robó a cada una de nosotras y de nosotros) miles de millones de dólares. Busco rápido en la web: ¿Cuánto le robó Fujimori al Perú?, y la primera noticia que sale de El Comercio (que nadie puede decir que es un medio antifujimorista) señala que en su gobierno desaparecieron más de 6 mil millones de dólares.

Luego vino Toledo. Que por circunstancias impredecibles se convirtió en el abanderado de la democracia, luchando con quienes en ese tiempo éramos estudiantes, con los sindicatos y con todo el movimiento ciudadano que renacía después de los años del terror engendrado por Abimael Guzmán, y potenciado por Fujimori. Toledo salió elegido, no por ser el mejor candidato, sino por ser la única alternativa en ese momento. Salió elegido incluso a pesar de haber hecho algo tan despreciable como no reconocer a su hija. Continuó el mismo modelo económico que Fujimori, con los mismos “técnicos”, y el mismo discurso de que la política no le hace bien al país, solo la tecnocracia. Con ministros como Carbone o Solari, cercenadores de los derechos de las mujeres y con un armatoste mal cimentado de descentralización (que ya luego García terminó de petardear). Pero aun así, muchas personas todavía queríamos confiar en que no se pudrió en la corrupción. Pero sí lo hizo. La casa y oficina de la suegra fue la alerta temprana, Ecoteva fue el hilo de la madeja y ya las revelaciones de los US$20 millones de Odebrecht nos han terminado de golpear a quienes a pesar de esos errores tan graves (lo de su hija es imperdonable), pensábamos que fue lo menos malo de nuestra democracia en los últimos años.

En el caso de García lo que ha hecho hasta ahora es repetir el libreto seguido en la caída de Mantilla y en los petroaudios. Confía en que tiene a la mayor parte del sistema de justicia de su lado. Total, si mediante un habeas corpus absurdo logró librarse de la investigación de los narcoindultos. Está jugando ahora todas sus cartas para pasar piola en este asunto. No por nada salieron primero los funcionarios de su segundo gobierno, quienes calladitos han caminado hacia el cadalso; los ofrecieron en bandeja de plata como plato de entrada, para que cuando ya estemos por el postre, la ciudadanía se haya olvidado de las coimas de ese gobierno. Pero la estrategia, por más fina y elucubrada que sea, de tanto repetirse ya deja de funcionar. Los que están en la cabeza de las investigaciones fiscales parecen no deberle tanto a García y a su banda. Ojalá la historia no se repita.

A Humala llegarán tarde o temprano, ya que el comandante hizo denodados esfuerzos para quedar solito sin que nadie lo defienda a él y su esposa. Quizás sean los mismos brasileros los que quieran salvarlos, y ese puesto en la FAO otorgado por uno de los hombres de confianza de Lula demuestra que les interesa mantenerlos con la boca cerrada. Pero en Perú no tiene a nadie más.

De PPK sabemos bastante, sus amigos, sus asesores, los escándalos de Moreno, sus intentos de “pasar la página” y la megatrafa del aeropuerto de Chinchero, nos dan una idea de que si el señor no ha tenido tiempo en estos pocos meses de gobierno para repetir el esquema Odebrecht, algo debió saber (quizás bastante) cuando fue Primer Ministro.

Así, los chicos del barrio del cercado de Lima, del cruce del jirón Huallaga con Carabaya, no fueron por el mejor camino, acá la droga fue la corrupción, los millones de dólares que se levantaron a sabiendas que nos estaban robando, a un país entero, a un país que aún pasa hambre y que hoy más que nunca se hunde en huaicos interminables y sufre los estragos de obras mal hechas, muchas de las cuales son producto de la corrupción. Y entre toda esta miasma, sí vale recordar a uno de estos chicos, al que nunca fue el galán del barrio, y que ni siquiera salió elegido democráticamente, y que en poco tiempo hizo lo imposible por encaminar al país hacia una democracia sólida y estructurada: Valentín Paniagua. Porque es el único que no se vendió, y porque en tiempos donde nos vamos dando cuenta de que nuestra democracia estaba putrefacta por dentro es imprescindible saber que no todos sucumbieron.

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Comentario Destacado
Muy claro Jefrey, lo lamentable es que amplios sectores de la sociedad ayacuchana no muestra organizacion alguna, cosa que si hacen los que se benefician de la corrupcion. Entonces "a robar que el mundo se va a acabar" parece ser el modelo de la conducta social actual y futura Leer más >>
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