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Políticos periodistas

Enviado el 05/06/2013

Félix Puémape

Hace unos días el presidente Ollanta Humala convocó a los líderes políticos del país para informarles sobre la demanda planteada contra Chile en la corte de La Haya y, sobre todo, para dar una imagen de unidad nacional. Cuando veía la foto final, bastante deslucida por cierto ante las ausencias de Alan García y Keiko Fujimori, me preguntaba si quienes estaban ahí realmente representaban políticamente al país. Y me imaginaba, en cambio, una imagen en la que, para sincerar la realidad de la representación política, se hubiera invitado a los periodistas que, tanto en lo nacional como en lo subnacional, marcan la agenda.     

No tengo absolutamente nada contra los líderes políticos nacionales o contra quienes dicen serlo ni contra los partidos políticos que heroicamente sobreviven o los que nunca han existido pero igual se hacen llamar así. Ojala existieran realmente y se abocaran a representar las diversos intereses de la ciudadanía para aseguraran el crecimiento económico y, en general, el futuro del país que se ve amenazado por la falta de instituciones. Pero la realidad es que no lo hacen. Es más, creo que queda claro que su relevancia es cada vez menor en el debate político. Y mientras estos han ido abandonando la política, la prensa –y en particular determinados periodistas- han ido cubriendo ese espacio, politizándose más de lo normal y convirtiéndose en políticos periodistas. Un caso paradigmático de ello en la actualidad es el del periodista argentino Jorge Lanata quien ha emergido ante la impavidez de la oposición al gobierno de Cristina Fernández. En el Perú, principalmente desde la última década, hemos sido testigos de cómo los periodistas han sido quienes mejor han fiscalizado, juzgado, planteado y defendido sistemáticamente determinadas ideas, tanto desde sus tribunas como hasta en las calles.

Alguna vez escuche a una periodista decir, interrogada por su obsesión con la expansión de la izquierda bolivariana en la región, que ella consideraba un deber casi patriótico combatir esas ideas desde la prensa y que, en ese contexto, ningún periodista debía ser neutral. Y acusaba a sus colegas que lo intentaban ser de hacerle el juego a la izquierda autoritaria. Paralelamente, este año, en el contexto de la revocatoria a la alcaldesa de Lima, escuche a otra periodista justificar su apoyo a Susana Villarán diciendo que no podía ser neutral con la corrupción, partiendo de la premisa que los sectores que encabezaban la revocatoria tenían intereses subalternos. El tema de la neutralidad periodística siempre ha sido polémico puesto que muchos aducen que en realidad esta no existe. Los que defienden la independencia argumentan que, aunque todo medio puede tener una línea editorial cercana a determinados sectores políticos, el periodista no debe mentir o difamar en función a ella. Sin embargo, el clima de polarización que se vive en la arena nacional respecto a asuntos programáticos (derecha-izquierda) y políticos (institucionalistas-pragmáticos) ha arrastrado a los periodistas peruanos a una lucha que los ha convertido en políticos y que, en algunos casos, los ha llevado a cometer excesos que desdibujan su verdadero oficio.

Así, se puede observar como estos han venido tomando partido por determinados políticos de acuerdo a como se ubican en el espectro político priorizando la información que brindan –por ejemplo, investigando y juzgando a sus enemigos y haciéndose de la vista gorda con sus amigos- y lanzando juicios condenatorios a priori, todo lo cual solo después es retomado por los políticos. El caso de las inversiones inmobiliarias de los ex presidentes García y Toledo es ilustrativo sobre ello. Asimismo, ante la ausencia de vínculos ideológicos entre políticos y ciudadanos, también se ha hecho notorio como algunos periodistas han buscado sistemáticamente marcar la pauta en el lanzamiento de iniciativas sobre lo que debe hacerse en el país –reforma del estado, reformas económicas y políticas o cosas más puntuales- cuestionando ferozmente a los políticos que no la siguen y buscando convencer sostenidamente a estos y la ciudadanía para que les den la razón y hagan o sigan lo que ellos proponen. Incluso los hemos visto organizando y presidiendo campañas de presión a las autoridades en las calles. Por ejemplo, hace poco la periodista Milagros Leiva convocó a una marcha por la paz, en la cual se recogió la demanda ciudadana de mayor seguridad en las calles. A partir de esa inusitada vehemencia por imponer determinada medida o agenda, en general los periodistas políticos se han ido creando enemigos, ganándose por otro lado el reconocimiento y el liderazgo de determinados sectores que los siguen religiosamente y reproducen sus ideas en la esfera pública.

Este fenómeno también se ha venido  dando, aunque con matices, en la arena subnacional. Mauricio Zavaleta, en su valiosa tesis sobre la política en las regiones, ha mostrado como los periodistas radiales en el sur del país son los que más chance tienen para convertirse en autoridades políticas. A la luz de los conflictos sociales, también se ha podido conocer como las radios locales estructuran en buena parte la acción colectiva. En la misma línea, desde hace cierto tiempo veo con especial interés los reportajes del periodista Cristian Sotomayor en donde se les enrostran a los alcaldes distritales los problemas de sus distritos en materia de infraestructura y se encarga de hacerle seguimiento a los casos hasta que se vean solucionados, ganándose la gratitud de vecindarios enteros. Ahí no hay polarización pero hay una ausencia –¿o incapacidad?- de representación de parte de los regidores que es cubierta por un periodista que, haciendo uso de la llegada que le da su cámara, logra en corto tiempo lo que los políticos normalmente no pueden. Entonces, todos estos casos nos muestran como los políticos solo entran a tallar cuando la información –denuncias o protestas- ya han sido enmarcadas previamente –no solo mostradas- por los periodistas. Si no es por ellos, probablemente la gran mayoría de políticos no tendrían mayor iniciativa, salvo el regalar canastas de víveres con la esperanza de ser elegidos o reelegidos.   

Sin embargo, ¿acaso el poder político del periodismo en la actualidad reside solamente en su poder de llegada? Creo que no. Y he aquí lo más importante de lo que quiero decir. La principal lección que deja el empoderamiento político de la prensa en los últimos años ha residido en que decidieron tener de forma permanente –consciente o inconscientemente, por ideología o por rating- liderazgo político. En ese sentido, su mérito radicó en saber recoger de mejor manera las necesidades de la ciudadanía, tanto en la arena nacional como en la subnacional. Arbitrariamente, se me ocurre que la ciudadanía ha buscado dos cosas: un líder y la satisfacción de sus necesidades. Un líder que le diga que hacer, en que creer, que defender, que es bueno, que es malo. Es decir, que le ayude a procesar la abundante información que recibía. Y, al mismo tiempo, que lo defienda de la inacción y los abusos de los detentadores del poder.

Esto es, que reclame por las pistas rotas, por el desabastecimiento de las postas médicas, por los abusos de las mineras. Entonces, creo que la política en el Perú se puede practicar con cierto éxito en la medida que los políticos decidan liderar. Ello no sucede puesto que hay un sentido común demasiado arraigado según el cual el político exitoso es el que no se desgasta en periodo no electoral. Es así que, a riesgo de ser considerado como excesivamente voluntarista e ingenuo, pienso que  el debilitamiento de los partidos políticos no es inevitable. Aunque persisten dificultades institucionales para la construcción partidaria, actualmente hay un contexto polarizado en lo nacional y múltiples demandas en lo subnacional que solo están buscando a gritos ser representadas permanentemente. En ese sentido, un liderazgo político permanente puede valer más que cualquier reforma electoral.   

Entiendo que el asunto es complejo y probablemente lo estoy simplificando. Sin embargo, me parece que el accionar político de la prensa brinda un importante punto de partida para pensar mejor como se puede hacer política en el Perú de manera relativamente exitosa y, a partir de eso, como se pueden construir instituciones. El debate está abierto.     
 

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