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#PanelSoloDeExpertos

Enviado el 05/10/2016

El voto del Reino Unido por salir de la Unión Europea y el voto del pasado domingo en contra del acuerdo de paz negociado por el gobierno colombiano con las FARC, tomaron por sorpresa a los principales medios de comunicación del mundo. En parte debido a que, en ambos casos, las encuestas de los días precedentes auguraban otro resultado, y a su vez –y no menos importante- debido a que numerosos líderes de opinión, académicos y comentaristas de renombre encontraban estos resultados improbables, pues irían en contra de todas las recomendaciones y opiniones de los expertos “más versados en el tema” y en contra de los propios intereses de los votantes.

En una columna publicada en el El País el lunes tras el plebiscito colombiano, John Carlin comentaba sobre ambas votaciones, y la popularidad de Trump en Estados Unidos: “Los votantes, mientras, se dejan conducir como vacas al abismo. Con perdón de las vacas, que seguramente demostrarían más sentido común ante la perspectiva de la autoaniquilación que las variedades de homo sapiens que habitan Colombia, Inglaterra y Estados Unidos.” En su columna, el autor argumenta que en todos los casos lo que ha triunfado es la mentira. Si bien esto se debe a quienes como Trump manipulan la verdad a su antojo sería también culpa de los votantes irracionales el haberse dejado conducir tan fácilmente al borde del abismo. Y aunque no todos califiquen de vacas a los votantes, he observado diversas opiniones que los descalifican con distintos adjetivos. Tras el voto por salir de la UE, los analistas no se abocaron a entender que determinó el resultado, sino a culpar a los distintos actores políticos del remain de no haber podido, con sus argumentos basados en hechos y argumentos racionales, hacer que los electores del Reino Unido voten “de acuerdo a sus intereses” por permanecer en la UE.

Más allá de la futilidad de llamar irracionales a los votantes y del hecho de que, nos guste o no, el voto depende de diversos factores, me pregunto ¿por qué es que nos cuesta tanto comprender ese voto? ¿Por qué lo tachamos de irracional antes que buscar entenderlo? Imagino que las razones son muchas, pero quisiera concentrarme en un fenómeno particular, y es que los expertos son raros. Los expertos no son otra cosa sino académicos con experiencia en sus temas y como leía hace poco en un artículomuchos de los académicos que construyen la opinión experta, y muchos de los analistas que comentan estos y otros temas en los medios son raros. No raros de encontrar o de entender, raros en tanto no representamos a la mayor parte de la población a la que buscamos entender. Y a pesar de lo profundamente conscientes que muchos puedan ser sobre la subjetividad de las ciencias sociales o los sesgos que inevitablemente llevamos con nosotros, no parecemos terminar de entender que para la mayor parte de la población, el orden de prioridades que le otorgamos a las cosas no es el mismo que ellos les otorgan. Una encuesta realizada entre académicos en el Reino Unido semanas antes del referéndum, indicaba que el 90% de ellos pensaba votar por quedarse en la Unión Europea, ¿qué número podría haber sido menos representativo del resultado final?

Soy, como el entorno en que me muevo, cosmopolita y progresista, y no me alegra el resultado de Colombia y me asusta, como a muchos otros, la posibilidad de darle a Trump códigos nucleares. Sin embargo, tachar ese voto de irracional o egoísta y estúpido, no me pone más cerca de entenderlo que de ignorarlo. Y por cierto, ninguna tienda política está exenta de esto, pues el argumento de irracional lo esgrimen expertos de derecha y de izquierda, quizás con diferentes palabras, pero con la misma connotación. Al final, tachar de irracional o idiota aquello que no comprendes, no deja de contener un enorme paternalismo respecto de aquello que no buscamos entender sino simplemente juzgar.

Hace poco veía en una serie de dibujos animados, BoJack Horseman, una caricaturización de cómo se trata el tema del aborto en Estados Unidos. En un panel de discusión en el canal de noticias, el presentador anunciaba “hemos reunido a este diverso grupo de hombres blancos para hablar sobre el aborto” y proseguía un debate surreal en el que éstos se adjudicaban más conocimiento sobre el cuerpo de la mujer que las propias mujeres. Quizás es hora de llamar a la mesa a otras voces, más expertas en, pues, sus vidas y sus necesidades.

 

Gabriela Camacho Garland pertenece a la Plataforma Comadres, espacio que busca posicionar el trabajo de las mujeres en el análisis de la política nacional e internacional.

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