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Independencias y los fantasmas de la insurgencia

Enviado el 06/08/2014

Por Cecilia Méndez

Respuesta a Martín Tanaka

Cuando se propone algo nuevo y distinto, las chances de que sea leído con los ojos de los viejos paradigmas son altas. Y esto es lo que ha sucedido con el artículo que Martín Tanaka publicó hace unos días en un medio local sobre el concurso de ensayos "Narra la independencia desde tu pueblo, tu distrito o tu ciudad" y el coloquio internacional "Las independencias antes de la independencia".

Juan Carlos Estenssoro, coorganizador, conmigo, de los mencionados eventos, ha respondido larga y elocuentemente a las insinuaciones y distorsiones en las que incurre Tanaka, en un artículo cuyos argumentos suscribo e invito a leer aquí. Por tanto, en lo que sigue, me limitaré a esbozar algunas precisiones adicionales, a modo de complemento.

El hecho de que Tanaka haya entendido nuestro llamado a pluralizar y deslimeñizar-dessanmartinizar la memoria de la independencia como un retorno a la "retórica oficial" del nacionalismo velasquista "con su énfasis en precursores y protagonismo popular" es profundamente revelador de hasta qué punto algunos sectores de la sociedad peruana siguen presos del trauma que para ellos significaron las reformas sociales del velascato, lo cual lastimosamente los inhabilita para pensar en los personajes y procesos históricos en sí mismos, sin que salga a relucir el "espectro" de Velasco.  De allí que mencionar, por ejemplo, a Túpac Amaru o a las  insurgencias provinciales e indígenas en el contexto de las guerras de independencia, nos llevaría  ("sin darnos cuenta") a un terreno obsoleto que habría sido superado por el artículo de Bonilla-Spalding de hace más de cuatro décadas.

Con seguridad, Tanaka no se  ha dado el trabajo de leer las decenas de artículos y libros que han cuestionado y propuesto interpretaciones alternativas al viejo artículo de Bonilla y Spalding. Porque si lo hubiera hecho sabría que ellos no dijeron nada nuevo. Como lo he afirmado ya en trabajos previos, la versión de que la independencia  "vino de fuera"  fue suscrita tan ampliamente en el Perú republicano de comienzos del siglo XIX, que le cupo a un historiador chileno, Benjamín Vicuña Makenna, al promediar el siglo, decirles a los peruanos cuáles fueron sus aportes a su propia independencia (los nacionalismos de diverso tinte político que  surgieron a lo largo del siglo XX  reaccionaban  precisamente contra una larga corriente historiográfica autoflagelatoria). La otra famosa premisa de Bonilla y Spalding, que la independencia del Perú  habría ocurrido frente a la mirada impávida de los sectores populares es quizá la mejor superada (como lo ha admitido la propia Spalding), y no solo por la literatura posterior a su publicación –incluyendo mis propios trabajos– sino anterior a ella, pero que los autores entonces marxistas como Bonilla no se tomaron el trabajo de leer por el desprecio intrínseco que sentían por la historiografía del siglo XIX y por el  trabajo de archivo. ¿Nos hace "conservadores" el trabajo histórico rigurosamente documentado y el tomar distancia del paradigma del "intelectual de vanguardia", el revolucionario que se siente por encima de las evidencias de la historia, y que tanto daño le ha causado ya al país? Tal vez Tanaka tendría que pensar hasta qué punto sus insinuaciones no lo alinean con un campo en el que él no se imagina que converja.

La historiografía sobre la independencia ha tenido aportes significativos en las últimas décadas. Uno de los más influyentes ha sido el subrayar la importancia de los cambios políticos que la independencia trajo consigo, y que tanto la  historiografía marxista-dependentista del siglo XX como los indigenismos actuales consideran irrelevantes o, a lo sumo, cosméticos. Hoy ha triunfado en los medios académicos una lectura "panhispánica" de las independencias hispanoamericanas, según la cual no puede hablarse de independencia antes de 1808, año en que la invasión de los ejércitos de Napoleón en la península ibérica habría impulsado una revolución democrática en el mundo hispánico, la misma que habría conducido, en una sucesión de contingencias, a las independencias de las colonias americanas y, simultáneamente al nacimiento de España como nación moderna. Los aportes de esta corriente historiográficas son innegables, y quisiera rescatar tres en particular: el incidir en el carácter revolucionario de las  concepciones y prácticas políticas surgidas entre 1809 a 1814, el cuestionamiento a la idea de nación como un destino predeterminado, y la importancia del liberalismo político de factura hispánica, que habría de influir decisivamente en nuestras  legislaciones republicanas.

Pero existen vacíos que esa historiografía panhispánica no ha sabido aclarar y que no contribuyen mucho a entender el complejo proceso peruano sin repetir las convenciones existente. Ya que al concebir los cambios políticos desde un ámbito puramente formal, institucional, de arriba hacia abajo, y soslayando los aspecto sociales, culturales y económicos, contribuye a silenciar la violencia que caracterizó tanto a las rebeliones mestizas e indígenas antiespañolas que estallaron en diversas  provincias del  virreinato peruano, como su también violenta represión, antes y durante el periodo de 1808-1814 y que, en algunos casos, como fue Cuzco entre 1814-15,  instauraron gobiernos independientes en abierta ruptura con España y con repercusión continental. Estos silencios debieran hacernos pensar, porque hechos análogos, y aún de menor envergadura, son recordados en el resto de países hispanoamericanos como el inicio de su independencia y celebrados como el día del onomástico nacional. Mientras, en el Perú, el bicentenario de la insurgencias de Tacna en 1811 y 1813, de Huánuco en 1812,  la revolución del  Cuzco de 1814-1815 vienen siendo silenciados inverosímil, pero eficazmente, por un discurso historiográfico y mediático centralista que no se cansa de proclamar que estamos "rumbo al bicentenario", reduciendo así la independencia del Perú, que fue proceso complejo, múltiple, violento, y que abarcó un gran número de provincias, a un sólo hecho que ocurrió en medio de ese proceso, el 28 de julio 1821 en Lima, convirtiendo los acontecimientos posteriores y anteriores en "no eventos", para usarla acertada expresión de Michel-Rolph Trouillot.

Pero  este discurso centralista es tanto más efectivo cuando se plantea de manera subliminal y sin palabras, es decir, a través de la imagen. Ya que no es casual, de un tiempo a esta parte, ver reproducido, de manera casi serial, en noticieros, afiches de congresos  académicos y carátulas de libros, un cuadro pintado por Juan Lepiani en el que un solemne San Martín, acompañado de la máxima autoridad eclesiástica, proclama, en el balcón de la plaza de armas de Lima, que el "Perú es libre e independiente", aunque ello distaba por supuesto de ser cierto. Y no sabemos si hoy lo es. Debería pues dar mucho que pensar que  esta imagen pintada en 1904, en pleno auge de la llamada República Aristocrática, cobre hoy tanta aceptación en el imaginario limeño de la independencia nacional.

En síntesis, la narrativa nacionalista de la independencia de acuerdo a la cual ésta habría sido  proceso un endógeno y continuo de luchas anticoloniales que se iniciaron con la rebelión de Túpac Amaru en 1780 y culminaron en la batalla de Ayacucho en 1824 –que se convirtió en historia oficial  por primera (y última) vez con Velasco– se ha desmoronado sin que ninguna de las corrientes historiográficas existentes logre proponer una cronología alternativa que inspire un mínimo de consenso.

Quienes organizamos el concurso de ensayos y coloquio internacional arriba mencionados  detectamos en este vacío una oportunidad para el debate, para un intercambio integrador que dé cabida a las voces de diversos pueblos y regiones del Perú. Nuestros principales objetivos han sido expuestos en diferentes medios y re-enfatizados en el mencionado artículo de Estenssoro al que remito a las lectoras y lectores. Sólo queda enfatizar que se buscaba, además de escuchar, reconocer y valorar la historia producida por historiadores locales y regionales, romper con los círculos viciosos inherentes a  los concursos de ensayos, cuyos resultados son siempre previsibles: los ganadores suelen ser gente de las mismas universidades y lugares, que muchas veces se conocen entre sí, reproduciendo el elitismo intrínseco a nuestras dispares estructuras educativas, económicas y sociales. Creemos haber dado un paso para superar esa problemática al realizar una convocatoria abierta que dio cabida a la diversidad lingüística del país, y sin limitarlo a las fronteras nacionales actuales.

Los tres ganadores del concurso, que con sus investigaciones inéditas en archivos locales abren nuevas perspectivas para entender la independencia peruana desde Huacho, Arequipa y Tarapacá, expondrán sus investigaciones junto con reconocidos especialistas peruanos y extranjeros que han dedicado años a investigar la problemática independentista a nivel continental,  el  7 y 8 de agosto en el hemiciclo Raúl Porras Barrenechea del Congreso de la República y en la Alianza Francesa de Miraflores, respectivamente. Quedan todos invitados a escucharlos. Les aseguramos que presentarán algo más que “intuiciones".

Finalmente, creemos que esta aproximación descentrada y plural a la historia de la independencia es especialmente necesaria en un momento en que se busca instalar un "pensamiento único" basado en el triunfalismo económico que intenta prescindir de la historia como disciplina y como fuente de entendimiento del presente --lo que yo llamo el historicidio-- para favorecer  una identidad nacional basada en el consumismo y la gastronomía y donde la historia, y el país, existen sólo como caricatura, logo, o póster turístico para atraer inversiones. Dar cabida a una historia de la independencia bien entendida supone pensar en la complejidad del proceso que nos convirtió en república, a la luz de las evidencias y sin espejismos, y así también revitalizar conceptos políticos como ciudadanía e igualdad de derechos, que nacieron precisamente con la independencia, pero que se soslayan o banalizan en los discursos patrioteros pues constituyen una piedra en el zapato para quienes le temen al cambio y no escatiman en promover la violencia y justificar el racismo para evitarlo.

Comentarios (2)

El trabajo en curso de

El trabajo en curso de Cecilia Mendez es un verdadero regalo al país cuando se celebra un aniversario más de la proclamación de su independencia formal. La exploración de revueltas e insurrecciones regionales que desde (y previa a) la rebelión de Tupac Amaru pueden devolverle al país una autoimagen robusta y positiva, no solo en el reconocimiento de actores de diferentes tintes étnicos, sino de un proceso en curso hasta nuestros dias. Es útil también para mostrar los signos de una inteligencia historiográfica con sus propios matices de sectores sociales a los cuales se representa. Tal vez lo que quede claro en todo este proceso, una vez tomados en cuenta los costos en represión variada y multiforme del castigado pueblo peruano, es que en verdad nunca ha cesado de luchar pero que necesita de historiadores e intelectuales que reflejen fielmente la extensión y el alcance de sus esfuerzos. Siento no estar en Lima para presenciar las exposiciones de los ganadores del concurso.

Este artículo de Cecilia

Este artículo de Cecilia Mendez promueve el esfuerzo auto-didacta para poder comprender a cabalidad parte de nuestra historia. Se mencionan términos en jerga académica y se mencionan historiadores que yo desconozco, pero que a la vez presentan el reto de estudiar para delinear la historiografía.

SIn embargo, hay una frase que yo retengo y valoro: " reduciendo así la independencia del Perú, que fue proceso complejo, múltiple, violento," Me parece que el mencionar el caracter violento que tuvo la independencia ayudará a los futuros historiadores del Perú a explicar las matanzas de Sendero Luminoso, hechos muy lamenatbles desde todo punto de vista, pero que son en la actualidad sencillamente repudiados sin el menor análisis por la mayoria (sino totalidad) de intelectuales peruanos.

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