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¿Qué es la “Doctrina Monroe” de los Estados Unidos?

Enviado el 07/02/2018

Acaba de estar en Lima el ex director ejecutivo de la empresa petrolera Exxon-Mobil (2006-2016) y actual secretario de Estado norteamericano, el ingeniero Rex Tillerson.  Su visita generó un comentario de Mirko Lauer sobre la posibilidad de una vuelta a la política de los EE.UU. hacia América Latina que caracterizó al siglo XIX, basada en la llamada “Doctrina Monroe”.  Esta suele resumirse en la frase “América para los americanos”.  ¿Qué es, exactamente, esa antigua forma de política internacional?

Recurrimos a la ‘Encyclopedia of Latin America’ (2010, vol. III), buscamos la entrada “Monroe Doctrine” (pp. 212-213), y complementariamente “Manifest Destiny” (pp. 194-195), y traducimos lo siguiente:

“La Doctrina Monroe fue una declaración hecha por el presidente de los EE.UU. James Monroe en 1823 delineando la política norteamericana hacia Latinoamérica.  La doctrina establecía como punto central que los EE.UU. protegerían activamente la soberanía de las nuevas naciones independientes latinoamericanas y que trabajarían para prevenir que ninguna potencia europea tratara de restablecer un imperio colonial en la región.

“Esta política fue propuesta originalmente por el ministro de exteriores británico George Canning, quien buscaba asegurar el acceso comercial de la Gran Bretaña a los mercados latinoamericanos.  A lo largo del período colonial los británicos habían presionado agresivamente para entrar en las economías mercantilistas fuertemente controladas de las colonias españolas y portuguesas.  Comerciantes y líderes políticos querían asegurar que los mercados latinoamericanos permanecieran abiertos y temían que esas potencias europeas intentaran reconquistar América Latina en el siglo XIX.  Canning recomendaba una política bilateral en la que los EE.UU. y la Gran Bretaña protegieran a Latinoamérica de la amenaza de otras incursiones europeas.  Los líderes estadounidenses respaldaban el espíritu de esta política, pero algunos desconfiaban de los motivos de los británicos.  El secretario de Estado John Quincy Adams pensaba que los británicos tenían sus propios objetivos imperiales y proponía que una política unilateral serviría mejor a los intereses norteamericanos.  Siguiendo el consejo de Adams, Monroe presentó esta política unilateral en un discurso ante el Congreso el 2 de diciembre de 1823.

“La Doctrina Monroe se convirtió en la base de la política estadounidense con respecto a Latinoamérica durante el resto del siglo XIX, y su influencia en las relaciones norteamericano-latinoamericanas continuó en el siglo XX.  Los tres aspectos principales de esta política definen el rol que los EE.UU. tendrían en América Latina.  Primero, sugería que las Américas y Europa se ubicaban en “esferas separadas”.  Los sistemas políticos y culturales del “Nuevo Mundo” y del “Viejo Mundo” eran fundamentalmente diferentes, y la común herencia americana hacía a los EE.UU. especialmente calificados para salvaguardar el bienestar del resto de la región.  Segundo, la noción de no colonización proponía que las Américas no estaban abiertas ya a la colonización europea.  La doctrina afirmaba que los EE.UU. considerarían cualquier intento europeo de interferir en América Latina como un ataque a los propios EE.UU.  Tercero, de acuerdo al concepto de no intervención, los EE.UU. se comprometían a no involucrarse en los asuntos internos de Europa.  La doctrina también establecía que los EE.UU. no interferirían en las pocas colonias europeas que aún quedaban en las Américas.

“La Doctrina Monroe tuvo una variada recepción en América Latina.  Mientras que algunos la interpretaron como una declaración progresista de anticolonialismo, otros la vieron con suspicacia, especialmente cuando se hizo evidente que los EE.UU. carecían de la habilidad de hacer cumplir sus disposiciones.  Los líderes norteamericanos protestaron ante el intento de invasión española a México en 1829, frente a incursiones francesas contra México en 1838 y en la década de 1860, y contra el restablecimiento del dominio colonial español en la República Dominicana en la década de 1860.  Pero, en las primeras décadas del siglo XIX, las fuerzas armadas estadounidenses no eran lo suficientemente numerosas ni poderosas como para ofrecer alguna protección real a Latinoamérica, mientras que la Guerra Civil impidió la aplicación plena de la Doctrina Monroe en la década de 1860.

“Otros detractores de la doctrina insistían en que era simplemente una careta bajo la cual los EE.UU. podrían expandir su influencia en Latinoamérica en el espíritu del “Destino Manifiesto”.  Ciertamente, los EE.UU. expandieron su control territorial, económico y cultural en muchas áreas de América Latina en el siglo XIX (Guerra con México en 1846-1848, Guerra con España por Cuba, Puerto Rico y las Filipinas en 1898).  A inicios del siglo XX el presidente norteamericano Theodore Roosevelt propuso un “corolario” a la Doctrina Monroe para justificar la expansión de la influencia norteamericana, ocasionando nuevas críticas en Latinoamérica”.

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“Destino Manifiesto fue un concepto utilizado por los líderes norteamericanos para justificar la expansión territorial en el siglo XIX.  Las adquisiciones territoriales basadas en la noción del Destino Manifiesto en esa época [1840-1850] estuvieron limitadas principalmente al Territorio de Oregón en el Oeste y a los territorios mexicanos que hoy forman el Sudoeste de los EE.UU.  Al final del siglo XIX los promotores del Destino Manifiesto utilizaron la teoría para justificar la expansión de la influencia política y económica norteamericana mediante un ‘imperialismo informal’.

“Según el Destino Manifiesto, los EE.UU. poseía características políticas, religiosas, económicas y culturales superiores.  Los adherentes a este pensamiento creían firmemente que los EE.UU. no solo tenían un derecho, sino una especie de misión religiosa, para difundir estas características superiores a través del continente.  De este modo, el Destino Manifiesto proponía que era la voluntad de Dios que el ‘sistema [anglo] americano’ se expandiera por el continente de América del Norte.  En su núcleo el Destino Manifiesto partía de la idea del ‘excepcionalismo [anglo] americano’, una idea basada en la creencia de los puritanos [del siglo XVII] que los [norte] americanos tenían una misión encomendada por Dios, de ser un modelo de democracia, libertad, ambición e integridad religiosa en el Mundo.  Como el líder en estas virtudes, los EE.UU. debían trabajar para expandir sus características a través de Norteamérica.  Signos de estas creencias empezaron a evidenciarse en las primeras décadas del siglo XIX, cuando los líderes estadounidenses consiguieron nuevos territorios mediante la compra de Luisiana [a Francia, 1803] y la adquisición de Florida [de España, 1819].

“La frase ‘Destino Manifiesto’ se hizo popular en la década de 1840, cuando el periodista y miembro del Partido Demócrata John O’Sullivan lo utilizó en un ensayo para explicar la necesidad de la expansión [anglo] americana.  O’Sullivan y otros comentaristas expresaron originalmente la idea del Destino Manifiesto en relación a si los EE.UU. debían anexar Texas tras la “revolución texana” [rebelión de los colonizadores angloamericanos de esta provincia mexicana, proclamando su independencia en 1836].  La campaña electoral de 1844 entre James K. Polk y Henry Clay se centró en la expansión territorial y ayudó a llamar la atención sobre la noción de Destino Manifiesto.  El interés en el Territorio de Oregón y en Texas ayudó a llevar a Polk a la victoria, pero sus políticas expansionistas llevaron a que las tensiones se incrementaran entre los EE.UU. y México.  Esas tensiones culminaron en la Guerra Mexicano-Americana [de 1846-1848]. […]

“Para fines del siglo XIX, los líderes estadounidenses ya no buscaban activamente la expansión territorial como la forma de cumplir el Destino Manifiesto.  Desde el final de la Guerra con México, los EE.UU. cambiaron su atención hacia el asentamiento de las tierras adquiridas en el Oeste.  Además, surgieron en los EE.UU. varios movimientos anti-imperialistas para protestar contra el expansionismo del gobierno.  Para inicios del siglo XX el significado del Destino Manifiesto se había matizado y muchas políticas norteamericanas dirigidas a expandir su influencia económica y cultural mediante un ‘imperialismo informal’, en lugar de la adquisición directa de territorios.  La participación norteamericana en lograr la independencia de Cuba y en adquirir los territorios de Puerto Rico y las Filipinas en la Guerra [con España] de 1898, se consideran entre los mejores ejemplos del Destino Manifiesto en el contexto del ‘imperialismo informal’.  La influencia norteamericana, especialmente en América Central y el Caribe, se incrementó en las primeras décadas del siglo XX.  El gobierno aseguró el dominio norteamericano negociando el tratado [1903] para construir un Canal en Panamá [inaugurado en 1914], y expandiendo su presencia militar a través de la región.  Intereses económicos privados [de compañías norteamericanas] obtuvieron una posición dominante en las economías locales, y las políticas gubernamentales estadounidenses con frecuencia buscaron proteger esos intereses a expensas de la soberanía latinoamericana”.

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Después de esta explicación, ¿parecería estarse repitiendo la historia del siglo XIX en pleno siglo XXI?  Ya habrá oportunidad de discutirlo.

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Referencias:

Mirko Lauer, “Una visita del siglo XIX”, La República, Lima, 4 de febrero, 2018 <http://larepublica.pe/politica/1179461-una-visita-del-siglo-xix>

Thomas M. Leonard, editor general. Encyclopedia of Latin America. New York: Facts On File, 2010. 4 vols.

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