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Conga ¿Nos dejamos llevar por la polarización?

Enviado el 08/02/2012

José Luis López Follegatti

                                                                                                                  
La polarización es como un campo de energía destructiva donde nada de lo que diga y haga el otro es valedero. No existe punto medio o propuesta que  recoja el interés de ambos. Lo válido es  el triunfo sobre el adversario. No hay que confundirla con el conflicto de intereses o la diferencia de opiniones en donde  el objetivo no es la anulación o desaparición del otro sino  la  negociación en un marco de mutua reconocimiento.

Sin embargo es difícil distinguir  en qué momento las diferencias empiezan a transformarse en polarización.  Emociones negativas  nutridas por gestos y actitudes entre los actores, se empoderan hasta ocupar cada polo del escenario descrito. Argumentos de uno y otro lado exhibidos como técnicos y racionales  no son cotejados  y surgen  brechas insalvables. 

En sociedades como la nuestra una polarización en expansión, reabre heridas que costaron cicatrizar, engrandecen temores  infundados  y activa odios que parecían asuntos del pasado. El país tiene divisiones y  diferencias  pero, aún no está polarizado. La  mayoría de los ciudadanos no lo desea y recuerda sus devastadores efectos.

Nos preguntamos  ¿Qué tanto el escenario actual del  conflicto sobre Conga,  está contribuyendo a que el País reingrese a este campo de confrontación irreductible y autodestructivo de actores? Más allá de las justas críticas, de los sentimientos de indignación y las razonables  demandas es necesario preguntarse qué escenario  estamos construyendo con nuestras actitudes, la autoridad de nuestra palabra y el peso de nuestros actos.

Estamos en un callejón en donde ninguna de las  salidas que dominan el conflicto son razonables: Un Conga que no va; con ruptura con el Gobierno Nacional, demanda judicial de la empresa y  rechazo de un sector de los medios  y la opinión pública, no  es salida, se habrá detenido algo pero muy difícil que se pueda construir nada en su lugar. De igual manera viabilizar  Conga con represión y tutela militar, no conviene a nadie, genera división y aislamientos presentes o futuros.

Bajar el ritmo,  tomar distancia y  mirar a Conga desde otra perspectiva es una decisión sensata. En la efervescencia nos cuesta saber si  lo que estamos haciendo  alimenta sin quererlo desenlaces autodestructivos, pero todo lo que hoy sembremos lo cosecharemos mañana, y será muy tarde para decirnos “Tal vez debimos ser más flexibles si ya habíamos avanzado bastante”.

Cuando se desata un campo polarizado de fuerzas, es difícil, salir de él, somos prisioneros de lo que afirmamos e hicimos. No escuchamos opiniones que cuestionen nuestras creencias,  y  descalificamos tanto lo que se dice como quién lo dice.

Veamos algunos ejemplos a propósito de Conga:

Los opositores  al proyecto, ya no exigen un  peritaje legítimo o consensuado, ahora su afirmación tajante es: Conga no va y punto, y  del otro lado los auspiciadores, siguen avanzando sin reconocer que hay que volver a recuperar el diálogo perdido para seguir  con el peritaje. Resulta claro que los extremos están dominando y  nadie tiene el aplomo para ceder.

Realizar marchas por el agua, desde luego que no pueden ser recusadas, pero decir que  debe prohibirse  la minería en cabecera de cuenca y el uso del cianuro es simplemente afirmar que no exista minería en el 95% de los proyectos. Y eso para un país que tiene el 60% de sus divisas por esta actividad, es simplemente devastador y ningún presidente sea de derecha o de izquierda – preguntemos si Chávez, Correa o Morales  tomarían esta decisión - lo puede aceptar, pues irremediablemente conduciría a una crisis inmediata al país. Quién lo afirma debe proponer de inmediato cuales son los ingresos que reemplazarían a los que ahora son negados. 

Una posición así no es responsable y polariza al país,  más aún, si el presidente regional de Cajamarca viaja  por todo el Perú diciendo que las mesas de diálogo son una farsa. ¿Entonces de qué manera piensa lograr los cambios que se proponen si no es con diálogo, negociación, alianzas, votaciones y acuerdos ya sea en el Congreso, en la relación Gobiernos Regionales y Ejecutivo o en los conflictos en cada región? Santos es un líder que ha demostrado inteligencia y fortaleza  y aún está a tiempo de lograr cambios debidamente consensuados.

Sin embargo  un extremo se gesta y nace en contradicción a otro extremo. Haber sostenido un crecimiento económico en el país, desatendiendo de manera sistemática y reiterada la reforma y fortalecimiento del Estado para fiscalizar el ambiente e intervenir con proyectos sociales en las zonas de inversión minera, es un gravísimo desbalance iniciado por Fujimori, continuado por Toledo y extremado por García.

El gobierno de Humala se encontró con este pesado lastre,  y pretender que lo resuelva de la noche a la mañana, más aún con la irrupción inesperada de un conflicto como Conga, no es una petición  sensata.

Cuando  nos jalan  los extremos,  somos presas de equívocos y  malentendidos. Las emociones negativas de la desconfianza, el miedo,  el despecho y el prejuicio, deforman nuestras percepciones y aceleran nuestras decisiones.

La imagen del ex Primer Ministro Salomón Lerner en el Salón Dorado  al lado de Carlos Santa Cruz Presidente de Yanacocha  anunciando la suspensión del proyecto Conga para viabilizar el diálogo, fue vista con indignación y como la prueba del sometimiento del Ejecutivo a la empresa minera. Ahora con Lerner fuera, extrañamos su integridad y vocación dialogante. Revisando la citada imagen podemos reinterpretarla como el esfuerzo de alguien para viabilizar el  diálogo que hoy reclamamos.

Los equívocos y malentendidos agrandan nuestras diferencias y nos hace confrontar aún más. Si algo hemos aprendido  es que podemos evitar que la polarización se incremente sin dejar de lado nuestras diferencias e intereses. Mostrando tolerancia, recordando que nadie es dueño de la  verdad y evitando hacer juicios demoledores para no ser juzgados de la misma manera. Ello no es fácil se requiere coraje y serenidad.

Cuando le  preguntaron a Rolando Ames que le parecía el comentario de Valdés sobre la teatralización de algunas víctimas ante la Comisión de la Verdad. El respondió  “Pero se ha rectificado” y no metió más leña al tema. Preguntado sobre el terrorismo y Movadef su respuesta fue  “¿Que hemos hecho como sociedad para crear un grupo tan sectario?” Debemos hacernos la misma pregunta ¿qué estamos haciendo para evitar ingresar a ese campo de violencia y odio llamado polarización?

 

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