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Una historia de David, antes de que fuera rey

Enviado el 08/03/2017

El escritor y profesor del Bowdoin College, Maine, Gustavo Faverón, a propósito de una relectura del cuento “La Intrusa” de Jorge Luis Borges, ha llamado la atención sobre una historia más o menos desconocida del rey David, que a muchos cristianos les puede llamar a escándalo. David, como se sabe, ocupa un lugar central en el Antiguo Testamento como autor de los Salmos, diamante y agua pura en el desierto de la literatura antigua, pero también como el gran constructor del reino de Israel. La historia de los amores de David antes de que fuera rey, tiene que ser entresacada de la narración del reinado de Saúl, registrada en la Biblia en los libros primero y segundo de Samuel, que cualquiera puede verificar

Al difundirla mi intención es contradecir a gentes como el pastor Rodolfo González Cruz del Movimiento Misionero Mundial quien, como se sabe, ha incitado públicamente a matar mujeres lesbianas, escudándose en una lectura farisea, dogmática y fanática del libro del Levítico de la Biblia. Como católico sin parroquia, me siento profundamente distante de los obispos de la Iglesia Católica que a la fractura política del pueblo peruano quieren añadir la división religiosa buscando aliados de la calaña de González. Antes que poner sosiego y escudriñar la verdad de los temas controvertidos de hoy con los aportes de la historia, la ciencia y la filosofía, teniendo como guía la Verdad de que todos los hombres, sin exclusión de ninguna especie, somos hijos de Dios, están echando leña al fuego, alimentando la intransigencia y al fanatismo, a un paso de una guerra santa, como las muchas que han generado los cristianos.

Cuando Saúl fue ungido como el primer rey del pueblo israelita, por el profeta Samuel, cumpliendo un encargo de Yahvéh, ya tenía tres hijos varones, de los cuales Jonatán era el mayor; y dos hijas. Su reinado se caracterizó porque hubo de desplegar su liderazgo en una esforzada y cruenta lucha por largos años para ganarse el respeto de sus vecinos: moabitas, ammonitas, edomitas, amalecitas y filisteos. Con el paso del tiempo, aunque por razones que no se explican, Saúl perdió el favor de Dios, quien se lo confía a Samuel: “Me arrepiento de haber dado la realeza a Saúl, porque se ha apartado de mí” (1 Samuel 15:10, Biblia de Jerusalén).

Entonces, por comisión de Yahvéh, Samuel se dirige a Belén “porque  he visto entre sus hijos un rey para mí”. Contacta con la familia de Jesé, quien tenía ocho hijos varones, el último de los cuales era David, quien “era rubio, de bellos ojos y hermosa presencia”. Él es el escogido por Yahvéh. Poco después aparece David en el campamento de Saúl, llamado por sus sirvientes para tocar la cítara y calmar sus ataques de mal humor y melancolía cuando “un espíritu malo que venía de Yahveh” lo asaltaba. (Quién sabe si hoy esos síntomas podrían verse como los de una neurosis autodestructiva que se potenciaría luego de conocer a David, como veremos).

Ya es conocido universalmente el pasaje de la historia que hizo muy famoso al niño David cuando enfrentó al gigante Goliat en el valle del Terebinto. Sólo hay que hacer notar que el rey Saúl trató de desanimarlo de que aceptase el duelo, diciéndole “No puedes ir contra ese filisteo para luchar con él, porque tú eres un niño y él es un hombre de guerra desde su juventud" (1Samuel 17:33). Es muy probable que David tuviera menos de quince años (que era la edad en que en esa época contraían matrimonio) y hasta menos de doce y seguramente Goliat le doblaba la edad y le triplicaba la corpulencia. Pues bien, “Cuando volvió David de matar al filisteo [Goliat], le tomó Abner y le llevó ante Saúl con la cabeza del filisteo en la mano. Saúl le preguntó ‘¿De quién eres hijo, muchacho?’ David respondió: ‘De tu siervo Jesé, de Belén’. En acabando de hablar David a Saúl, el alma de Jonatán [su primogénito]se apegó al alma de David, y le amó Jonatán como a sí mismo”. (1Samuel 17:57-58 y 18:1)

Como es obvio, la popularidad y simpatía de David corrió por la comarca y más allá de la frontera, lo que provocó la envidia del rey. Aun así, lo convirtió en jefe de tropa, para luego ofrecerle a su hija mayor en matrimonio. Éste la rechazó sutilmente diciendo que no la merecía, la que termina siendo entregada a Adriel. Tiempo después, la hija menor de Saúl, Mikal, se enamoró de David y le es entregada en matrimonio por sobre su negativa. Con el paso de los años, mientras va creciendo la buena fama de David como guerrero valeroso y triunfante,  crece la envidia de Saúl y el temor de ser suplantado en su trono por el muchacho. Así, “Saúl dijo a su hijo Jonatán y a todos sus servidores que haría morir a David; pero Jonatán, hijo de Saúl, amaba mucho a David y avisó a David” (1Samuel 19:1-2)

En su huida, David cuenta con el favor de su esposa, y de Jonatán. El capítulo 20 reproduce un encuentro entre los dos, del que hay que rescatar la frase de David “Haz este favor a tu siervo ya que hiciste que tu siervo estableciera contigo alianza de Yahveh; si hay falta en mí, dame tú mismo la muerte…” (1Samuel 20:8). El episodio se cierra con un juramento: “Juró de nuevo Jonatán a David por el amor que le tenía, pues le amaba como a sí mismo”. (1Samuel 20:17)

Al día siguiente, cuando Saúl descubre que su hijo Jonatán está ayudando a David, “Se encendió la cólera de Saúl contra Jonatán y le dijo: “¡Hijo de una perdida! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Jesé para vergüenza tuya y vergüenza de la desnudez de tu madre? Pues mientras viva sobre el suelo el hijo de Jesé, no estarás a salvo ni tú ni tu realeza; así que manda a buscarlo y tráemelo, porque es reo de muerte”. (1Samuel 20:30-31). En el versículo 41 se narra la despedida de ambos: “se abrazaron los dos y lloraron copiosamente”. Desde esa vez nunca más vuelven a encontrarse, pues David comienza una vida errante a la cabeza de un numeroso grupo de “entrampados y desesperados” hasta el día en que David –hallándose en Siquelag- se entera que Saúl y Jonatán han muerto a manos de los filisteos en la batalla de Gelboé. David, entonces, entona una elegía en su memoria, de la que resulta altamente significativo el siguiente verso “¡Jonatán! Por tu muerte estoy herido, por ti lleno de angustia, Jonatán hermano mío, en extremo querido, más delicioso para mi tu amor que el amor de las mujeres

Ante esta historia, una mente libre y sin prejuicios no puede dejar de advertir que David que amaba a otro varón, que sentía que su amor por Jonatán era más gozoso y placentero que el de sus tres esposas; un amor sellado con un juramento; que ese amor era percibido y despreciado por Saúl hasta el punto de generar sentimientos tan violentos como para buscar su muerte. Sólo un dogmático, un fariseo, un fanático buscaría justificar el lenguaje bíblico de estos pasajes, para presentar el amor erótico entre David y Jonatán como una amistad de camaradas, de colegas, de cómplices. Sólo un dogmático, un fariseo y un fanático no vería en esta conducta de David al menos un bisexualismo, pues, aparentemente también gozaba con sus tres esposas y como sabemos, cuando era ya un varón maduro y un rey con poder, tuvo varias mujeres e hijos y se sintió apasionadamente atraído por Bethsabé, lo que lo llevó a planificar el crimen de Urías, que a la postre lo perdió. Sólo un dogmático, un fariseo y un fanático exigiría la lapidación de David.

¿Por qué narrar los pecados de juventud –si así se los pudiera calificar haciendo una concesión- del gran rey, favorito de Dios? Porque la Biblia, narra la experiencia de los hombres de carne y hueso, pecadores, “pobre barro pensativo” como decía Vallejo, en su conflictiva relación con Dios. Porque Dios no condena, sino salva, porque el Dios cristiano es el dios de la vida y no de la muerte; historia verdadera de David sobre la cual los cristianos confundidos y asustados que marcharon el sábado 4 debieran reflexionar y pedir a sus pastores que hagan lo mismo.

Comentarios (1)

Apreciado Alfredo, admiro tu

Apreciado Alfredo, admiro tu profundo conocimiento de aspectos de la Biblia para analizarlos y colocarlos en contexto actual.
Es bastante preocupante observar cómo se están conduciendo las mentes fundamentalistas y las mentes extraviadas, Oscurantismo en ciernes que hace actual la Edad Media y la gráfica para que podamos entender de qué estamos hechos: de carne desabrida a la que lo único que la aderezaría sería una culturizacion masiva. Por qué no ocurre, me pregunto y me pregunto. Nada tienen que envidiar aquellos hombres de la época del David y Goliat, Saúl y Jonathan.

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