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Goles neozelandeses

Enviado el 08/11/2017

Creo que muy pocos periodistas deportivos han explicado a los adolescentes peruanos que pugnan por hacerse los más estrambóticos tatuajes, que esos dibujos en la piel provienen de una costumbre de los indios maoríes de Nueva Zelanda (¿puedo llamarlos así sin levantar sospechas de racismo?), que imitaron primero los marineros balleneros, luego los presidiarios de Australia y, por último, las prostitutas de Londres, antes de que, un siglo después, los hippies de los wonderful sixties los resignificaran.

Por mi parte, debo haber escuchado por primera vez el nombre de Nueva Zelandia en boca de mi profe Rodríguez de la primaria. Un día dijo que, de acuerdo al Censo Nacional de 1961, en el Perú había 23 millones de ovinos, “o sea que a cada uno nos toca dos carneros”, sentenció, para risas de todos. “Pero no se preocupen, porque Nueva Zelandia tiene 48 millones de cabezas y es un paisito de 2 millones de habitantes”, añadió, aguando el festejo.[1]

Ahora que ya sé que en esa isla lejana el deporte más popular es el rugby,  que su selección femenina va a los mundiales del futbol y que sus deportistas han ganado 42 medallas de oro olímpico, (frente a una peruana), también me interesé en saber algo más de ese paisito al que en una ocasión don Pepe Mujica, el ex guerrillero tupamaro, convertido en político demócrata y socialista, se había referido como un ejemplo a seguir[2] (ojo izquierdistas peruanos, que no mencionó a Cuba o la Venezuela chavista). Y me he enterado que en Nueva Zelandia la agricultura y la ganadería son el eje de su economía y ha llegado a ser uno de los países más desarrollados del mundo, pese a no haber seguido el camino de la industrialización pesada de USA, Alemania o Japón; Rusia, Corea del Sur o China.

Ese es un fenómeno no suficientemente explicado por la Economía, pues la razón no estriba en que allá hubo migración anglosajona y aquí no, como dirían Butters y compañía. No me satisface saber que Nueva Zelanda no tuvo Sendero, ni terremotos, ni las inundaciones del Fenómeno del Niño en los últimos 60 años. Tampoco, que algún lectorcito de Max Weber me diga que la ética de anglicanos y metodistas construyó allá una moral de productores, mientras que aquí el catolicismo colonial sólo trajo sumisión, borreguismo y estallidos de violencia intermitentes, sin revolución. El finado Alfonso Quiroz nos recordaría que los isleños no han tenido los políticos corruptos que nos adornan y sus empresarios sí pagan impuestos. Los demógrafos tendrían también algo que decir, porque no es lo mismo intentar dar de comer, vestir, educar, curar y divertir a 30 millones de peruanos que a cinco millones de neozelandeses ¿no? Otro, agregaría que el centralismo limeño ha sido un factor distorsionante de nuestro crecimiento, multiplicado por el capitalismo salvaje que propulsó Boloña.

¿Algo tiene que ver el sistema político con el desarrollo de la sociedad neozelandesa? ¿Algo tiene que ver un sistema de dos partidos grandes con programas claros y conductas previsibles? ¿Algo influye el que tenga un gobierno que surge de la mayoría parlamentaria? ¿Y la muy activa participación de las mujeres en la política? Claro, facilita saber que Nueva Zelanda fue el primer país del mundo en instaurar el voto universal en 1893, lo que incluía a las mujeres, mientras aquí en 1896 se restringió el voto sólo para darlo a los propietarios que supieran leer y escribir. No olvidemos que la exclusión de las mujeres duró hasta 1956, la de los analfabetos, hasta 1980 y la de militares y policías en actividad hasta ¡el 2006! Según la Economist Intelligence Unit, Nueva Zelanda tiene uno de los índices más altos de participación política en el mundo con 8.89. Por nuestra parte los peruanos -que empatamos el primer lugar en Sudamérica con Argentina- tenemos 6.11 de puntaje.

Seguramente, digo, tiene que ver la actuación de los políticos en el poder con respecto a los pueblos indígenas (lo que es mirarse en el espejo de la historia en el fondo ¿no?), lo que explica que la sociedad neozelandesa haya alcanzado los niveles de integración, bienestar y seguridad que no tenemos entre nosotros. Todo esto más allá del consabido buen nivel del gasto en educación, salud, justicia y seguridad y del muy reducido en defensa. Por ejemplo, el saber que en junio del 2008 el Gobierno neozelandés llegó a un acuerdo con siete tribus maoríes, para restituirles la propiedad de 176.000 hectáreas de territorio injustamente expropiado en el siglo XIX, mientras que aquí un año después, un gobierno que se decía socialdemócrata, dispuso la expropiación de los bosques y las tierras a los pueblos amazónicos, provocando una masacre, termina por avergonzarme y sublevarme.siglo XIX.




[1]
La ganadería ovina neozelandesa es una de las mejores del mundo. Con auges y crisis y con picos como el de 1983 en que llegó a tener más de 70 millones de cabezas, en 2012 registró 30 millones, mientras que el Perú en ese mismo año tuvo 9.5 millones. Somos grandes consumidores de su leche en polvo.

[2] “Yo creo que Nueva Zelanda es verdaderamente un país industrializado a pesar de vender –como nosotros– carne, leche y lana. Pero tiene un grado de industrialización muy superior al de Uruguay. Industrializar es el proceso de producir más valor en menos tiempo”. https://www.valorsoja.com/2014/07/25/mujica-dio-catedra-sobre-desarrollo-nueva-zelanda-es-verdaderamente-un-pais-industrializado-a-pesar-de-vender-carne-leche-y-lana/

 

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