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Entre el azar y la voluntad

Enviado el 09/08/2017

Las batallas políticas se libran en distintos campos, en las calles, las urnas, la prensa, el Congreso, el gobierno y también en la academia. Ya sabemos que las imágenes que tenemos del pasado influyen en nuestras actitudes y comportamientos del presente. De ahí la importancia de los balances y evaluaciones, pues la interpretación de lo que pasó es asunto fundamental. Así, mientras los publicistas libran encarnizada lucha por ocultar o destacar los escasos 41,057 votos por los que perdió Keiko Fujimori; la muñeca financiera del presidente; el magro 5.8% de votos que obtuvo Alan García; los actos de corrupción que alcanzan a tirios y troyanos; o la división de la izquierda, los intelectuales pretenden fijar la verdad objetiva de lo acontecido, releyendo la secuencia de los hechos y ahondando en diversas facetas de la realidad, de manera que, luego, maestros y ciudadanos informados conviertan en sentido común sus hallazgos.

El Grupo de Investigación de Partidos y Elecciones de la Universidad Católica, encabezados por Fernando Tuesta, acaba de presentar un conjunto de catorce estudios en el libro “Perú: Elecciones 2016. Un país dividido y un resultado inesperado”, cuando, ya calmadas las aguas post-electorales, resulta conveniente una mirada reflexiva a un fenómeno tan complejo como fueron las batallas de abril y junio, cuyas consecuencias de su desenlace estamos viviendo (o padeciendo) ahora.

Tuesta recuerda que “fue Keiko Fujimori la que se consolidó, durante mucho tiempo y hasta escasos días de la segunda vuelta, como la ganadora. En otras palabras, a pesar de que la incertidumbre parecía baja, los resultados fueron imprevistos” (p.9). Cambiando al sujeto de la oración, semeja a la descripción de la situación del PPC en el verano del 2014, cuando parecía tener la alcaldía de Lima en la mano.

También afirma que “[el] escenario final, incluido el Parlamento, sólo puede ser entendido por la exclusión de las candidaturas de Acuña y, sobre todo, de Guzmán” (p. 36);  lo que nos lleva a imaginar que si Acuña terminaba segundo y Guzmán, tercero, no es seguro que éste terminara apoyándolo o al revés.[1] ¿Tan volátiles somos los peruanos? Sin embargo, reconoce que “la decisión del Frente Amplio, a través de Mendoza, de apoyar a Kuczynski, luego de una esquiva y confusa posición, fue determinante” (p. 23); lo que nos lleva a subrayar la importancia de los actores principales y de las decisiones que toman en momentos clave.

En otro de los trabajos, Tanaka, Sosa y Puémape cuestionan el peso que Nelson Manrique le da a los factores históricos y estructurales (clase, etnia, territorio) como explicación del comportamiento electoral de buena parte de los ciudadanos, destacando -más bien- la importancia de las estrategias de campaña, y los errores y aciertos de los candidatos. Así, concluyen “la historia puede contarse como una derrota autoinflingida [de KFH], y el triunfo  de Kuczynski como una victoria accidental” (p. 272).

Y si de campaña y organización se trata, el análisis que hacen Verónica Ayala y Enrique Patriau de los equipos de campaña de cinco partidos, muestra que el equipo fujimorista llevaba una clara ventaja sobre el resto. No sólo porque la candidatura de Keiko “se empezó a gestar con mucha anticipación” o por tener una organización nacional, sino porque su estrategia resumida en el lema “El futuro está en marcha”, “respondía a la intención de contener lo que en el partido se consideraba el flanco más débil, esto es la herencia del régimen fujimorista de la década de 1990…” (p. 165) y que la llevó a admitir que la Comisión de la Verdad había tenido un trabajo positivo (p. 164). Y aunque no lo señalan, Fuerza Popular llevó ventaja también en cuanto a fondos disponibles: 30.6 millones de soles en gastos declarados ante la ONPE, frente a los 24.6 de Alianza para el Progreso de Acuña, 21.2 de PPK, 9 del APRA-PPC o 3.6 de Solidaridad Nacional de Castañeda-Luna (p. 77)[2]

Pero la campaña también demostró que la plata como cancha no lo hace todo. Los excelentes resultados de la campaña izquierdista en los resultados parlamentarios refutan el determinismo económico marxista, pues sólo invirtió 12,986 soles por cada congresista elegido, mientras que los ganadores tuvieron que desembolsar 419,324 por cada uno; PPK más aún: 1’179,237 en publicidad por cabeza y el millonario Acuña, más todavía: 2’737,318 soles por cada uno de sus nueve congresistas. ¿A eso se puede llamar voluntad de poder, como decía Nietzsche, o sentido de la oportunidad, para colocarse como alternativa a todas las demás candidaturas, como hizo Verónika Mendoza?

Rafael Arias y Cristhian Jaramillo, por su parte, nos recuerdan que en el principal campo de batalla, en Lima Metropolitana, donde reside un tercio de los electores del país, si bien Keiko Fujimori había ganado en 28 de 43 distritos en la primera vuelta, todos del mundo popular, su derrota vino en la segunda vuelta, pues bajó a 22 distritos y sólo creció del 39.3%  al 48.7% de los votos válidos, mientras PPK saltó de 15 a 21 distritos en los que ganó y pasó del 31.1% de los votos de abril al 51.3% de los votos de junio (p. 303).

Tal vez la frase de Tanaka puede sintetizar la sorprendente victoria pírrica de PPK: “la fuerza más importante que atrajo sus votos [los de PPK] no fue tanto su oferta electoral, sino la vitalidad del antifujimorismo” (Tanaka y otros p. 279). ¿Y qué es el antifujimorismo? Tuesta rescata la definición que dio Alberto Vergara como “la afirmación recurrente de una voluntad democrática clamando por representación” (p. 35). Aunque con lo sucedido en los últimos 14 meses, el despliegue de la vocación autodestructiva de la izquierda, del PPC, Acción Popular, Perú Posible y el humalismo, pinta un panorama muy oscuro para el futuro inmediato de esa voluntad democrática.




[1]
¿Alguien sabe cuál es la posición de Julio Guzmán sobre las huelgas de maestros y de médicos?

[2] Debo decir, sin embargo, que el artículo “Partidos pobres, campañas ricas”, es flojo; muy por debajo del conjunto, no sólo por sus imprecisiones sino por sus saltos lógicos e inconsistencias.

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