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Premiadas y amenazadas

Enviado el 09/12/2015

“Si han decidido ser unos defensores de los derechos humanos, luchen por su pueblo”

Máxima Acuña

 

En 1948, la Asamblea de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Existía entonces una urgencia por expresar al mundo los límites que tiene el poder y por exigir a las naciones el respeto y la protección a la dignidad humana. En los siguientes años ha destacado en especial la lucha de las mujeres por el reconocimiento mundial de sus derechos, de modo que en las últimasdécadas,la acción global se ha desplegado en favor de los derechos humanos de las mujeres, uniendo voces para denunciar actos y abusos que, en algunos casos, como en nuestro país, continúan pendientes de justicia.

El día de ayer, martes 8 de diciembre, se realizó la XXV entrega de los premios a los defensores de los Derechos Humanos. Este año, la Coordinadora Nacional deDerechos Humanos otorgó el Premio “Ángel Escobar Jurado” a la jueza Inés Tello, quien condenara al Grupo Colina,  el de periodismo y derechos humanos a los colegas de “Ojo Público”, y el premio especial a Máxima Acuña y a las mujeres de Anta y de la provincia de Huancabamba, afectadas por las esterilizaciones forzadas puestas en marcha por el ministerio de Salud, durante el gobierno de Alberto Fujimori.

Durante la emotiva ceremonia, el aplauso reafirmó una vez más el compromiso que existe, por alguna parte de nuestra población, de continuar la lucha en la defensa de los derechos humanos. El coraje y la fuerza en la voz de Máxima Acuña, cajamarquina que le ganó un juicio a la minera transnacional Yanacocha, confirmó su resistencia en la búsqueda de la justicia. “Si han decidido ser unos defensores de los derechos humanos, luchen por su pueblo”, dijo. Por su parte, la jueza Inés Tello reclamó al Estado el poco interés que existe por que se esclarezca el número de desaparecidos de La Cantuta: “No se piensa en los que quedan, ni en los familiares”, resaltó. Más tarde, el grupo de mujeres afectadas por las esterilizaciones subieron al estrado del gran teatro de la Biblioteca Nacional y en una sensible celebración y reivindicación de sus derechos, recibieron un premio especial. Este fue, sin duda, un espacio para visibilizar, una vez más, la lucha constante que lleva este grupo de mujeres hace ya 18 años.

Donde existe reconocimiento, existe la denuncia

Si bien es necesaria una afirmación en la lucha por la defensa de los derechos humanos, es innegable que para los próximos meses, nos queda un panorama bastante sombrío. En pleno contexto electoral y conlos resultados de intención de voto de las últimas encuestas, nos situamos en un duro momento en la historia política de nuestro país.

Existen, pues, fuerzas que se oponen a la lucha y a la denuncia, y así lo confirmó, el día ayer, Esperanza Guayama, presidenta del Comité de Mujeres Esterilizadas, cuando hizo públicas las amenazas que viene recibiendo, desde hace algunos unos meses. Esperanza dio a conocer que existe un grupo de personas en Huancabamba, que se toman el trabajo de caserío por caserío, para sembrar el miedoentre las mujeres que quieren unirse al Comité de Mujeres Esterilizadas del lugar. Según comentarios de Esperanza y de otras huancabambinas, estagente busca intimidara quienes se atrevan a denunciar lo sucedido: “Deberías agradecer que te hizo un favor, pobrecito (Fujimori). Está enfermo el viejito ahora”, les dicen, riñéndolas y, en seguida, les regalan medicinas o calaminas para la construcción de sus casas, según afirmaron. Además, Esperanza denunció que ha estado recibiendo llamadas telefónicas amenazantes: “Hoy y anoche me llamaron y me dijeron: ‘Ándatea que te entrevisten. Hazte la valiente, pero después no estés llorando’. Yo le dije: ‘yo defiendo los derechos humamos y moriré por ellos’. Ya estos díasque he estado en Lima, igualito, pero yo no tengo miedo, yo sigo luchando y lucharé por todas las mujeres ligadas. Seguiré luchando por todas mis hermanas”

Este acto de provocaciónno es el primero que sufren las defensoras de los derechos humanos. Máxima Acuña también recibió amenazadas en el 2014. Sin embargo, desde entonces y hasta ahora, el Estado no hace nada por garantizar su seguridad.

Mujeres que son el rostro de casos que aún se mantienen a la espera de justicia ya no solo deben pelear para exigir justicia, sino que también llevan la responsabilidad de proteger a sus familias y a los miembros de su comunidad, de ataques que pudieran costar la vida de alguno de ellos. Es, entonces,el momento no solo de aplaudir a estas ciudadanas, sino de también de demandar para ellas las garantías que les brinden la protección y seguridad que merecen.

 

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