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Lógicas binarias en conflictos

Enviado el 10/05/2017

Nuestra historia reciente ha estado acompañada por los conflictos sociales. El Estado, la ciudadanía y los empresarios -de alguna manera- han tratado de entender ese fenómeno social que será parte de nuestra agenda pública por muchos años más. Sin embargo, sigue siendo un fenómeno incomprendido, y hasta un pretexto para atacar al adversario o para incluir aquello que no se comprende dentro de la conflictividad social.

Recordemos qué dijo el nuevo Viceministro de Gobernanza y Territorialidad, Javier Fernandez-Concha acerca de esa situación: «El conflicto se da cuando hay una crisis, una toma de carretera, un secuestro y se rompe el orden jurídico. Allí la posibilidad de conversar ya no existe, esa es la parte más álgida de la crisis». Se confunde conflicto con crisis y a su vez con la consecuencia de “romper el orden jurídico” (¿la ley?). Podemos afirmar por experiencia o constatación empírica, que eso no es exacto.

A propósito de esto último, en estas líneas propondré dos reflexiones que podrían contribuir conceptual y reflexivamente a comprender lo que suponen los conflictos sociales. Estas son de los filósofos Giovanni Sartori y de Leonidas Donskis.  El primero en su libro “La sociedad multiètnica”, y el segundo en “Ceguera Moral”, escrito con Zygmunt Bauman.

Sartori, en consonancia con distintos autores, señala algo que a estas alturas debe ser un hecho del sentido común, al menos en los agentes del Estado: que no existen sociedades homogéneas. «Todas las sociedades están diferenciadas», afirma ese pensador. Pero no solo esto se aplica en sociedades con distintas realidades culturales como ocurre en nuestro país. También vale para aquellos que supuestamente son más homogéneos. Al respecto, «pensar otra cosa es ingenuo», nos advierte. Por lo tanto, no tomar en cuenta este dato hará insuficiente el análisis de la conflictividad social.

Las relaciones humanas son conflictivas. Y esto significa aceptar y reconocer la existencia de diversidad de formas de ser y estar en sociedad. Por ello, ese filósofo italiano llama a esa realidad “pluralismo social”. Y su característica principal es que suele generar desacuerdos, oposiciones, desencuentros o conflictos. Sin embargo, ¿esto siempre debe considerarse necesariamente como crisis, tal como lo afirma el burócrata mencionado? La academia y la experiencia nos conducen a contestar con un enfático no.

En cambio, si situamos lo anterior en términos constructivos, entenderemos que estamos invitados a tener en cuenta y comprender las diferencias. Así, Sartori señala que «el elemento central de la Weltanschauung pluralista [la pluralidad de creencias] no es el consenso ni el conflicto, sino, en cambio la dialéctica del disentir, y a través de ella un debatir que en parte presupone consenso y en parte adquiere intensidad de conflicto, pero que no se resuelve en ninguno de estos dos términos». Así, nuestras relaciones humanas se establecerían debido a la dinámica permanente de debate que existe entre nuestros consensos y conflictos.

Ahora bien, ¿es sencillo realizar ese ejercicio dialéctico? Dada la historia de nuestro país, y cómo se ha gestionado la conflictividad social, esto es un enorme reto. Por ejemplo, hallamos dificultades cuando se afirma sin duda que quienes participan en conflictos sociales son revoltosos o enemigos del progreso, haciendo una oposición entre lo bueno versus lo malo, lo civilizado en contra de lo incivilizado, lo culto enfrentándose a la ignorancia. Resumiendo, se razona para explicar algunos conflictos sociales aplicando lógicas binarias, de pares siempre opuestos.

¿Por qué razonaríamos así? Hay varias explicaciones. Por ejemplo, Leonidas Donskis plantea una reflexión interesante. Afirma que nuestra humanidad ha acostumbrado a señalar que «el mal vive en otro lugar. Creemos que no vive en nosotros, sino en ciertos lugares, ciertos territorios fijos en el mundo que nos son hostiles o en los que tienen lugar cosas que amenazan a toda la humanidad». Si cambiamos “humanidad” por “progreso económico”, “el desarrollo”; o “provincias oponiéndose a Lima” nos evocará exclamaciones conocidas. La prensa local o algunos “líderes de opinión” cuando critican a los actores en conflicto social suelen hacer esas irresponsables afirmaciones.

Así, siempre el “infierno es el otro”. Y cuando se trata de conflictos sociales, es más fácil acusar de “intransigentes”, “agresores”, “vándalos” a quienes muchas veces son motivados por razones justas, en vez de reconocer la posibilidad de la autocrítica y reconocer en nosotros la capacidad de cometer injusticias. Requiere menos esfuerzo –aunque se aparente efectividad analítica- cuando se razona binariamente en vez de emprender complejos caminos de aceptar en los otros horizontes de vida, ideas de progreso, políticas, culturales, o creencias religiosas y un prolongado etcétera.

Finalmente, Sartori afirma que «cuando el conflicto es parecido a la guerra, no ayuda en nada para construir la ciudad liberal democrática». Por esto, todos tenemos un enorme reto de situarnos por encima de los razonamientos binarios de “adversario contra aliado”. Y, además, reconocernos también como ciudadanos corresponsables de lo que pasa en nuestro país respecto a los conflictos sociales. Y aceptar y respetar a quien participa en conflictos sociales en vez de considerarlo un “enemigo” a quien hay que destruir. 

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E INDUDABLE QUE MENDOZA NUNCA HA APORTADO NADA AL SISTEMA DE ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA, NADIE ENTENDIO PORQUE EL CNM LO NOMBRO SI NO TENIA NI APTITUD ACADEMICA NI CAPACIDAD SOLVENTE PARA SER MAGISTRADO, SIN EMBARGO SE LE NOMBRÓ MAGISTRADO SUPREMO Y NUNCA A PODIDO REALIZAR UNA GESTION IMPERECEDERA, ES UN LASTRE QUE SE LE HAYA DESIGNADO MINISTRO DE JUSTICIA Leer más >>
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