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Chistes malos

Enviado el 12/07/2017

Foto: Perú21

En las últimas semanas hemos tenido un debate público a raíz de los nefastos comentarios racistas de Philip Butters sobre el futbolista ecuatoriano Felipe Caicedo, seguida por los cuestionamientos hechos a Rafo León por las alusiones ofensivas contra Keiko Fujimori proferidas por su personaje ficticio conocido como la China Tudela.

Hasta hace muy poco tiempo, este tipo de expresiones verbales o escritas no hubieran merecido mayor problematización. Lo interesante es que hoy levantan comentarios críticos en las redes sociales, pronunciamientos de autoridades, e incluso sanciones como la cancelación del programa que Butters tenía en un canal de televisión por cable.

Esta reacción es muy saludable teniendo en cuenta cuán normalizado está en nuestro imaginario este tipo de expresiones. Las críticas provenientes de sectores muy diferentes entre sí podrían leerse como el signo de una sociedad en movimiento hacia una menor tolerancia hacia discursos discriminadores de personas o grupos sociales.

Sin embargo, hay muchos pasos que dar todavía. No entraré aquí en los debates que se suscitan a nivel político, por ejemplo en torno a la inclusión de la categoría de género en las normas y políticas públicas. Me limitaré a señalar otros ejemplos extraídos de otros comunicadores públicos.

Hace unas semanas, el periodista deportivo Gonzalo Núñez conversaba con uno de sus colaboradores en el programa diario que tienen en Radio Exitosa. Extrañamente, en el rato que capté la emisora no hablaban de alguna actividad deportiva, sino que compartían sus gustos particulares sobre la forma en que vestían las mujeres (ignoro cómo se introdujo este tema en un programa de este tipo). Intento reproducir el diálogo que llamó mi atención:

 

-          Eso sí, lo que no acepto es que mi mujer se ponga licra – exclamó Núñez.

-          ¿Cuál es el problema? Ellas pueden ir como quieran – le planteó su interlocutor.

-          ¡Ni hablar! – insistió Núñez. Y a continuación, con la exaltación que es propia en él, preguntó: ¿Acaso tú vas a dejar que tu mujer vaya mostrando el trasero por la calle?

Lo que llamó especialmente mi atención en este diálogo fue la frase “vas a dejar”, pues - sin decirlo – expresa claramente que es el varón el que decide cómo viste la mujer. Y aunque no fue parte del diálogo, uno podría seguir la lógica expuesta por el periodista: es el varón el que, en última instancia, determina lo que la mujer puede decir, adónde puede ir, qué debe pensar, cómo debe comportarse en los diferentes aspectos de su vida.

Así las cosas, frente al “pensamiento Núñez” es inevitable preguntarse: ¿y qué pasa si la mujer “no se deja”, y decide por sí misma cómo vestirse, qué pensar y decir, cómo comportarse? Y entonces uno descubre que detrás de la aparente inocuidad de un comentario hecho a la ligera, casi como entre dos amigos que conversan en la calle, se esconden esos argumentos que suelen emplearse para “justificar” la violencia contra las mujeres, e incluso el feminicidio.

Encontramos otro ejemplo en los programas humorísticos, que apelan constantemente a estereotipos e imágenes discriminatorias de homosexuales, afroperuanos o indígenas. Basta escuchar, por ejemplo, los chistes sobre homosexuales que de vez en cuando suelta Hernán Vidaurre en el programa “Conexión en RPP”, sin que la conductora Milagros Leiva atine a atajarlo en forma contundente. Este recurso es también usado en forma recurrente en el programa “Los Chistosos”, el cual no solo sintoniza con el humor popular en el Perú, sino que también es un canal de expresión del conservadurismo moral y la banalización de los discursos discriminatorios en nuestro país.

En un reciente artículo, Francesca Denegri celebra que en la actualidad exista “una masa crítica de peruanos y peruanas de todas las generaciones y grupos sociales, pero sobre todo de jóvenes que están dispuestos a combatir el racismo en los colores y texturas en que este se presente”. Los ejemplos aquí expuestos muestran que tenemos aún tarea pendiente para lograr que los discursos machistas, homofóbicos y discriminatorios que cabalgan en estos espacios solo queden como chistes malos de los que nadie se ríe, y que por eso mismo dejan de contarse.

 

Twitter: @RivasJairo

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