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Un viejo debate, el poder

Enviado el 12/10/2016

Comienzo este comentario con una referencia a un célebre artículo de Alberto Flores Galindo publicado en 1982, referido a la polémica Haya-Mariátegui. El artículo, además de presentar un conjunto de cartas inéditas –entonces- de Eudocio Ravines encontradas en el Archivo Mariátegui, buscaba establecer el tema central de esta polémica: el poder político.

Desde esa perspectiva me parece indudable que no hubo vencedores: en la coyuntura política en que se produjo el debate, ninguno de los partidos que se planteaban ese objetivo llegaron a concretarlo. El poder se mantuvo en manos de la oligarquía agroexportadora, con el apoyo del Ejército, cerrando la crisis revolucionaria de los años treinta. Los cambios producidos en el Perú durante las siguientes décadas hasta que el régimen militar de 1968 pusiera fin al régimen oligárquico y, con ello, el papel cumplido por el aprismo y el socialismo en este proceso; y la forma como los herederos de Haya y Mariátegui hayan logrado acceder a cuotas de poder político en el Estado, y como lo han ejercido hasta el presente, son otros temas de discusión. Aquí me atrevería a decir que a ese respecto tampoco hemos salido vencedores.

Con lo señalado hasta el momento quiero dejar en claro dos cosas. Primero, romper con la idea de que la polémica Haya-Mariátegui fue el hecho fundacional que explica la trayectoria política del aprismo y del socialismo hasta nuestros días, debate que debía ser zanjado en la lucha política. Es así como se interpretaba, política e ideológicamente, la polémica Haya-Mariátegui en la década de los años setenta, expresado en los célebres libros de José Barba Caballero[2] y César Germaná[3].

Segundo, que el debate sobre la polémica Haya-Mariátegui se ha desarrollado en diversos campos (o niveles) que se entrecruzan entre sí, impidiendo la necesaria reinterpretación de este hecho histórico: la militancia partidaria (como forma de reforzar la identidad interna), la lucha política (donde el aprismo y el socialismo se reconocen como dos tradiciones políticas distintas y contrapuestas) y el historiográfico. Con ello no quiero decir que para debatir sobre este tema no se pueda tener o tomar postura por Haya o por Mariátegui, ser aprista o socialista (o ninguno de los dos), lo cual es lícito, sino que hay que tener claro en qué campo se desarrolla este intercambio de opinión.

No está demás decir que ambas cosas han producido, a lo largo de las décadas, buena y mala literatura. Con esta última no hay que tener concesión alguna, venga de donde venga, no voy a caer en la casuística o en los mutuos reproches. Lo que quiero decir, es que para un debate o un intercambio de ideas serio debemos prescindir de ella. En ese sentido, quiero resaltar que éste se viene desarrollando con la honestidad y la rigurosidad necesaria que es lo más cercano que hay de lo que podemos llamar objetividad.

Creo que en todas las intervenciones ha quedado una idea muy clara: el indudable aporte de la reciente publicación del libro que nos convoca para un necesario replanteamiento del debate Haya-Mariátegui y mucho más: los orígenes del Partido Aprista. Considero que la verdadera causa de la falta de comentarios a tan extraordinaria publicación no es tanto una falta de interés como la expresión de la falta de infraestructura para el fomento de la lectura y de la investigación: déficit de bibliotecas públicas, escaso financiamiento y universidades interesadas más en las ganancias. Esto habría logrado superar el problema del alto costo de una publicación que no merecía menos. La mayoría de los investigadores debemos comprarlos con nuestros propios recursos, y pagarnos la investigación también. También habría que señalar que la base documental y el caudal de información que contiene requieren de un trabajo pausado pero profundo, y eso toma tiempo. Pasado casi un año, los artículos que se están publicando en Noticias SER muestran que ese tiempo ya ha llegado.

Lo que si llega tarde es el replanteamiento de esta vieja polémica. Si algo hay que reclamar a los que nos interesamos en estos temas (me incluyo, mea culpa) es no haberlo iniciado hace mucho tiempo ya, desde que revisé las fuentes por primera vez, allá por mediados de los años ochenta. Antes de la publicación de Los Inicios, existía una numerosa documentación en parte no estudiada o a la que no se le había hecho nuevas preguntas.

Para citar un caso, me remito al tomo II de los Apuntes para una interpretación marxista de la historia social del Perú,[4] donde se publican las cartas intercambiadas entre las distintas células de la APRA alrededor del debate ¿Frente o Partido? que mostraban el carácter epistolar y continental de un debate que desbordaba ampliamente a sus iniciadores. Fueron, como señalé en un trabajo anterior, “años de definición ideológica”. Centrados en las figuras y las personalidades de Haya y Mariátegui, no había lugar para esta fuente.

Tampoco lo había para el estudio de otras figuras y personalidades del aprismo y del socialismo, aunque en ello se ha avanzado más, sobre todo en el caso del aprismo gracias a las publicaciones del Fondo Editorial del Congreso de la República. Pero su papel en el debate Haya-Mariátegui y en la organización del Partido Aprista y del Partido Socialista (luego comunista) todavía están en sus inicios. Ello ha generado esa imagen que se tiene de ellos como apristas y socialistas desde la década del veinte, cuando realmente también pasaron por su propio proceso de “definición ideológica”. El caso más grave es el de Eudocio Ravines que, a partir de su conversión ideológica posterior en los años de la Guerra Fría, se le señala de manera retrospectiva como “traidor”, “renegado” o “agente extranjero”.

También habría que resaltar la falta de acceso a archivos personales o partidarios por diversas razones que no vienen al caso discutir aquí, que, además, se encuentran dispersos. Para una visión general de esta situación, invito a escuchar mi intervención en la presentación del libro de Alberto Adrianzén y Osmar Gonzáles, Apogeo y crisis de la izquierda peruana,[5] que también podría aplicarse al caso del aprismo.

 

Para concluir, casi vencido por los límites del espacio para el presente artículo, quisiera pues a invitar a trabajar solidariamente en el rescate de la historia y la memoria del aprismo y del socialismo que nuestro país tanto necesita en una época de escepticismo y desideologización. Asimismo, saludar a Osmar Gonzáles, Javier Landázuri y Martín Bergel, -al segundo de los cuales no conozco personalmente pero considero ya un amigo-, por este fructífero y alturado intercambio. 

 

Pueblo Libre, 8 octubre de 2016.

 




[1]
Agradezco la gentil invitación de Javier Torres a comentar el intercambio de opiniones que se ha desarrollado en Noticias SER durante las últimas semanas.

[2]Hayade la Torre y Mariáteguifrente a la historia. Lima, Amauta, 1978.

[3]La polémica Haya de la Torre-Mariátegui: reforma o revolución en el Perú. Lima, Sociedad y Política, 1980.

[4]Capítulo Sexto. De la reforma universitaria al partido socialista. pp. 212-375. Lima, Universidad de San Marcos, s/f.

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