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El dolor no se olvida

Enviado el 14/08/2013

Paula Escribens

Mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado interno: a diez años de la CVR

Luego de estar diez años encarcelada injustamente, Milagros es liberada. Luego de diez años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Milagros y las miles de mujeres que, como ella, fueron víctimas de violencia sexual siguen esperando justicia. “Cuchillos en el cielo”, la película de Chicho Durant, nos llevó a conocer a Milagros y con ella la historia de muchas peruanas que fueron víctimas de una violencia extrema que nos confronta con el horror de la guerra y con los límites de lo inhumano. Vemos a una Milagros desencajada, que intenta reencontrarse con la calle y esa otra realidad del mundo externo; mientras intenta lidiar con su propio mundo interno, vemos a una mujer atormentada por los recuerdos del horror.

Esa tan ansiada libertad que Milagros consigue luego de demostrar que es inocente termina siendo parcial; el dolor no sólo no se olvida, sino que los recuerdos la convierten en una cárcel de sí misma. La película nos permite seguirla en el recorrido de reconocerse en una ciudad que es suya pero le es ajena; la seguimos en el sufrimiento de (re)conocer a su hija, nacida producto de una violación múltiple. Esa hija que es tan suya como ajena, que le recuerda a los hombres que en vez de protegerla, abusaron de ella. La película nos muestra a una mujer que intenta reconstruir la relación con su propia maternidad y con esa niña que la rechaza y que también le demanda que se haga cargo de ella. Creo que pensar la maternidad en un contexto como ese nos confronta con lo impensable. He trabajado acompañando a mujeres víctimas de violencia sexual durante varios años, junto con el equipo de DEMUS, institución que apuesta por la justicia y reparación. He podido escuchar los relatos de muchas Milagros que se vieron forzadas a ser madres, que vivieron el inicio de su vida sexual con violaciones múltiples que dejaron en ellas huellas imborrables, mujeres que me siguen sorprendiendo porque no enloquecieron ni se quitaron la vida.

Este 28 de agosto se cumplirán diez años de la entrega del Informe Final de la CVR. Decir que la justicia y reparación para las víctimas es un pendiente que no debe esperar más es repetir el mismo mensaje de todos los años. Decir que cada uno de los afectados y afectadas es importante y que sus heridas deben ser atendidas es más de lo mismo. Pienso que de todas las violaciones a los derechos humanos la violencia sexual es la más difícil de denunciar. Las mujeres sienten vergüenza y temor, son estigmatizadas y señaladas cuando no culpabilizadas, se duda de sus testimonios y se les exige pruebas de un horror que las persigue y que llevan en sus cuerpos y en sus almas. Prueba de ello es que en Huancavelica es la foto de una mujer de espaldas la que nos recuerda a las muchas Milagros que pasaron por experiencias como esas. Seguro muchas de ellas quisieran poder encontrar una sociedad que las acoja y las mire sin juzgarlas, sin dudar de sus historias ni de su dolor y que esté preparada para mirarles el rostro sin levantar un dedo acusador ni darles la espalda.

Creo que a diez años de la CVR y a más de treinta del inicio del conflicto armado interno debemos preguntarnos por qué tantas víctimas siguen esperando justicia, por qué en la mayoría de las escuelas los niños y niñas no saben nada o casi nada de la historia del conflicto armado interno, por qué los peruanos y peruanas seguimos siendo capaces de mostrarnos indiferentes ante tanto dolor, por qué creemos que esto es parte del pasado cuando en realidad los rostros y las heridas de todas estas personas lo que nos devuelven es parte de nuestro presente y del futuro. Me pregunto si cuando se cumplan veinte años de la entrega del Informe y muchas de las víctimas hayan muerto ya, podremos seguir suscribiendo estas líneas. Creo que habiendo pasado una década del trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, esta situación nos revela que somos una sociedad racista, discriminadora y machista, que no le da ningún lugar a mujeres que como Milagros vieron sus proyectos de vida truncados, por la violencia, la guerra, la pobreza y la impunidad que día a día se repite. Me pregunto si muchos de nosotros y nosotras estaríamos tan tranquilos si Milagros fuera nuestra madre, hermana, sobrina o hija.
 

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