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El retorno de los pishtacos y saca-órganos

Enviado el 14/12/2016

En las últimas semanas, los pobladores de Ayacucho y Lima han intentado linchar a inocentes víctimas acusándolas de pishtacos y saca-órganos. En la ciudad de las 33 iglesias se aglomeraron en la comisaría para pretender ejecutar a Manuel Poma Loayza, un joven detenido por sustraer gafas. Y en Huaycán se enfrentaron con la policía que protegía a dos encuestadores que fueron confundidos con traficantes de órganos. Como resultado del enfrentamiento, falleció María Eva Solano Marín y resultaron heridos 17 efectivos y un bombero.

La prensa ha precisado que la histeria empezó con un rumor en las redes sociales sobre traficantes de órganos y cadáveres botados que nadie ha visto ni denunciado. Asimismo, ha señalado que se trata de un psicosocial que pretende distraer la atención de las masas con la manipulación de sus temores más recónditos. Rosa María Palacios indica que lo ocurrido en Huaycán fue un ataque premeditado a la comisaría para cuestionar al Ministro del Interior y generar inestabilidad en una zona donde el fujimorismo obtuvo importante votación. Nelson Manrique arguye que se trata de un psicosocial parecido a los de Vladimiro Montesinos, que busca manipular el miedo, la ansiedad y el hartazgo de los sectores populares.

Considero que estas falsas noticias sobre pishtacos y saca-órganos no forman parte de psicosocial alguno, pues no hay mente maquiavélica detrás de ellas. El rumor simplemente circuló en las redes y creció cual bola de nieve, generando temor e histeria. Creo que los actualizados relatos sobre el pishtaco y los saca-órganos encierran una representación lógica sobre la realidad y sobre las expectativas en torno al futuro inmediato.

El pishtaco o degollador, que proviene de los mitos del ande, es un personaje sobrenatural que ataca a los viajeros en lugares apartados para extraerles la grasa. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, quien en vida se dedicó a recopilar y estudiar los mitos del continente americano, refiere que estos relatos fantásticos y tradicionales encierran los principios estructurales que están presentes en todos los sistemas sociales y culturales y que sirven para que las personas reflexionen sobre las oposiciones o contradicciones universales y específicas de su cultura y para mediar entre ellas e interpretarlas simbólicamente. Desde este punto de vista, el mito del pishtaco grafica la oposición entre campo (tradición) y ciudad (modernidad) y su solución por la intervención de un personaje fronterizo que paradójicamente genera miedo y rechazo.

No obstante, en la segunda mitad de los años 80 el pishtaco se trasladó del campo a la ciudad y en Lima se transformó en el saca-ojos. Precisamente, entre 1987 y 1988 la gente de Ayacucho y Villa el Salvador creyó en el retorno de los degolladores, que extraían y traficaban grasa y ojos para el mercado internacional, con la supuesta venia del gobierno aprista. Tal como ocurre hoy, la masa temerosa e indignada capturó al joven Luis Huaringa Calderón en un barrio de Ayacucho y lo ejecutó acusándolo de pishtaco, en vez de entregarlo a la Policía.

En aquella lejana ocasión, el mito reapareció en una coyuntura particular: en plena guerra entre Sendero Luminoso y el Estado, luego de la estatización de la banca y cuando empezaba la hiperinflación. En 1987 el retorno de los pishtacos reflejaba el fuerte temor que sentían los ayacuchanos por estar en medio del conflicto armado interno y graficaba el profundo recelo que sentían hacia los foráneos o hacia el Estado que decía protegerlos y a la vez respaldaba al degollador.

Casi 30 años después, el mito ha retornado en otra coyuntura particular para nuevamente expresar el miedo, la ansiedad y la incertidumbre hacia el presente y el futuro inmediato. El pishtaco y los saca-órganos han aparecido entre octubre y noviembre, cuando una conjunción de eventos ha generado alarma y temor. Primero, ocurrió un aumento en el precio de los productos de primera necesidad, que golpeó la economía de los más pobres. A continuación, la noticia del déficit fiscal alarmó a los peruanos. Luego, la ausencia de lluvias y el estío puso en jaque la agricultura del campo y el abastecimiento de agua potable para la ciudad. Finalmente, el inesperado triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos generó una inseguridad mundial frente al futuro inmediato, que alcanzó a los peruanos de la ciudad y del campo por la cobertura de los medios masivos de comunicación. A ello agréguese la inseguridad ciudadana que no cesa, pese a las medidas adoptadas por el nuevo gobierno.

Con esta conjunción de hechos fortuitos y adversos se instauró el temor y la inseguridad y estos se manifestaron a través de un referente tomado del pensamiento andino: el pishtaco de antaño, transformado en el saca-órganos limeño. De este modo, los sectores populares canalizan su inseguridad a partir del mítico degollador y expresan sus temores sobre lo que viene pasando en su entorno social y sobre la situación incierta que les toca vivir. Dicha actitud no es más que una respuesta natural y humana ante una situación precaria y que deviene en actos de violencia. Con el motín en la comisaría de Ayacucho o con el execrable enfrentamiento en Huaycán, los pobladores elaboran una praxis que intenta modificar una situación difícil, poniendo en práctica la narración y llevándola hasta el final, sin medir las consecuencias.

La creencia en el retorno de pishtacos y saca-órganos es, pues, un acto humano estructurado en relación con la difícil y complicada coyuntura de los tiempos actuales, que encuentra explicación a partir de la observación de dicha coyuntura. Por lo tanto, toda elucidación que pretenda reducir el problema al maquiavelismo de un autor de psicosociales o a la tozuda creencia ilógica de los sectores populares carece de fundamento y se desploma cual castillo de naipes.

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Comentario Destacado
Muy claro Jefrey, lo lamentable es que amplios sectores de la sociedad ayacuchana no muestra organizacion alguna, cosa que si hacen los que se benefician de la corrupcion. Entonces "a robar que el mundo se va a acabar" parece ser el modelo de la conducta social actual y futura Leer más >>
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