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La Nueva Dictadura

Enviado el 14/12/2016

No ha sido necesario el golpe de Estado, ni el uso de la fuerza militar, ni las masacres directas al cuerpo de peruanos y peruanas inocentes, para la imposición de un grupo que diciéndose político, le llega a hacer ojos a lo lumpen, en su discurso y sus omisiones para muchos interesadas. La dictadura que nació el 5 de abril de 1992 acaba de aparecer, otra vez, pero ahora, amparada en lo que muchos conceptualizan como “Democracia”, una democracia formal: elegidos en elecciones, con resoluciones del JNE, haciendo uso de la función otorgada constitucionalmente a uno de los poderes del Estado que, en los hechos, ha sido capturado.

Así ha nacido una nueva dictadura, ese régimen político donde según la RAE, “una sola persona gobierna con poder total, sin someterse a ningún tipo de limitaciones y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad.”

La estrategia de la cúpula fujimorista de llegar con creces al Legislativo, en un escenario político donde el Ejecutivo no tiene un partido unido y sólido -que tampoco reconoce o no le importa lo que el fujimorismo ha demostrado ser (asesino, corrupto, impune, cuestionado por su presunta ligazón a otras lógicas de crimen organizado)-, ha tenido claro éxito. A pesar de haber llegado al Parlamento en elecciones donde hubo mucha desinformación, tergiversación, tapers regalados e incluso dinero por votos; con resoluciones de un JNE que terminó avalando el cuestionado retiro de otros contendores políticos. Se pidió en su momento la nulidad de las elecciones por el fraude consumado, pero nadie empujó ese carro a contra corriente. Se le dejó pasar. Y eso que ya sabíamos qué significaba tener al fujimorismo en el poder.

En el Legislativo, con la aplanadora que le ofreció un sistema de escaños que desdibuja los votos reales que consiguieron del pueblo (y que es materia de una reforma política que no llegará), se coparon con la fuerza numérica comisiones y puestos importantes (incluso de fiscalización), alcance que luego se reprodujo en otras instituciones donde pusieron a los que quisieron y de la forma que quisieron: Defensoría del Pueblo y BCR. Y a la par, “cumpliendo su función”, están avanzando iniciativas legales y constitucionales. La calle se quejó, otras tiendas políticas en minoría también. Difícil hacer algo más cuando la institucionalidad fiscalizadora está tomada, o no se sabe qué hacer jurídicamente hablando cuando la mayoría del Congreso está haciendo lo que quiere. Una situación que en “democracia”, no se ha dado antes.

La forma de llegar al poder formal ha sido diferente, y escandalosa. El discurso también es relativamente nuevo: “estamos luchando contra la corrupción”, “solo estamos haciendo nuestro trabajo” “el pueblo nos eligió para hacer esto”; como si todos y todas fuéramos inconscientes de lo que hizo el fujimorismo en el pasado y lo que está haciendo ahora, una ausencia y manejo de la memoria a la que está apostando con fuerza. Pero lo que está haciendo con el poder no es nuevo: acapararlo, y no para bien, sin importar la impunidad de serias denuncias que caen en algunos que están en sus filas. Tampoco es nueva la herramienta: el uso del miedo, de varios miedos (¿regreso del terrorismo con el mausoleo?, ¿inseguridad ciudadana con lo acontecido en Huaycán o los rumores de los pishtacos?).

Teniendo al frente a otros partidos políticos que tienen sus problemas propios, y con el fantasma de dineros que aún no se sabe bien de dónde provinieron, la mesa está bastante bien servida a esta nueva dictadura que se ha valido del sometimiento numérico del Congreso y las fallas estructurales de las instituciones y de otros partidos. La censura al ministro de educación es un nuevo éxito… y a pesar de eso aún hay quienes “olvidan” (interesadamente, también) la historia lejana y cercana de lo que puede hacer y hará el fujimorismo. La nueva dictadura está aprovechando esas grandes coincidencias con el Ejecutivo.

La calle. Queda la calle y la marcha de los ciudadanos que, pudiera ser, se cansen más pronto de lo que se piensa, y de tantas cosas que van quedando impunes por mano del Congreso. Eso es lo que no ha cambiado: los ciudadanos como protagonistas, y que lo peor para el fujimorismo es el propio fujimorismo. ¿Se cansará la calle de esta nueva dictadura, de tal forma que nazcan nuevos momentos políticos en que el Congreso, y la cúpula que representa, decidan parar un poco la mano?

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Pepe Tus reflexiones me parecen que siempre serán oportunas para reivindicar y resaltar personajes cuyo ejemplo merece ser considerado en un país con tantas carencias de ciudadanía, de principios y de valores a emular. Con todas las diferencias que pueden haber existido Javier Díez Canseco es uno de esos ejemplos. Solo lamento que se enfatice estos justos mensajes para responder a una persona cuyos comentarios infelices en muchos temas, y su intolerancia y su homofobia dejan mucho que ... Leer más >>
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