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De la prueba PISA a la OCDE

Enviado el 14/12/2016

Lo que está ocurriendo en estos días con la reforma de la educación universitaria es llamativo. Ha sido extraordinario tener en las primeras planas de los diarios la preocupación, al menos pasajera, sobre el destino de la educación peruana. Y para saber en este debate si se está teniendo éxito o no, se ha estado usando los resultados de la prueba PISA en donde el Perú viene participando hace varios años.

Según los últimos resultados de esta prueba, realizada en el 2015 pero publicada este año, de los 72 países participantes en matemáticas, el Perú ocupa el puesto 62 y en lectura el lugar es el 63. Se señala que hemos avanzado, aunque seguimos estando lejos de los primeros lugares y muy cercanos a los últimos. Lejos de los objetivos propuestos por Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que promueve esta evaluación y a la que los últimos tres gobiernos están procurando que el Perú pertenezca. Cabe señalar que esta organización agrupa a 35 países miembros y su “misión es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo”.

Ahora bien, podemos deducir que la OCDE busca estandarizar la calidad de sus países miembros usando como indicador el tema educativo. Así, todos ellos, supuestamente, estarían en igualdad de condiciones a partir de los parámetros que promovería la educación. Aunque es bueno preguntarse ¿iguales para qué? ¿En qué? ¿Para qué debemos estar estandarizados con Chile, México, Singapur, Hong Kong, Macao, Taiwán y Japón?

Según afirma la OCDE la finalidad de pertenecer a ella es “para entender y para ayudar a los gobiernos a responder a los nuevos acontecimientos e inquietudes que se presenten. Esto incluye temas como el comercio, las reformas estructurales, la seguridad en línea y los desafíos relacionados con la disminución de la pobreza en el mundo en desarrollo”. Debo confesar que no puedo dejar de pensar en una palabra una vez leído estos fines: competitividad.  Y como sabemos, en estos tiempos ser competitivos suele significar y privilegiar el enfoque económico. Su propio nombre lo indica.

Siempre se dice que la educación de los países debe promover la producción de conocimiento. Es una frase muy alentadora y exigente, pero hasta ahora nadie explica claramente qué tipo de conocimiento necesitamos. No podemos desconocer que muchos conflictos en el mundo no necesariamente tienen un trasfondo económico, sino, como lo dice Axel Honneth, sería la lucha por el reconocimiento. Reconozcamos distintos, pero iguales en derechos. Que el respeto hacia un país africano sea igual al ejercido hacia un escandinavo.

Por otra parte, no hay que perder de vista que estamos deseando incorporarnos a un club de 35 países en donde se encuentran naciones como Finlandia, Canadá, Israel, Italia, Alemania, Hungría, etc. Países tan disímiles, expresados en sus distintas lenguas, culturas, historias, geografías, con estructuras mentales tan exóticas para nuestro país. Aunque también con experiencias interesantes en temas de Derechos Humanos, que al lado nuestro nos hacen quedar como un país que a regañadientes recién va reconociendo mínimos para lograr la convivencia social.

Sí, el reto que nos propone la OCDE es enorme. Y lo es si solo usamos como indicador la prueba PISA. Sin embargo, antes de querer “jugar en las grandes ligas” debemos tener presente algunas preguntas mínimas. Por ejemplo, ¿existen condiciones sostenibles que podría permitirnos no solo ingresar a la OCDE, sino permanecer según la demanda sus estándares? O dicho de otro modo, ¿hemos resuelto los problemas estructurales de nuestro país que nos permitan estar convencidos de pertenecer a tan notable grupo de países?

Creo que hasta ahora no se han hecho bien las tareas básicas. Según el del Ministerio de Educación en el Perú hay un millón 300 personas analfabetas. El 75% de ellas son adultos mayores con más de 65 años y el resto son jóvenes entre los 15 y 20 años. Además, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadísticas e Informática las cinco regiones con mayor porcentaje de analfabetismo son Huánuco con 16,6% de analfabetos, Huancavelica con 14,9%, Apurímac con 14,5%, Ayacucho 13,8% y Cajamarca 11,8%. Sí, como se podrá concluir, estamos hablando de las zonas más pobres del Perú. Y sumemos a este último dato las cifras de alfabetos funcionales, quienes tienen problemas estructurales muy difíciles de superar en comprensión y redacción de textos. ¿Cómo entendernos bien entre ciudadanos que no saben leer y escribir bien? Complicado.

Así que las tareas en educación son arduas. Y las principales están en casa. Un país con daños estructurales en materia educativa está condenado a la desigualdad permanente. Comencemos seriamente a resolverlos, porque las dinámicas sociales de estos tiempos lo exigen. No lo olvidemos.

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