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Vida andina y cambio climático

Enviado el 15/04/2014

Walter Valer Chacón

La vida del poblador andino siempre estuvo ligada a las condiciones climáticas de su entorno que han influido en sus actividades productivas y reproductivas, pero con cierto equilibrio a diferencia de la que hoy percibimos.

La variabilidad climática es considerada como un desorden o cambio natural que siempre existió producto de las condiciones atmosféricas  extremas; es decir, cuando la temperatura, humedad y precipitación fluctúan por encima o debajo de sus valores normales las que se hacen evidentes mediante las precipitaciones pluviales excesivas, sequias prolongadas o presencia de heladas.

Estos cambios en el pasado no han sido de tanta preocupación por su condición natural y la periodicidad o estacionalidad con la que se presentaban al posibilitar su predicción y, por ello, la programación de la producción agropecuaria gracias a la inmensa capacidad interpretativa de las señas o indicadores climáticos de parte de los campesinos andinos, permitiendo minimizar sus efectos negativos para asegurar las cosechas y conservar nuestro ecosistema y biodiversidad.

Hoy, debido al cambio climático -atribuido directa o indirectamente a la actividad humana, principalmente a la industria-, expresado en el incremento de la temperatura en casi 2°C, la situación es distinta: Las especies vegetales existentes en los valles interandinos buscan adaptarse en pisos más altos o están extinguiéndose y algunos animales migran hacia otros pisos ecológicos en busca de un clima más adecuado.

Es frecuente encontrar valles donde las plantas frutales sembradas para uso ornamental y que nunca dieron frutos, hoy sean  productivas; los moscos y mosquitos -que impedidos por la altitud como barrera natural siempre vivieron en pisos ecológicos bajos- hoy aparecen por encima de los 3000 metros; sucede igual con las polillas de madera, granos, plagas y enfermedades en cultivos, pulgas, ratas, entre otros. Tampoco es extraño ver la frecuencia con la que se presentan los friajes en distintas zonas de la sierra del país que acaban con cultivos y la crianza de animales, o la disminución del agua dulce en las fuentes naturales por disminución de la masa glaciar y escasa recarga a causa de la irregularidad de las lluvias que ponen en riesgo el agua para el consumo humano y la agricultura. Esta gravísima situación nos conlleva a sugerir lo siguiente:

A todos nos corresponde recuperar las enseñanzas ancestrales donde se reconocía a la Madre Tierra como fuente de vida donde prevalecía la convivencia armoniosa de ésta con el hombre, permitiendo la satisfacción de las necesidades humanas sin deteriorar el ambiente.

Cada nivel de gobierno debe asumir un rol protagónico y su responsabilidad para que ciudadanos y autoridades tomen conciencia sobre el cambio climático como el principal problema actual y futuro. Deben reestructurar los presupuestos públicos, emitir o difundir políticas de adaptación y mitigación del cambio climático, y reducir riesgos ante posibles desastres.

Los empresarios deben tomar conciencia sobre el daño ambiental que causan y -sin abandonar su rentabilidad, su responsabilidad social y la satisfacción de necesidades humanas-  optar por una producción más sana y de respeto al ambiente.

Los productores agropecuarios con la ayuda de técnicos deben orientarse a la producción orgánica, construir escenarios para la producción seleccionando animales y plantas (cultivos) que permitan mitigar o adaptarse a estos inevitables cambios.

La población, las entidades estatales y la sociedad civil deberán  recurrir a tecnologías existentes o perfeccionarlas para la siembra de agua, protección de fuentes,  almacenamiento y uso del agua, uso de prácticas para provocar la infiltración mediante la forestación y protección de bosques que incremente la  cobertura vegetal.

También será importante los cambios en nuestros estilos de vida y patrones de consumo como respuesta a este nuevo escenario por lo que debe intensificarse nuestras prácticas para el menor consumo de energía, adquisición de productos con empaques reciclables, disminuir el consumo de agua, caminar, utilizar bicicletas o  transporte masivo de pasajeros, hacer uso de la energía solar, sembrar árboles y practicar el reciclaje, reutilización y reducción de residuos sólidos, entre otros.
 

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Walter Valer Chacón
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    Comentario Destacado
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