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Atipanakuy

Enviado el 16/08/2017

En los pueblos andinos del sur de Ayacucho, en agosto de cada año, la fiesta del agua no sólo se festeja con la danza de tijeras, en algunos pueblos se homenajea con el Atipanakuy, y en la cuenca de Qaracha una de las comunidades que aún mantiene esta festividad es el pueblo de Villa Carapo.

El Atipanakuy que literalmente significa competencia o contrapunteo es una expresión artística, musical y dancística de origen andino e hispano, debido a que los españoles cuando buscaban imponer el cristianismo, incorporaron la celebración a la virgen de Asunción y el uso del arpa y violín, a una antigua celebración.

En el pueblo de Carapo con el Atipanakuy los dos ayllus homenajean al agua durante tres días: de 15 al 17 de agosto, en los que siguiendo el curso de las aguas del Ñawin se realiza primero en la bocatoma, luego en el sitio de Chaquyarqa y el tercer día en Siksipata. Durante los tres días, la actividad se inicia con el arribo de los cargontes con sus respectivos músicos, los huamangos y los bailarines a la iglesia para sacar a la virgen Asunción y pedir permiso para la llevar acabo la competencia. Tras un baile en la entrada de la iglesia se dirigen al lugar del contrapunteo.

El 17 de agosto -día central y de mayor competencia- los habitantes del Hanay y el Uray barrio arriban al sitio de Siksipata guiados por sus huamangos y sus bailarines. Los arpistas y los violinistas contratados de los pueblos de Lucanas u otras provincias aledañas se presentan con sus instrumentos musicales adornados con la cinta peruana, el poncho sujetado con la chalina blanca en la cintura y sus sombreros acicalados con cintas multicolores. Los huamangos encargados de poner el orden bailan con sus singulares cascos, pasamontañas, ponchos de colores, sonajas, puntal y sus diferentes atavíos burlescos. Las bailarinas visten walis, zapatos, blusas, bandas con letras doradas y brillosas que indica la de ser la primera o la segunda guiadora y sus pañuelos. Los bailarines visten zapatos, pantalones, camisas, bandas finamente decoradas, sombreros y sonajas.

La festividad ritual inicia con el contrapunteo de los huamangos, quienes en sus seis intervenciones expresan maniobras burlescas y finalizan con sus mejores zapateos. Continúan con el contrapunteo de los bailarines donde se enfrentan los primeros guiadores, que se caracterizan por su vasta experiencia y por ser los mejores bailarines. Tras ello, compiten los cinco bailarines de cada barrio, en la cual cada bailarín ejecuta seis intervenciones: tres pasadas que consisten en la ejecución de pasos y bailes de elegancia y los tres “positivos” que se distingue principalmente por el zapateo al ritmo del arpa y el violín. Al finalizar la intervención de los seis bailarines de cada ayllu, hay un tiempo de descanso y tablada, donde los asistentes disfrutan la espumilla y los cargontes, comparten la chica, el trago y otras bebidas, siempre con el permiso de la pachamama, los apus y la virgen de Asunción. Al atardecer, continúan las seis bailarinas de cada uno de los barrios quienes también bailan tres pasadas y tres positivos.

En los demás pueblos de la provincia de Huancasancos y Lucanas a esta expresión artística se le conoce también con el nombre de la Navidad ya que se celebra en el mes de diciembre para homenajear al niño Jesús y durante la Bajada de Reyes.

A comparación de la Danza de Tijeras, el origen del Atipanakuy no está relacionado al movimiento del Taki Onqoy, es más bien una competencia ritual de los pueblos de los valles para celebrar al agua al cual se adicionaron las expresiones hispanas como la virgen de Asunción y los instrumentos musicales. Se distingue también por no ser una festividad donde los bailarines ejecutan competencias de mayor sacrificio como usualmente se ve con los dansaq que emplean espadas, espinas y otros elementos dañinos.

El atipanakuy es una competencia donde sobresale exclusivamente el baile, los movimientos corporales, el zapateo y la música rítmica del arpa y violín. Asimismo, a comparación de las vestimentas del danzaq y las tijeras, los bailarines llevan bandas finamente bordadas, los varones sonajas y las mujeres llevan los pañuelos. Por otro lado, si la danza de tijeras es generalmente de expresión masculina, el Atipanakuy es un contrapunteo de igualdad de género.

Esta mañana los huamangos con sus ocurrencias más satíricas vienen recorriendo las calles, los arpistas y violinistas de los dos barrios tocan numerosas tonaditas sentimentales, los bailarines alistan sus mejores atuendos y todo va quedando listo para la mayor competencia en Siksipata, quizá sea el año de los de los pobladores del Uray o del Hanay barrio.  

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