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Mujer, nueva masculinidad y diversidad (I)

Enviado el 17/01/2018

La pregunta que uno debe hacerse ¿Porque personas con poder que son exitosas, admiradas y con buenos ingresos se corrompen? ¿Y porque la abrumadora mayoría son hombres?

No es fácil la respuesta, intentemos algunas.

Resistencia de la decadente masculinidad dominante ante la voz de la mujer.

Las propuestas desde y para la mujer se reproducen y expanden ¿Pero son atendidas? Sus resultados son aun decepcionantes y la resistencia a reconocerlas muy grande: las promesas de hacer algo, caen pronto en el olvido y los argumentos religiosos, de poder y “protección” de la familia, se dan la mano y contienen cualquier cambio.

Las mujeres no pueden decaer en su titánica tarea de defender y ampliar sus derechos. Hacer realidad los cambios que demandan, es lo mejor que le puede pasar a nuestra sociedad y al mundo entero.

Los hombres tenemos -todos sin excepción- una profunda responsabilidad ante lo que sucede. Y ha llegado la hora que revisemos lo que estamos haciendo y cómo lo confrontamos con nuestras propias actitudes.

Sea como padres, jóvenes, novios, esposos, gobernantes, emprendedores o trabajadores a muchos nos va mal y nos puede ir peor en nuestra vida masculina, en nuestra propia felicidad y en nuestras responsabilidades de conducción de la sociedad.

No se trata de negar bajo ningún concepto los privilegios masculinos que esta sociedad concede y reproduce sin cesar: mejores sueldos y puestos de poder, pero además una complacencia y permisividad en sus roles y desempeños plagados de errores o desajustes.

Pero si a muchas mujeres les sigue yendo mal, a nosotros los hombres nos puede ir peor

Una forma de masculinidad que nos debilita.

Entre los textos que trabajan este tema, hay uno de Kate Halloway que me parece revelador y nos ofrece  dos conclusiones que estremecen.: 

“Los hombres morimos antes porque nos descuidamos: tardamos más en reconocer que estamos enfermos, tardamos más en pedir ayuda y una vez que nos ha sido asignado un tratamiento, somos menos consecuentes con él que las mujeres”

“Los hombres que sufren continúan haciéndolo en soledad porque creen firmemente que mostrar su dolor personal es equivalente a haber fracasado como hombres.”

Dígame apreciado lector, si no es eso lo que hemos vivido (o estamos viviendo) en algún momento de nuestras vidas.

Y si la duda persiste los datos de este texto referidos a Estados Unidos son aplastantes: el 90.5% de los asesinatos son cometidos por hombres y el 76.8% de los asesinados son hombres, el 93% de la población reclusa es masculina y el 80% de los suicidas son varones, aunque cabe destacar que las mujeres intentan suicidarse tres veces más pero no cumplen su cometido.

El texto de Holloway afirma “que los hombres ingieren más alcohol estadísticamente que las mujeres, ocasionando “una tasa más alta de hospitalizaciones y muertes relacionadas con la ingesta de alcohol.  (Posiblemente porque hombres bajo la influencia del alcohol tienen más posibilidades de entablar otras conductas de riesgo, como el exceso de velocidad al vehículo o circular sin cinturón de seguridad)”

En cuanto a las drogas la proporción es claramente mayoritaria en hombres que a partir de los 12 años ya inician su consumo. De otro lado la esperanza de vida indica que las mujeres viven 10 años más de promedio que los hombres.

En realidad, estos porcentajes ya forman parte del sentido común, todos los sabemos, y la lista sobre esta abrumadora proporción puede ser aún más larga.

La generalización sobre los hombres o mujeres no es absoluta, muchos no entran en estas categorías. Sin embargo, las tendencias sociales sobre determinadas formas de actuar si son irrebatibles. Y no se trata de concentrarnos sobre los actos ilegales que se hacen públicos, sino también sobre conductas cotidianas comunes que son abrumadoramente mayoritarias, como la falta de cuidado de los hombres consigo mismos, en particular frente a la enfermedad y la alimentación, además de las formas de dominación establecidas hacia las mujeres y sus subordinados.

La observación del citado estudio avanza más, tiene que ver con la propia forma como se configuran las sociedades, y la anotación es reveladora:

“a las chicas les está permitido conservar la expresividad emocional y cultivar la conectividad, a los chicos se les educa para eliminar esas emociones e incluso se les inculca que su masculinidad depende casi exclusivamente de ello”

“Es de vital importancia que nos tomemos en serio lo que le hacemos a los pequeños asignados hombre al nacer, cómo lo hacemos y el altísimo coste emocional provocado por la masculinidad, que convierte a pequeños emocionalmente completos en adultos debilitados sentimentalmente.”

“Cuando la masculinidad se define mediante su ausencia, cuando se asienta en el concepto falaz y absurdo de que la única manera de ser un hombre es no reconocer una parte esencial de ti mismo, las consecuencias son despiadadas y parten el alma. La disociación y desarraigo consecuentes dejan al hombre más vulnerable, susceptible y en necesidad de muletas para soportar el dolor creado por nuestras solicitudes de masculinidad.”

Estamos entonces en una sociedad gobernada por personas que tienen estas carencias, vulnerabilidades y terribles distorsiones. ¿Entonces que puede salir de todo ello? ¿Qué anomalías sociales se alimentan de estas disociaciones básicas? ¿Qué explosiones de violencia pueden brotar luego de la emoción contenida o deformada? ¿Qué compensaciones buscan ciertos hombres cuando acumulan poder?

¿En definitiva que es lo que ocurre cuando los hombres pierden las destrezas de su expresividad emocional y dejan de cultivar la conectividad?

Justo en esta época cuando la relación, la conexión y el liderazgo emocional ante la diversidad es lo que define nuestra convivencia global y social.

Masculinidad dominante y política.

La relación que hoy en día se expande en la política es cómo organizar la oposición y la confrontación: sosteniendo luchas, lanzando denuncias, tomando iniciativas. No hay que ceder sino pechar, atacar, dividir, fidelizar a tus seguidores, defender el territorio, competir y ganar.

No podemos afirmar que ello no debe existir, negarlo es ilusorio y nos desubica de la realidad. Es más, existen justas razones que se expresan frente a actos de inconsecuencia, impunidad y oscuridad. Procesos como el indulto son impuestos y viciados. La corrupción descubierta intenta ser encubierta y eso genera una justa indignación.

El problema empieza cuando esta lógica de actuación se asienta, se expande y empieza a convertirse en dominante y excluyente.  Es entonces que la confrontación se amplía cada vez más y la consecuente polarización es el escenario que empieza a perjudicarnos a todos, sin que muchos incluso no logren ni siquiera darse cuenta pues se mueven enceguecidos y cargados de furia.

Ninguna sociedad puede soportar permanentemente esta situación a riesgo de fraccionarse y entrar en decadencia. Y ningún sector social puede suponer que conseguirá paz y progreso desapareciendo o negando a otros sectores sociales.

En esas circunstancias dejar de lado, descreer, ridiculizar o rechazar el dialogo, el acuerdo, la conciliación y la reconciliación, la adaptación, la concesión, el perdón, y el cultivo personal de la actitud, a la larga terminará perjudicando a todos.

Puede uno estar en desacuerdo con una forma de hacer realidad el dialogo, la reconciliación y el perdón. Pero es nocivo negarlo. Pues eso desata una espiral de violencia y confrontación y a la larga permite que la corrupción se escabulla. La rabia, la indignación y la desconfianza que se expresa hacia el otro terminarán volviéndose con uno mismo y a quién está a tu costado. Y es así que organizaciones políticas y órganos del Estado se agrietan. No se toleran entre sí, sus desconfianzas se expanden y así se configura la enemistad.

Gestión pública escindida, puerta de la ingobernabilidad

La gestión pública y su secuela interminable de normas y hábitos de la burocracia se cubren con un manto de racionalidad, y una visión de la competitividad y del crecimiento como el factor principal del desarrollo. Esta visión y modelo, que ha sido importante en estos últimos veinte años, ahora se manifiesta cómo un complejo entramado que no acepta ser complementado por otras dimensiones de la gobernabilidad. Este no es sólo un problema de modelo o de ideas diferentes.

Estamos frente a algo más profundo:  descubrir lo que ocurre cuando la masculinidad dominante, el miedo y el amor excluyente se unen y modelan conductas públicas y privadas.

Esta cita de La transformación. Deseo y liderazgo en la vida y en las instituciones de David Gutmann y Oscar Larussi puede explicarnos algo:

“Para mí, la grieta, la separación irreconciliable, la escisión, el split, como dirían los ingleses, es una de las catástrofes más grandes. No estoy hablando de la escisión entre la esfera privada y la esfera pública (que no está tan mal), sino de aquella que lleva a atribuir a la esfera privada cualquier cosa que tenga que ver con sentimientos y emociones, y de la devolución, por otro lado, a la esfera pública de cualquier cosa que tenga que ver con racionalidad, pensamientos y reflexiones. Es un crimen contra el ser humano, un humano que experimenta dentro de sí, simultáneamente, emociones y reflexiones, sentimientos y pensamientos, afectos y razón, sensaciones y elaboraciones. Un humano no puede entenderse si no es a través de la movilización de estos cuatro pares”.

El paralelo que quiero mostrar es el siguiente: que debajo de las racionales decisiones de promover o cambiar el modelo de crecimiento económico del país, han discurrido increíbles desencuentros emocionales de presidentes, líderes y miles de autoridades que mintieron, se corrompieron y se desordenaron por explicaciones que no podemos encontrarlo exclusivamente en el ámbito de la razón o por el dominio de una potencia sobre otra o peor aún porque se aplicó un modelo económico que facilitó la corrupción. Todos los modelos ya sea de derecha o de izquierda, han mostrado la misma o peor vulnerabilidad.

Esa escisión a la que alude la frase citada nos da unas pistas: Las personas y en especial aquellas que tienen poder no solo reflexionan sino también se emocionan, no solo tienen pensamientos sino sentimientos, no solo es razón sino también afectos y no solo tienen elaboraciones sino también sensaciones.

Dividirlo, agrietarlo y convertirlo en un abismo es una puerta para la ingobernabilidad y la corrupción desde la raíz y el origen.

Cuando se producen reflexiones, pensamientos y razonamientos tan llenos de incoherencias, errores, desviaciones. Cuando los actores que toman decisiones siguen creyendo que ello es un asunto de ideas, opiniones o normas: Están apuntando en la dirección equivocada.  Entonces el campo de la emoción, el sentimiento, el afecto y la sensación es un caldero contenido que hierve, quema, cocina y define muchas veces las verdaderas motivaciones de las decisiones y acciones tomadas.

Esto se agrava aún más cuando se trata de actitudes constituidas en la propia formación temprana de las personas en especial los hombres, alrededor de una malentendida masculinidad dominante.

Estamos ante un serio problema mucho más profundo de lo que podemos imaginarnos.  Algo que está más allá de las decisiones políticas y económicas que pueden adoptarse. Habitan en el substrato inconsciente más profundo de lo institucional y el liderazgo. Su manifestación más pavorosa es el dominio patriarcal y abuso a la mujer, pero visto en perspectiva los hombres temen a las mujeres porque ellas le están ofreciendo un nuevo tipo de sociedad y una nueva forma de relacionarnos: los cimientos de una nueva civilización.

 

(Este texto continuará)

Comentarios (2)

José Luis pinta dos mundos,

José Luis pinta dos mundos, el mundo de las emociones y de la corazón, y el mundo racional. Los entreteje a través de la posición de las mujeres en nuestro mundo y de la deformación emocional a la cual nuestra cultura ha sometido los hombres, lo que en su torno daña a las mujeres. Leyendo su ensayo, uno puede formarse ideas sobre cómo mejorar el mundo - ofrece una visión. Lograr el paraíso quizás es imposible, pero podemos avanzar. Aunque el progreso hacia esta visión es inconsistente a través del mundo, ha habido progreso durante mi vida (de 77 años). En cuanto a su comentario que somos demasiado racionales, el libro "Voltaire's Bastards - The dictatorship of reason in Western society" por el filósofo canadiense John Ralston Saul en los años 90 analiza este fenómeno en detalle. Muy buen ensayo

Los males que afectan a los

Los males que afectan a los varones repercuten en las mujeres. Si un varón se emborracha, pedirá (o exigirá) que su esposa, hermana, madre u otra mujer, que lo atienda, le prepare "un piqueo" para él y sus amigos borrachos que lleva a su casa; pedirá o exigirá al día siguiente que le atiendan el malestar ("resaca" o "perseguidora"; y esto cuando no golpea a su consorte....

Si los varones se drogan o están en la cárcel, ¿no son mayormente mujeres las que tienen que soportarlo o visitarlo?

Si un varón se enferma o accidenta, pedirá o exigirá no sólo ser atendido por mujeres (enfermeras), sino que las mujeres de sus dos casas (la de origen y la de matrimonio) vayan a verlo y colaboren con su atención.....

¿Los varones viven en promedio menos que las mujeres? ¿Se sabe si es por las tensiones laborales y políticas o porque la naturaleza protege más al género femenino, que es el que tiene mayor papel en la preservación de la especie?

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