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¿A quién le importa la Democracia interna?: las palabras y los hechos

Enviado el 17/02/2016

Desde mediados del año pasado, la mayoría de candidatos ya competían en medios de prensa y calles, sin importar la “formalidad” de la elección interna. En noviembre, la CADE invitó a los “principales candidatos presidenciales”, sin tener en cuenta que no sólo ninguno se había inscrito aún ante el JNE, sino que apenas uno había pasado la “formalidad” de la democracia interna (Alan García). ¿Criterio de elección de la CADE? Las encuestas.

Incluso, la Controlaría General de la República invitó el 5 de enero de este año a su Conferencia Anticorrupción a los cinco “principales candidatos”, sin tener en cuenta que aún no vencía el plazo para inscribir a los mismos ante el JNE y que, de hecho, algunos de ellos no habían cumplido aún con ese trámite, incluyendo la entrega de documentación de la elección o ratificación interna. Y, ¿cuál había sido el criterio de los funcionarios de la Contraloría para elegirlos? Las encuestas, pues. ¿Algún organismo electoral le enmendó la plana?

Y, si vamos a la web del JNE, vemos diferentes datos sobre partidos políticos y candidatos (ROP, voto informado, Infogob), pero no se incluye información sobre “Elecciones internas” de dichas organizaciones. No hay una ventana o sección al respecto (al menos, visible al público), ni siquiera se incluye esa información en los datos de candidatos presidenciales o de partidos. No parece una información relevante. Sólo un acto administrativo.

Algo similar ocurre en la web de la ONPE. Sólo da cuenta, a través de una nota de prensa, que brindó asistencia técnica a 4 partidos, para la elección interna de sus candidatos al Congreso y Parlamento Andino.

Entonces, ¿realmente nos importa la democracia interna de los partidos? Al parecer, actuamos como si no fuera así.

Peor aún, las leyes y el cronograma electoral no parecen favorecer a los que sí intentan pasar por verdaderos procesos de elección partidaria y directa. Es así que ni Alfredo Barnechea (Acción Popular) ni Verónika Mendoza (Frente Amplio) pudieron incorporarse a la contienda electoral hasta fines del 2015 (Alan García fue el otro elegido por un proceso de votación directa, pero como candidato único.

¿Por qué AP y el FAno lo hicieron antes? Porque la ley no lo permite. Es más, acaso apurados por ingresar rápidamente en la contienda, el FA adelantó unos días sus elecciones abiertas (4/10, cuando recién debían hacerlo, por ley, a partir del 13/10), por lo que luego debieron realizar una “ratificación administrativa”. En ambos casos, fueron elecciones ajustadas, con una real competencia interna, que retrasó el ingreso a la campaña. Organizar una elección, realizar el conteo, atender impugnaciones, reclamos, etc. no es fácil y, ciertamente, quita tiempo y pasa factura, si las elecciones generales ya están en marcha y los otros no pasaron por el mismo proceso.

En ese sentido, ser democrático no parece ser una elección racional en el Perú. Al menos no, vía elección directa dentro de los partidos. Las leyes admiten por igual diferentes modalidades de elección, desde un militante un voto hasta votación en asamblea de delegados (no siempre adecuadamente elegidos en sus bases), o incluso aquellas realizadas sólo por una docena de directivos.

Dicho esto, a menos que nos tomemos en serio lo que es un proceso de democracia interna, empezando por darle un calendario o período de realización independiente o separado de la elección general, va a seguir siendo un mero trámite, donde lo que importa es llenar bien el formulario.

El proceso de democracia interna debiera incluir un período de tachas y recursos de apelación. Así, todo fallo se vería con el tiempo adecuado, en vez de que, como ocurre ahora,  se revisen y denuncien errores fuera de fecha de rectificación y se termina decidiendo por sancionar con el retiro de la competencia a un candidato presidencial, como es el caso de Julio Guzmán. Un despropósito.  

Claro, dada la precariedad de los partidos, esos procesos de democracia interna difícilmente serían realizables por todos estos sin la participación de los organismos electorales. Por cierto, estos han enviado un proyecto de ley al presente Congreso, a fin de tener la facultad de organizar dichas elecciones internas. Sin embargo, lo más probable es que esa iniciativa sea archivada. Al parecer, a la mayoría de partidos le parece más cómoda la democracia interna como mera formalidad.

Un detalle más sobre las elecciones partidarias. Como hemos expresado anteriormente[1], Perú es uno de los países con requisitos más exigentes para inscribir partidos de América Latina (y también en países europeos). Si fuéramos algo consecuentes con esos criterios (que, una vez más, tendrían que ser, realistamente,  bastante menos rigurosos), los procesos de democracia interna debieran expresar, de alguna manera, consecuencia con el alcance territorial exigido en la inscripción. Pues, no. Actualmente, un partido puede elegir su candidato a la Presidencia, si su estatuto se lo permite, con una reunión en torno a una mesa de comedor y en una sola noche.

Ciertamente, las leyes no pueden inventar partidos, ni vida partidaria. No pueden inventar tampoco una competencia interna ahí donde no la hay (de hecho, la mayoría de nuestros partidos tienen “candidatos naturales”). Pero sí pueden, lastimosamente       -abierta la alternativa de la opción formalista, simple y rápida- incentivar esa opción, en vez del camino largo y costoso de las elecciones internas.  Por lo demás, incluso con candidatos únicos, pasar por un proceso de ratificación interna, a nivel de sus bases territoriales, sería un ejercicio que los reforzaría.

Y las leyes también pueden, en positivo, dictar un ordenamiento mejor del calendario electoral. De ese modo, evitar que un candidato (nuevo),  se inscriba arrastrando un error administrativo en su  proceso de elección interna (donde, por cierto, no se vulneró el derecho de ningún competidor). Un fallo que no puede ser razón para vulnerar su derecho constitucional a la participación política.

 



[1]
Ver, por ejemplo, “Altos requisitos (sin nuevos partidos)= ¿Igual mejor democracia?”, 8/07/2015; y “Contrarreforma”, 30/09/2015, Campo abierto, Noticias Ser.

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