Noticias SER
Logo SER

Reforma electoral y voluntarismo paritario

Enviado el 17/05/2017

La celebración del Día de la Madre ha permitido apreciar el enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo. Buena parte de la sociedad se resiste a los cambios de roles, apoyada por los discursos religiosos conservadores y fundamentalistas, y un marketing seudo moderno que insiste en el modelo de la mujer reducida a la cocina, aunque con artefactos eléctricos nuevos. Lo nuevo se manifiesta en una corriente que crece día a día, sobre la base de la idea-fuerza de la igualdad de derechos y obligaciones entre hombres y mujeres.

El problema de la escasa participación política de la mujer para muchos no existe porque, según ellos, las mujeres sólo debieran estar en su casa y resultaría excesivo y contraproducente para la estabilidad de las familias que, además, de sus labores domésticas se pretenda añadirles la actividad política. Pero en el mundo la experiencia enseña que la participación de las mujeres entrega aportes –no sólo estilos distintos de trabajo- que podrían enriquecer nuestra pobre vida política. Hay que decirlo fuerte, este no es un problema exclusivo de feministas, nos concierne también a los varones.

Pero las cosas no son tan fáciles (ya se ha visto cómo se descalifica a las nuevas lideresas del bando contrario con argumentos que no se usan con las del bando amigo), porque se trata de combatir la cultura machista no sólo con leyes ni reglamentos, sino con voluntad de hacerlas cumplir, previo examen autocrítico, de cómo esa cultura pasa de generación en generación de padres y madres, de maestros y maestras, de curas y monjas a niños y adolescentes. Atañe a legisladores, dirigentes políticos, educadores y periodistas, pero en última instancia a esposos, hermanos, padres e hijos que debiéramos hacernos cargo de la parte de la crianza y de las labores domésticas que nos corresponden, para que ellas tengan el tiempo suficiente para dedicarlo a los asuntos públicos.

Desde hace algunos años el balance de la aplicación de la cuota de género en las listas de candidatos, ha mostrado resultados ambiguos. Si bien es cierto que permitió ampliar la representación femenina como regidoras de las municipalidades (28.3% elegidas en las Elecciones Municipales del 2014) y consejeras regionales (23.4% elegidas en el 2014), los puestos de decisión como alcaldías y gobernaciones regionales siguen en manos de los varones. Seguimos con sólo el 3% de alcaldesas y sólo una gobernadora regional. Y en cuanto a los puestos de comando en entidades públicas, sólo la ONPE alcanzó la paridad en el 2016; mientras la Fiscalía de la Nación, el Ministerio de Cultura y el Ministerio de la Mujer tenían entre 40 y 49% de participación femenina. En el Poder Judicial, la Defensoría, el JNE, el INEI y siete ministerios, las mujeres ocupan entre el 33 y 39% de los cargos con capacidad de decisión.

A esas estadísticas se podrían añadir los hallazgos de una indagación personal en las cifras de la participación femenina en las Juntas Vecinales Comunales-JVC de algunos distritos de Lima que, como se sabe, debieran realizarse cada año en todas los distritos de país, pero que sólo una insignificante minoría de municipalidades convoca. Las JVC son organismos elegidos por los vecinos para supervisar los servicios públicos y la ejecución de obras a cargo de la municipalidad, vigilar el cumplimiento del Plan de Desarrollo Distrital y canalizar las quejas y propuestas de los vecinos. Pueden ser los ojos y oídos del alcalde, antes de que se preocupe en lo que dicen las encuestas. Y es un trabajo enteramente voluntario.

Pues bien, lo que he hallado en 17 elecciones de JVC realizadas en siete distritos limeños (Comas, Jesús María, La Victoria, Lince, Magdalena, San Borja, San Isidro) entre el 2009 y este año, es que las mujeres pusieron más candidatas (58.2%). El capote femenino tuvo su punto más alto en las elecciones de las JVC de Jesús María en el 2015 en que llegaron a tener el 71% de las candidaturas; mientras que la mejor performance de los varones ocurrió en Comas en el 2009 cuando ocuparon el 64.8% de las candidaturas. Distritos como San Borja y Jesús María registran una persistente y mayoritaria participación de candidatas (67 y 63.9%, respectivamente)

Esos datos me llevan a tres conclusiones preliminares: primera, en los distritos de menores ingresos (Comas y La Victoria), prima la participación masculina, mientras que en los sectores medios-altos, la femenina (San Borja, Jesús María); segunda, la mayor participación femenina en los sectores medios-altos se explicaría porque ellas delegan las labores tradicionales de atención al hogar en el servicio doméstico (también femenino); y, tercera, puestos en relativo pie de igualdad entre varones y mujeres de sectores medio-altos, los varones minusvaloran puestos representativos, de trabajo voluntario y de ninguna capacidad de decisión. Esta conclusión, sería contradicha por las elecciones de San Isidro de fines del año pasado en donde casi hubo una participación igualitaria (50.9% de varones y 49.1% de mujeres). Habrá que seguir indagando.

La propuesta feminista para resolver este entuerto de mucha participación nominal pero poco acceso a los puestos de decisión, ha sido, primero, luchar por la alternancia hombre-mujer en las listas (aunque once proyectos de ley en ese sentido fueron rechazados entre 2007 y 2015) y, segundo, dar un salto adelante al plantear la paridad (es decir mitad de candidaturas y cargos públicos para las mujeres) como un objetivo a conquistar en el corto plazo. En el camino han conseguido varios aliados institucionales e inclusive figura en la propuesta del Grupo de Trabajo presidido por la congresista Patricia Donayre. Pero no todo está dicho.

Sin embargo, por lo dicho más arriba, en mi opinión, y aunque suene políticamente incorrecto, la propuesta de exigir listas paritarias (mitad hombres y mitad mujeres) para las candidaturas a cargos públicos, es en el 2017 una postura voluntarista, vanguardista, que confunde los deseos con la realidad. Y va condenada al fracaso (y lo será cuando haya candidatas de relleno o familiares, sólo para cumplir con la norma) porque no hay los suficientes avances en la vida social y menos en la política, que la haga sustentable. En otras palabras, en los partidos y movimientos regionales las dirigentas son la excepción. Lo mismo sucede en las directivas de los colegios profesionales y en las empresas privadas, de la misma manera que en las municipalidades, universidades públicas y privadas y en las entidades del gobierno central. Incluso la palabra “paritaria” es todavía una palabra rara en el lenguaje corriente para que pueda ser una reivindicación social asumida por todos. En este terreno, hay que reconocerlo, el Perú está más atrasado que Bolivia.

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Escriba los caracteres que se muestran en la imagen.
Comentario Destacado
Todas las fuerzas activas que influyen en el que hacer diario de la politica logran generar o mas bien mantiener el estatus de No Estado, perpetuando un vacio y un descuadre que permite que continue el caos institucional y gubernamental y el abuso de los mas poderosos. Eso es lo que nos esta llevando hacia el desempeñadero... Leer más >>
El Video de la semana
Haykapikaman Suyasun Programa Radial (Huanta)