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Biblioteca Nacional: Una nueva oportunidad

Enviado el 17/08/2016

Al recuento de lo acontecido durante los últimos cinco años referente a políticas culturales, y frente al gobierno que está iniciando labores, debe sumarse una evaluación crítica de la labor de las instituciones rectoras en la materia. Y una de ellas, que suele pasar desapercibida, es la que debería ser uno de los puntales en cuanto a políticas del libro y la lectura se refiere: la Biblioteca Nacional del Perú.

La BNP, próxima a su bicentenario —se celebrará también el 2021 pues fue fundada en agosto de 1821—, es actualmente un ente lento y paquidérmico, casi un emblema de tiempos pasados, en lugar de haberse convertido en una institución moderna que no solo se limita a velar por el patrimonio bibliográfico y documental de la nación, sino que encabeza la principal red de bibliotecas públicas a nivel nacional, asegurando el derecho ciudadano a la lectura y acceso al libro, uno de los caminos hacia el desarrollo integral.

Ya José Tamayo Herrera, quien fuera director de la BNP, en 1981 había advertido que se tenía por lo menos treinta años de atraso frente a las bibliotecas del mundo. Probablemente ese atraso se ha incrementado. Y la pasividad de la gestión de los últimos cinco años solo han agravado el problema.

Pero empecemos por enumerar los logros. Por fin se aprobó, en el 2013 la esperada Ley del Sistema Nacional de Bibliotecas, SNB, llamada a ser el primer paso al establecimiento de la red nacional de bibliotecas públicas. Dicha norma (Ley Nº 30034) establecía los lineamientos y funciones generales del SNB. En el lapso de un año se aprobó el reglamento de la Ley, y desde ese momento, todo parece haberse paralizado nuevamente.

Se inició también una campaña para la búsqueda de libros robados, muchos de ellos patrimonio bibliográfico de la nación. De tiempo en tiempo se han venido mostrando los resultados de la campaña: libros hallados o devueltos. Y esta ha sido probablemente la acción de la BNP más publicitada de la gestión pasada. Sin embargo, no hay mucha información acerca de los responsables y de cómo se logró sacar esos libros de la biblioteca. Se han aumentado los controles de seguridad al punto de haber desaparecido las salas de lectura en la sede de San Borja.

Probablemente debamos contar algunas publicaciones del fondo editorial de la BNP —aunque no se conoce si existe algún criterio o procedimiento establecido para la publicación de estos libros—.

Y no quiero ser mezquino, es probable que me esté olvidando de algunos logros. En la BNP, como en cualquier otra institución pública hay profesionales que con un techo bajo hacen más de lo que pueden para mejorar las cosas. Pero la falta de una dirección clara, de una voluntad política y de establecer qué se quiere lograr hacen difícil que estos avances vean la luz o se concreten en cambios profundos.

Eso es lo que ha sucedido. Han transcurrido dos años desde la publicación del Reglamento de la Ley del SNB y no se aprueban los estándares de las bibliotecas públicas para que se integren al Sistema Nacional de Bibliotecas. Previamente debe hacerse un censo de bibliotecas a nivel nacional para conocer el estado real de las bibliotecas públicas. No basta con saber que hay más de ochocientas bibliotecas municipales, sino que es necesario saber si, más allá del papel, funcionan y cumplen con brindar un buen servicio, en las condiciones adecuadas.

Asimismo, la Dirección General de la BNP debe tener una labor de incidencia política con el objetivo de que se le asigne el presupuesto mínimo necesario para una compra anual de libros destinados a las bibliotecas públicas de la red del SNB. También hacer un trabajo a nivel de gobiernos locales y regionales, más allá de los estándares y el registro, reforzando la importancia de la existencia de una biblioteca pública y su labor en el fomento de la lectura en la comunidad, la importancia de sostenerlas de la manera adecuada y que se empiece de una vez por todas a desechar el pernicioso mecanismo de querer implementar fondos bibliográficos en base a donaciones.

Por otro lado, el urgente e inexistente Plan Nacional de Lectura sería el articulador del trabajo del Estado con tres instituciones como base: Ministerio de Cultura, Ministerio de Educación y Biblioteca Nacional del Perú; y cuyo alcance llegue a otros sectores como el MIDIS, MINJUS, MIMP, PRODUCE, MTC, entre otros. Este Plan, además, debería ser la guía para implementar planes similares a nivel de gobiernos regionales y locales. La labor de la BNP en el diseño e implementación de este plan —propuesto en el plan de gobierno de PPK— será fundamental. Además, serviría para ordenar incoherencias como que la Dirección de Bibliotecas Escolares esté en la estructura de la BNP y no del MINEDU.

Un tema grave, en el cual la labor de la BNP ha sido deplorable, es en el manejo del Proyecto Editorial y los beneficios de la Ley del Libro destinado a promover la labor de los editores peruanos. Para empezar, en algún momento la BNP determinó que los cómics no debían ser beneficiarios de la Ley del Libro y debían pagar IGV. Sin ningún criterio técnico, la dirección encargada de velar por el cumplimiento de la ley, y con la anuencia de la Dirección de la institución, tomaba una decisión subjetiva para que uno de los materiales usados para el fomento de la lectura —hay estudios internacionales al respecto, e incluso dentro de la misma BNP se promueve su uso— no reciba beneficios. Y no es el único caso: hay decenas de editoriales que han tenido problemas con trámites de proyecto editorial o depósito legal por haber cometido alguna equivocación y ser impedidos de subsanarla. O casos en los cuales el problema fue generado por la misma BNP y los trámites se han visto entorpecidos. Justo cuando se busca desburocratizar el Estado, persiste esta BNP atada al siglo pasado intentando meter cabe al cumplimiento de la ley y del logro de sus objetivos.

Un cambio de mentalidad, de línea. Una Biblioteca Nacional moderna y activa, que sea protagonista y que genere una participación ciudadana. Que se abra a la sociedad y solo así, poco a poco, empezaremos a cerrar la brecha que nos separa de instituciones que otros países como Colombia, Chile o México tienen.

Urge un cambio en Biblioteca Nacional del Perú.

Comentarios (3)

Habría que preguntarle al

Habría que preguntarle al señor Villa, directivo de la Cámara Peruana del Libro. què hizo su instituciòn ante la denuncia contra la mafia de las editoriales que se beneficiaron indebidamente de la ley del libro para pedir devoluciones de impuestos. Sería un interesante debate. Hay pruebas.

Esta noticia tiene tanto de

Esta noticia tiene tanto de cierto y me apena mucho, pues muchos colegas hemos visto de cerca esta realidad. La BNP y su administración carece de una conexión de incidencia política con el mismo Estado al que pertenece, no es administrada como una verdadera institución pública, y se sabe muy bien que el cimiento de una institución es su ADMINISTRACIÓN, la cual es sumamente ineficiente. La BNP debería ser un modelo a seguir pues una biblioteca es la parte representativa de una institución, en este caso la BNP lo sería del Gobierno Peruano. Es necesario que la BNP no solo se vea como un instrumento histórico, sino de cultura y de trasmisión de conocimiento, se debería de actualizar en nuevos procedimientos bibliotecológicos y tecnológicos para estar acorde a este siglo.

Felicitaciones, ya es hora

Felicitaciones, ya es hora que ciudadanos valientes se pronuncien, sobre la pésima gestión de este funcionario que durante estos años no ha hecho nada rescatable por nuestra institución, he copiado su publicación en el portal del Ministerio de Cultura, los peruanos no debemos permitir la ratificación del señor Mujica, sería nefasto para la Biblioteca Nacional y para el desarrollo cultural del país por todo lo que falta hacer. Un abrazo. Muy cierto y considero que la Dirección de Depósito Legal, se ha convertido en un ente cancerbero que le importa mas perseguir, sancionar que difundir, enseñar, gestionar que recuperar y resguardar el patrimonio cultural del país.

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