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Putaccasa, 7 de agosto de 1985

Enviado el 24/08/2016

A la memoria de Yanet Baca

El 14 de agosto de 1985, patrullas del ejército incursionaron en el pueblo de Accomarca, asesinando a más de sesenta personas entre hombres, mujeres y niños. La masacre ha marcado la memoria de aquellos años y el juicio parece sufrir el embate de los que buscan impunidad. La matanza de Accomarca marcó el desenlace de varios acontecimientos previos, incluidas matanzas perpetradas por Sendero Luminoso y el ejército que empujaron a un conjunto de comunidades a organizarse para la defensa contra Sendero y evitar la represión militar. Una semana antes de la matanza de Accomarca, un enfrentamiento entre una patrulla del ejército y una columna senderista en las alturas de Putaccasa, en el actual distrito de Sacsamarca, supuso la aniquilación de la mayoría de subversivos y la captura de otros que habrían señalado a Accomarca como el lugar de donde habría salido el contingente principal de aquella hueste. En lo que sigue, intentaré reconstruir los eventos que concurrieron en aquella emboscada.

La primera semana de julio de 1985 el Buró Político del PCP-Sendero Luminoso, encabezado por Abimael Guzmán, había delineado la serie de acciones que sus huestes debían ejecutar con ocasión del cambio de gobierno, y en un contexto de acoso sentido del ejército en el ámbito del Comité Zonal fundamental del partido, que comprendía a las provincias de Vilcashuamán, Cangallo, Fajardo y Huancasancos. El Buró proponía ejecutar ataques de diverso tipo en las tres últimas provincias, allí donde hubiera evidencia de resistencia campesina y presencia militar. La finalidad era “proteger la Base principal” de Vilcashuamán, distraer a las fuerzas del orden con ataques en varios puntos y así vender la imagen de que se mantenían fuertes en Ayacucho, “centro de la lucha armada”.

Semanas después, el 30 de julio, se había programado la reunión de los delegados del Pacto de Alianza de los Pueblos de las comunidades que orillaban el río Pampas, siguiendo un acuerdo firmado en noviembre del año anterior. Aquella reunión se llevaría a cabo en la comunidad de Sarhua, en el extremo norte de la provincia de Fajardo. Probablemente teniendo en cuenta este evento, las diversas bases senderistas que colindaban con el río Pampas se organizaron para realizar una expedición que atravesando la provincia de Fajardo, se dirigiría hacia este lugar. Para ello pasaron a la recluta forzada de campesinos de la zona de Accomarca entre otras. Era un operativo común amedrentar para reclutar y movilizar a la población de un lugar contra los pueblos y anexos de otras. Había ocurrido un año antes, cuando el partido decidió castigar la resistencia de Huambo, en esa misma provincia.

“Contrarestablecimiento” era el término con el cual la organización de Guzmán condensaba las acciones punitivas contra todas aquellas poblaciones que se rebelaban contra la presencia de Sendero Luminoso. Los senderistas suponían que aquella rebeldía permitía restablecer el “orden gamonal” que el ejército, a su vez, refrendaba al designar nuevas autoridades. La “peculiaridad” del “contrarestablecimiento”, señalaba Guzmán, era su constancia y necesidad, una medida que empezó casi al mismo tiempo que su guerra y que en 1983, por ejemplo, se había aplicado bajo su férula en la matanza de Lucanamarca. En agosto de 1984 volvió a aplicarse, esta vez contra el pueblo de Huambo.

Huambo es un centro poblado del distrito de Alcamenca, había resistido las incursiones senderistas a lo largo de aquel año, capturando y matando a varios de sus combatientes. Ese fue el motivo para que Guzmán ordenara un “contrarestablecimiento” en aquel lugar. A tal efecto los senderistas reclutaron campesinos de anexos de Tinca, Uchu y Patará en el vecino distrito de Huamanquiquia. El 13 de agosto de 1984 incursionaron en el pueblo quemando casas y asesinando a varios lugareños. Pero los huambinos los habían estado aguardando y en la batalla que siguió varios subversivos cayeron muertos, teniendo que huir hacia la localidad vecina de Uchu, donde se venía celebrando la fiesta de la Virgen de la Asunción, motivo por el cual se habían negado la mayoría a participar en la recluta senderista. La venganza empezó con ellos. La madrugada del día 15 de agosto todos los mayordomos y los miembros de la banda fueron asesinados por los senderistas en fuga. Al mismo tiempo muchos de los reclutados desertaron regresando a sus comunidades. Ese mismo día, advertido por gente de Huambo llegó a los anexos un helicóptero del ejército. La matanza continuó. Acusando a la población del lugar, los militares cortaron orejas y lenguas a varios, quemaron casas y al día siguiente fueron a Huamanquiquia donde separaron a una veintena de personas, a la que sumaron otros capturados en los anexos, la tropa pasó a trasladarlos hacia la zona de Sarhua, donde violaron a las mujeres antes de matarlas junto a todos los detenidos en el paraje de Qechahua, el 17 de agosto de 1984.

El historiador Renzo Aroni ha investigado y hecho una tesis sobre los acontecimientos alrededor de Huamanquiquia.[1] Como ha podido verificar a través de testimonios en el terreno, en archivos comunales y otras fuentes, el impacto de esos días de terror generó una diáspora, quedando en la zona los más pobres y desamparados. No obstante, los de Huambo volvieron a tomar la iniciativa, organizando una red de resistentes y colaboradores con las fuerzas del orden a través de un Pacto de Alianza:

“En el pueblo de Huambo a los 18 días del mes de noviembre de 1984, a horas de las 12:30 am se acabó de realizar una asamblea extraordinaria reunidos todas las autoridades [de los pueblos], tales como sigue Huamanquiquia, Huambo, Carampa, San Juan de Mirata, Santa Rosa de Yanama, Unya, Patallaccta, toman los siguientes acuerdos y también el pueblo de Tinca.” […] las mencionadas autoridades de [los] distintos [pueblos] aledaños después [de] distintas opiniones entramos en conveniente en previo acuerdo de un pacto de alianza, con la finalidad de rechazar a los senderos luminosos [miembros del PCP-SL][2].”

 

Desde aquella fecha, mes a mes, con el apoyo del ejército se reunieron los delegados de los anexos y comunidades que orillaban la margen derecha del río Pampas. La última reunión se realizó en el pueblo de Sarhua, el 30 de julio de 1985. De hecho, las acciones subversivas menguaron en ese lapso de tiempo.

A fines de julio los mandos subversivos de la otra orilla se pusieron en marcha. Activaron sus redes locales y movilizaron varios pelotones que en el camino fueron reclutando pobladores, sin opción ante la amenaza de las armas. Cruzaron el Pampas y ascendieron hacia las punas de Fajardo, en dirección de Sarhua. En el camino siguieron los secuestros hasta que se encontraron con las patrullas del ejército peruano. Tras algunas escaramuzas se inició el repliegue. Eran unos ochenta subversivos, voluntarios o no, cansados por la apretada fuga hacia el sur, hasta el paraje donde se cruzan los caminos que se dirigen a la costa y donde se asienta el anexo de Putaccasa.

El 6 de agosto pernoctaron en un paraje cercano. Antes se habían cruzado con pastores de Sacsamarca, a los que asesinaron sin más. Advertidos de su presencia por los lugareños, los militares que los perseguían prepararon un ataque en la madrugada del 7. Debe haber sido una sorpresa para la columna de terroristas y gente reclutada. Murieron cerca de veinticinco personas y algunos fueron tomados prisioneros. Los cuerpos fueron enterrados por los lugareños en las cercanías, aterrados por las secuelas que pudieran seguir contra ellos, tanto del ejército como de los subversivos. En el interrogatorio que siguió se señaló a Accomarca como el lugar de donde habrían venido varios de ellos. Aquella fue la seña que marcó el destino trágico que seguiría la población accomarquina, tras la incursión asesina de la patrulla de Telmo Hurtado.




[1]
. Renzo Aroni, Campesinado y Violencia Política en Víctor Fajardo (Ayacucho) 1980-1993. Tesis de Licenciatura en Historia, UNMSM, 2009.

[2]Ibid

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