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Lima vista desde Lima

Enviado el 18/01/2017

Dada la naturaleza de nuestro trabajo, en Noticias SER constatamos permanentemente las distancias existentes entre la opinión pública limeña y la del resto del país. Y ello no solo en torno a los llamados “temas de debate nacional”, sino también en relación a la percepción que tenemos sobre nosotros mismos como sociedad. Sabemos que ver el Perú desde las regiones o verlo desde Lima produce imágenes muy distintas y contradictorias.

Desde las regiones vemos con mayor claridad el centralismo, la hipertrofia de la ciudad capital o la indolencia y lejanía de su clase política. Y desde Lima, por su tamaño, su peso en la economía y su concentración de poder y recursos, muchas veces los capitalinos vemos lo que ocurre en el país con ese aire de superioridad que tanto disgusta más allá de los límites metropolitanos.

Desde la lustrosa Lima nos referimos a los centros urbanos bullentes y mercantiles como caóticos, imposibles, impasables. Desde la descomunal Lima, nos burlamos condescendientes del último monumento levantado en cualquier plaza norteña y lo llamamos pintoresco,cuando no desperdicio. Volvemos de un viaje de turismo maravillados de lo que vimos, pero quejándonos siempre de “esa gente que no sabe cuidar lo que tiene”, su patrimonio, su naturaleza.

Desde Lima, la autosuficiente, vemos en los noticieros los pocos segundos que estos nos ofrecen de las batallas campales en las que derivan los conflictos sociales en alguna provincia serrana, y concluimos que allá lejos predomina una inexplicable vocación por el atraso y un irracional rechazo a las saludables inversiones y que seguro falta que “les expliquen mejor”. Y cuando nos enteramos de las tropelías de alguna autoridad regional y pedimos intervención de las autoridades nacionales, Contraloría, castigo ejemplar, juicio sumario, cárcel.

Pero qué ocurriría si los limeños juzgáramos lo que nos ocurre en Lima a nosotros los limeños con los mismos estándares que juzgamos al “resto del país”. ¿Con qué ojos veríamos a esos limeños -nosotros mismos- embutiendo nuestras camionetas 4x4 en cada vía posible y exigiendo más y más pistas, más vías rápidas, más asfalto? ¿Cómo nos referiríamos a las incendiadas casonas y ruinosos balcones de nuestro Centro Histórico, qué diríamos de nuestras fantasmales e invadidas huacas? ¿Qué adjetivos tendríamos para nuestras “megaobras”, tan sobrevaloradas, tan a destiempo, tan inútiles? ¿Con qué calificativos adornaríamos la reputación de nuestras autoridades? ¿Con qué cara recibiríamos las encuestas de opinión sobre la popularidad de quien hoy nos gobierna?

Desde Noticias Ser creemos que si los limeños aplicáramos a nuestras decisiones y a las de nuestras autoridades el mismo rigor que aplicamos a las del resto del país, quizá veríamos un poco mejor todo lo que falta aún para que Lima,  esté a la altura de ser la capital de este Perú tan grande y complejo.

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