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La farsa se repite

Enviado el 18/01/2017

El año pasado la Comisión Pari en el Congreso de la República investigó la corrupción vinculada a empresas constructoras. Congresistas fujimoristas y apristas enterraron el informe. Lo callaron. Hace unas semanas, cuando explotó el escándalo Odebrecht, se armó de inmediato una nueva comisión en el Congreso, como si fuese todo un gran circo, fujimoristas, apristas (y también frente amplistas) eligieron a Víctor Albrecht, fujimorista y con procesos por corrupción, como presidente de la comisión que supuestamente busca investigar esa misma corrupción. Esta comedia ya la vimos.

Medio Perú a la expectativa de que empiecen, como en Colombia u otros países, a allanar oficinas, a hacer caer los peces gordos. En contracorriente del silencio sospechoso de tres ex presidentes y un ex dictador que habrían hipotecado el país a cambio de millones de dólares; así como de un gremio empresarial que no abre la boca porque su relación acá fue demasiado estrecha. Porque juntitos todos comieron del mismo plato, bailaron zamba en la feijoada.

Un ministro que solo muestra desprecio por la población. Que llega incluso a acusar de vínculos con el terrorismo a quienes protestan por algo tan básico y fundamental como es el derecho a su libertad de tránsito. Acusación absurda y pérfida en un país que ha sufrido tanto por el terrorismo. Que azuza el miedo y la desconfianza frente a un pueblo que llegó a Lima como tantas de nosotras o de nuestras madres o de nuestras abuelas, en busca de un futuro mejor. Que manda a reprimir una protesta justa y que, aún sin pruebas, conmina al Ministerio Público a que acuse a como dé lugar.

Una policía que reprime de manera violenta, que dispara directo al rostro, que ha dejado casi ciegos a un periodista y a un ciudadano más, que ha dejado invalido a un padre de familia con dos hijos menores de tres años, que detiene frente a cámaras a jóvenes valientes que solo denuncian su accionar, que golpea y siembra pruebas. Una fiscal que sin pruebas, con más de 55 partes policiales que son solo un copia y pega basado en declaraciones de los policías, pide detenciones (injustas) para todas las personas detenidas.

Un alcalde de la ciudad capital que, sin articular discurso coherente alguno, primero desconoce contratos anteriores con empresas constructoras para desbaratar obras necesarias como Río Verde y por el contrario, construir obras que nadie pide (y solo defiende una periodista de RRP), y que solo congestionan más la ciudad, como el bypass de 28 de julio; para luego, cuando a todas luces un contrato se está adulterando, ahorcando a la ciudadanía más vulnerable, callar en todos los idiomas, pasarle la culpa a la gestión anterior. Allí sí no desconoce, tan solo reparte panfletos en las protestas contra la gestión anterior y se calla frente a la represión del ministro.

Periodistas que hablan de Lima en su aniversario, pero que, pese al descaro de la corrupción que se la ha levantado en peso a la ciudad, no dicen ni pío sobre Odebrecht o sobre los manejos sucios en las licitaciones.

Campañas millonarias de odio contra las personas. Carteles celestes y rosados que incitan a la discriminación, a la agresión hacia las diferencias. Que en un país como el nuestro, con unas tasas tan elevadas de embarazo adolescente y violaciones a menores de edad, quieren negar el derecho a las niñas y niños a la educación sexual. Pastores de iglesias basados en el rencor, asociados con el fujimorismo y a sus financistas, con el Opus Dei y su líder político con programa radial sabatino, con el Sodalicio y su impunidad descarada pese a tantos testimonios de abuso sexual, todos juntos promoviendo cruzadas de rencor.

Hay una frase que dice que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia, la segunda como farsa. En Perú, ya perdimos la cuenta sobre las veces que venimos repitiendo la misma historia, hemos llegado al punto en que la repetimos cual comedia chabacana de las épocas del fujimorismo. Las mismas personas a quienes les quitan sus derechos, el mismo tipo de victimarios, personas que llegan a un cargo de poder para burlarse de las ilusiones del pueblo que los eligió, grupos de poder económico que se levantan las arcas del país y que sostienen esta anquilosada estructura sobre la base de un discurso pobre y ramplón.

Pero la farsa no puede ser eterna, la comedia barata tiene que llegar a hastiarnos, embotarnos, tiene que llegar un punto en que aprendamos de nuestra historia. Porque es de valientes aprender y dejar el círculo vicioso. Porque todavía quedan valientes, siempre están.

Esas son las personas que necesitamos, esas son las que van tejiendo la dignidad en nuestro país. Gente que ya está harta de ver cómo les quieren robar su vida, porque como en los años 90 cuando esterilizaron a cientos de miles de mujeres indígenas, así ahora continúan amputando, mutilando sus derechos de a poquitos, disparándoles perdigones en el rostro. Gente que ya se hartó, que sale a protestar. Porque la protesta social es un derecho, porque a pesar de todos los esfuerzos no les han podido comprar o robar la dignidad. O gente también que desde su espacio, su trabajo, cumple con su rol.

Parejas del mismo sexo, como la de Óscar y Fidel, que se cansaron de ser discriminados y logran sentencias que van construyendo igualdad; Jenny y Darling, madres lesbianas que luchan porque el Estado reconozca el derecho de su hijo a una familia íntegra y feliz. Valientes víctimas de abusos del sodalicio que siguen de pie clamando justicia.

Giovanna del Pilar, magistrada de Lima Norte, que pese al amedrentamiento del Ministro para que continuaran todas y todos detenidos, actuó de acuerdo a ley e impartió justicia. Jóvenes valientes y con conciencia ciudadana con campañas inteligentes y certeras, como la de los globos amarillos o los volantes que describen la corrupción de OAS y COMUNICORE, que han sido víctimas del abuso policial. Periodistas de medios alternativos que son los que van dejando calata a la gran corrupción en el país, porque los medios tradicionales previeren callar y tragarse más sapos, no vaya a ser que salgan también en la famosa lista de Odebrecht.

Ahí seguimos, el Perú necesita más valientes.


 

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