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Un infierno especial

Enviado el 18/02/2015

A propósito de la Beatificación de Monseñor Romero y tres religiosos asesinados por Sendero Luminoso

El tema parece estrictamente religioso o de personas que tienen fe en Dios, de cualquier iglesia de la que se trate, pero no es así, ya que la muerte de estos cuatro mártires tiene que ver profundamente con nuestra vida ordinaria y con asuntos trascendentales de nuestro país y su historia. Los mártires afirman con su vida la existencia de Dios, ya que fueron capaces de morir por su fe y su confianza, pero, además, en este caso, por su opción radical por los pobres de nuestra América Latina y de nuestro Perú. El Dios de Jesús, los campesinos, nativos y de los millones de pobres de los pueblos jóvenes de tantas ciudades fue el motivo de su entrega hasta la muerte.

Murieron defendiendo el camino de la fe y la justicia social, que no quieren ni los terroristas movidos por ideologías totalitarias y fanáticas, ni las fuerzas armadas y policiales, casi siempre al servicio de los poderosos y ricos de nuestros países. “El demonio siempre ha sido asesino y mentiroso”, dice San Juan en el Nuevo Testamento, y de esa misma manera se comportan en la práctica los que matan en nombre de sus proyectos inhumanos y fanáticos, aunque tengan como respaldo la religión que sea.

Sus vidas son un ejemplo a seguir para los que buscamos servir a nuestro país, tan lleno de injusticias y mentiras. Son, pues, inseparables el amor, la justicia social y la fe en Jesús de Nazaret, en especial para los que nos consideramos creyentes en él.

La literatura y las palabras han sido, son y siempre serán medios para hacer política, de la buena y de la mala. Por eso, me atrevo ahora a expresar algunas visiones, como lo hicieran Dante Alighieri y el mismo Miguel Ángel, dos connotados hombres de las artes, uno de la palabra y el otro, del pincel. Dice la tradición que ambos pintaron y describieron, en el infierno, a los personajes que ellos aborrecían por su mal comportamiento social. Allí terminaron dibujados o narrados, en tormentos atroces y espantosos que la imaginación crea con crueldad. El arte es y hace política, aunque haya personas que todavía no lo acepten.

Yo pienso ahora que muchos jueces, fiscales y malas autoridades de todo tipo tendrán un infierno especial, ya que su manera de comportarse tiene consecuencias funestas para la vida de las personas y comunidades que tuvieron o tienen la desgracia de caer en sus manos o vivir junto a ellas. Pienso, por ejemplo, en jueces y fiscales que  liberan asesinos, casi siempre por dinero; en estafadores de todo tamaño, vendedores de medicinas adulteradas, sinvergüenzas que venden y compran títulos profesionales, sacerdotes y obispos pedófilos o que dejan jóvenes embarazadas y siguen ejerciendo como si nada su “sacerdocio”, quizás porque no saben hacer otra cosa más que seguir viviendo de sus engañadas ovejas; traficantes de órganos humanos, y de niños, para esclavizarlos sexualmente, etc. La variedad de malos comportamientos sociales es realmente infinita. Por eso, pienso que, en nombre de Dios y los pobres, todos ellos tendrán un infierno especial por tanto mal y dolor provocado a sus hermanos humanos.

Ricardo Arjona, el cantante salvadoreño, como Facundo Cabral, el gran compositor y cantante argentino, dicen en sus coplas, con clarísima profundidad, que no están de acuerdo con las confesiones que creen que decir los propios pecados basta. La Iglesia Católica y cualquier creyente normal no aceptan el perdón del robo, la estafa o la calumnia sin restitución o reparación. Pensando en ellos, yo me atrevo a decir que los arriba mencionados, si no se arrepienten sinceramente y reparan el mal hecho, no tendrán perdón de Dios ni de la Iglesia, menos aún de la historia.

Esperamos su conversión sincera, que supone dejar de hacer el mal y reparar a sus víctimas, ya que les espera un castigo que no imaginan, si no lo hacen. Para terminar, el asunto no es solo un “tema” religioso, sino que es tremendamente moral, ético, de justicia y de reflexión histórica sobre la condición humana. Pensemos en el daño hecho, por ejemplo, por Hitler, Stalin, Pinochet, Franco, Abimael y otros tantos, por desgracia, hay. La condena que han merecido de parte de los hombres y mujeres normales, que los padecieron o estudiaron, es una prueba de que Dios y los pobres son y serán siempre los que juzguen a la historia humana.

Por ese ser superior justo y bueno, y por los pobres, estos cuatro nuevos beatos mártires dieron su vida. Ellos ahora interceden por todos nosotros, invitados también a convertirnos sinceramente al camino de la fraternidad y justicia social. San Ireneo dice que “la gloria de Dios es el hombre vivo, y la gloria del hombre es la contemplación de Dios”. Por eso, lo más importante es la vida humana y su felicidad. Nada hay más sagrado y más bello.

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