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Cantuta y el país en vigilia

Enviado el 18/07/2017

Hoy, martes 18 de julio del 2017, se cumplen 25 años del horrendo crimen de 1992: el Grupo Colina, el grupo financiado y premiado con la amnistía en el gobierno de Alberto Fujimori Fujimori, secuestró a nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, “La Cantuta”. Armando Cóndor, Luis Ortiz, Dora Oyague, Bertila Lozano, Robert Teodoro, Heráclides Pablo, Felipe Flores, Marcelino Rosales y Juan Mariños, junto con el profesor Hugo Muñoz, fueron sacados de La Cantuta, asesinados, trasladados sus cuerpos e incinerados. Hasta el día de hoy, aun hay 5 cuerpos desaparecidos.

Hábeas corpus denegados, la impunidad de la justicia militar, leyes de amnistía, estigmatización a los familiares de las víctimas, todo un gobierno dictador en contra… hasta que cayó la dictadura a partir del famoso vladivideo donde se evidenció la alta corrupción. Alguien dijo que nadie apostaba por que la entereza y la insistencia de los familiares a contra corriente le ganara al gobierno corrupto y criminal. Pero así fue.

Luego de salir incansablemente a las calles, de exigir investigación y justicia con las fotos de sus seres queridos en sus pechos, de lavar la bandera, de participar en manifestaciones públicas, de tocar puertas, de viajar fuera del país cuando Fujimori fugó al Japón y más aún cuando llegó a Chile y muchas gestiones más; lograron que Alberto Fujimori sea condenado a 25 años por delitos de lesa humanidad (aunque abogados penalistas sigan diciendo que no) en el 2009. Y lo hicieron, junto a un movimiento diverso de organizaciones estudiantiles, de sociedad civil, de artistas, de comunicadores y periodistas, que se comprometieron con la urgencia de justicia no solo por los hechos mismos, sino, sobre todo, por esa insistencia de los familiares. La sentencia fue luego confirmada en diciembre del mismo año.

Resulta realmente increíble, conmovedor, humanísimo, cómo la fuerza del amor de los familiares movieron a la sociedad y al Estado para que cumpla con su deber. Luego de tantos años, ni se olvida, ni cansa, ni se deja de hablar del crimen contra los estudiantes y el profesor. Esa insistencia, incomprensible para los inhumanos, impulsa a otros tantos familiares de hombres y mujeres (incluso niños y bebés) asesinados y desaparecidos en nuestro país y en el mundo.

Si le damos una mirada a lo que esa insistencia evidencia, vamos a toparnos con bases centrales de la vida en comunidad, de la esencia del ser humano. Y no es casualidad que su exigencia se repita entonces en otras latitudes y casi con las mismas palabras. Argentina por ejemplo, recuerda también este 18 de julio un crimen contra la comunidad israelita, a causa de un coche bomba en la AMIA (la Asociación Mutual Israelita Argentina) donde murieron 85 personas y quedaron otras 300 heridas. Ellos cumplen 23 años buscando justicia en un caso donde uno de los involucrados es el ex presidente Menem; y Cantuta cumple 25 años en la misma lucha. Lo que artistas argentinos han difundido, al igual que nuestros artistas activistas, nos interpela como seres humanos y como sociedad. En “El libro de la memoria” que está circulando en redes recuerdan las palabras de diversos poetas, que son las mismas de nuestros desaparecidos, y nuestros familiares de las víctimas:

“Es imposible que el ser humano deje de sentir la necesidad de pelear contra la injusticia y de defender la dignidad” (Juan Gelman)

“Y saber que cada uno es responsable, por toda la libertad, por toda la solidaridad, por toda la dignidad, por toda la justicia y por todo el amor en el mundo” (Aida Bortnik)

“El momento presente no tiene más fundamento que su parentesco con el pasado” (Juan José Saer), “por eso es tan importante divulgar nuestra historia” (Martha Mercader).

“La memoria, al elegir lo que conserva y lo que desecha, no sabe de casualidades” (Osvaldo Soriano). “Solo está muerto aquello que definitivamente hemos olvidado” (Hector Tizón). “Y sin embargo somos nuestra memoria” (Jorge Luis Borges). “Dime qué recuerdas, y te diré quién eres” (Victoria Ocampo). “Solo una cosa no hay, es el olvido” (Jorge Luis Borges).

“… años después no nos mueve el resentimiento ni el espíritu de venganza.” “Solo pedimos la verdad y la justicia” (Eugenio Sabato)

Esas bases han ingresado a un particular peligro. Éste siempre estuvo ahí, pero ahora está más cerca que nunca. PPK sigue evaluando el indulto a Fujimori, a pesar de que la sentencia del 2009 es cosa juzgada, a pesar de que fue lograda en base a años de lucha de quienes tienen un pacto firmado por él con la promesa de que respetaría las sentencias; a pesar de que el juicio a Fujimori cumplió con las reglas que la justicia exige y demostró los crímenes y su culpa; a pesar de que Fujimori dice que esa misma sentencia -reconocida incluso internacionalmente- es una venganza política; a pesar de que no se arrepiente de nada, a pesar de que no dice dónde están los cinco cantuteños que aún están desaparecidos luego de 25 años, a pesar de que no ha pagado esa reparación civil.

La política, la mala política, no puede hacer caso omiso a esa sentencia que es uno de los pocos actos de justicia que tiene el Perú. Los familiares por eso hoy vuelven a las calles, a 25 años de sucedido el crimen, frente a la constatación y vergüenza de que una sentencia firme sobre graves crímenes contra los derechos humanos al parecer no sirve en el país.

Por eso y por lo que el indulto ilegal significa, es que el país continúa y continuará en vigilia, hasta que la política y los criminales entiendan que hay impunidades que el ser humano no puede ni debe soportar.

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