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República

Enviado el 18/12/2013

Por Mauricio Zavaleta

Dos libros importantes fueron publicados el 2013 con la palabra ‘República’ en sus títulos: “En pos de la República: ensayos de historia política e intelectual”, de Carmen Mc Evoy (Lima: Centro de Estudios Bicentenario, Municipalidad de Lima, Asociación Educacional Antonio Raimondi), y “Ciudadanos sin República ¿Cómo sobrevivir en la jungla política peruana?”, de Alberto Vergara (Lima: Planeta).

El primero recoge diez ensayos históricos, en su gran mayoría biográficos, sobre personajes que durante el periodo que abarca los años de la independencia hasta la Patria Nueva buscaron, desde su acción política o trabajo intelectual, asumir la construcción política del país desde una clave republicana. El segundo recoge una selección de los artículos publicados por Vergara en un periodo de cinco años entre la segunda presidencia de Alan García y los primeros años de gobierno de Ollanta Humala. No obstante, como resalta el propio autor en la introducción del libro, si bien los ensayos y la estructura del libro se encuentran marcados por los acontecimientos cotidianos de la política peruana, puede encontrarse en ellos una lectura implícita de las características que definen al Perú contemporáneo.

Aunque ambos libros cuentan con características muy distintas, dos puntos centrales los asemejan. En primer lugar, ambos nos muestran historias fallidas. En el libro de Mc Evoy, por ejemplo, encontramos que la primera república peruana derivó en la respuesta autoritaria de los militares frente a la debilidad del gobierno civil y cómo la alianza con los caudillos impidió “concretar un programa político que defendiera las libertades fundamentales y la hegemonía civil en el gobierno”. Vergara, por su parte, argumenta que el espíritu de nuestro tiempo está marcado por el fracaso de la “promesa republicana” y el éxito de “promesa neoliberal”: En solo veinte años la promesa de “libertad, mercado y emprendedores” del neoliberalismo inaugurado por Alberto Fujimori fue cumplida frente al largo fracaso de la promesa de “igualdad, instituciones y ciudadanos” del republicanismo.

En segundo lugar, los trabajos de Mc Evoy y Vergara se asemejan en que no son solo trabajos de importante valor analítico, sino que ambos cuentan con una dimensión política propia. En la introducción a sus ensayos, Mc Evoy señala que a través del acercamiento a la trayectoria de aquellos que intentaron imaginar “la república peruana es posible rescatar una tradición que permita poner de relieve la dimensión política de lo público  en el contexto de debilidad de representación política actual”; mientras que Vergara sostiene que “la tarea más urgente de nuestra época” es reducir la distancia entre República y neoliberalismo. Los cambios sociales de las últimas décadas y el acelerado crecimiento económico y reducción de la pobreza de los años recientes habrían creado ciudadanía, pero carente de vínculos institucionales. Esta necesidad se vuelve aún más urgente cuando el autor lanza una pregunta crucial: “¿Será gobernable el  Perú cuando escaseen los esteroides del crecimiento y las instituciones sean las de siempre?”.

Si bien ambos textos tratan de épocas específicas en las cuales analizan el fracaso de construcción republicana, los autores están pensando en el futuro. Durante la última década el Perú se ha mantenido alejado, a diferencia de otros países de la región, de escaladas autoritarias, e incluso hemos superado nuestro récord de vida democrática ¡Doce años! Considerando nuestra historia,  sin duda es algo que debería alegrarnos, pero no podemos perder de vista que gran parte de la estabilidad reciente responde a los “esteroides del crecimiento” antes que a partidos medianamente articulados o un Estado que alcance de manera homogénea el territorio nacional. Los dos sectores capaces de generar políticas redistributivas importantes – educación y salud – reciben un porcentaje del presupuesto que no se ha modificado mucho desde el ajuste estructural de los años noventa, por lo que los nuevos ciudadanos que han superado la pobreza recientemente han optado por matricular a sus hijos en escuelas privadas de baja calidad en lugar de la escuela pública, o atenderse en clínicas de bajo costo (muchas veces en conteiners) antes de acudir a un hospital estatal. Como ha demostrado Steven Levitsky, la democracia peruana es una de las que menos gasta en ambos sectores en América Latina y su gasto también es limitado en políticas directas de alivio a la pobreza.

La deficiencia histórica del Estado y el limitado gasto social son factores importantes para explicar el descontento generalizado respecto a las instituciones estatales y la desaprobación de casi todos los políticos que actualmente ocupan un cargo de elección popular en los niveles nacionales de gobierno. Pero la otra cara de la misma moneda es la debilidad de la sociedad civil y las instituciones representativas de la democracia: los partidos políticos. No es una exageración que la calidad de la oferta política es paupérrima. Al no existir espacios institucionales para construir una carrera política la mayoría de nuestros congresistas – para hablar del caso más crítico – son políticos amateurs sin conocimiento del oficio; mientras que los políticos más experimentados que aparecen en la encuesta quincenal de los domingos no parecen estar preocupados en fortalecer organizaciones donde mandan sin limitaciones, en el caso haya alguien a quién mandar. Si a eso agregamos que los presidentes en el cargo no se ajustan al programa electoral con el que fueron electos, es altamente probable que el fantasma populista vuelva a apoderarse de la casa cuando las cuentas no vayan tan bien.

Quisiera terminar esta columna haciendo referencia a los dos libros que la inspiraron. Por una parte, el libro de Mc Evoy muestra que nuestra historia nacional no solo está plagada de caudillos autoritarios sino de políticos e intelectuales que plantearon una opción republicana que buscó construir instituciones y asegurar la ciudadanía e igualdad de los peruanos. Un caso particularmente conmovedor es la biografía de Juan Bustamante, muerto luego de encabezar una revolución liberal en el altiplano. Asimismo, Vergara nos muestra que la “promesa republicana” existe y ha logrado mantenerse vigente aunque inconclusa. Es tarea urgente empezar a hacerla realidad.

 

Quiero agradecer a Noticias SER, a su director y al equipo por la confianza por poco más de dos años de colaboración, primero en la columna comunal “Altiplano Político” y luego en “La Cantera”. Ha sido un gusto acompañarles.
 

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