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"En el Bajo Piura las familias tendrán que empezar de cero"

Enviado el 19/04/2017
Por: 
Omar Rosel

La situación de la población que ha sido afectada por los huaycos y los desbordes de ríos en la zona norte del país, aún es bastante precaria. Muchos de ellos lo han perdido todo, han tenido que dejar sus tierras y asentarse en nuevos territorios. Y hay una situación de incertidumbre porque aún no hay una respuesta sobre el proceso de reconstrucción desde las instancias gubernamentales del nivel regional y local. Ante este escenario Noticias SER conversó con la antropóloga María Luisa Burneo De La Rocha, investigadora del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y especialista en desarrollo rural, quien visitó la zona del Bajo Piura la semana pasada.

¿Consideras que se ha visibilizado muy poco el nivel de afectación que han sufrido las zonas rurales del Bajo Piura con las inundaciones y desborde de ríos?

Definitivamente, me parece que en un momento se abordó lo que estaba sucediendo en los caseríos del Bajo Piura, sin embargo, luego, la atención se focalizó en las zonas urbanas. Y no se entiende todo lo que el desastre significa para las familias campesinas, porque no sólo han perdido sus viviendas, sino también sus cosechas y sus animales, que son el sustento de su economía familiar. Y ahora en el Bajo Piura las familias tendrán que empezar de cero.

¿Qué reacción han tenido los gobiernos locales y el gobierno regional ante el desastre?

La reacción ha sido muy elemental, a nivel de emergencia, porque a la gente le han dado carpas, y víveres; pero me parece que no se está dialogando con la población sobre las condiciones mínimas que necesitan para sobrevivir en el desierto, porque ellos están acampando en la intemperie, en una situación muy precaria. Y tampoco se está conversando sobre el mediano plazo. Yo he conversado con algunos dirigentes, porque son varios los caseríos que ahora están asentados a lo largo de la Panamericana -entre el kilómetro 976 y 980-, y me dicen que todavía no tienen nada concreto. Es poco lo que han dialogado con el gobierno regional, justamente un grupo de ellos iban a hacer una manifestación el pasado lunes.

De lo que has podido apreciar en la zona del Bajo Piura, ¿la ayuda del gobierno ha sido efectiva y bien distribuida?

Todo es muy desordenado, porque no solamente llega ayuda del gobierno regional, sino también de alguna asociación o simplemente llega gente que va por su cuenta llevando cosas. El Estado básicamente ha dado carpas a la gente, pero para el desierto es inadecuado porque no se puede soportar la temperatura dentro de estas carpas. También ha dado víveres, pero la gente necesita condiciones mínimas para estar un poco mejor, porque los niños necesitan un espacio donde pasar la tarde porque se están sancochado bajo el sol, porque dentro de las carpas no soportan el calor. De otro lado, les dan alimentos, pero no tienen ollas para cocinar, no hay infraestructura mínima, no tienen baños, están a oscuras en el desierto.

¿Qué grado de organización ha tenido la población del Bajo Piura para hacerle frente al desastre?

Uno de los problemas es que la organización es frágil, porque si bien la comunidad campesina a nivel macro cumple con funciones territoriales, en los caseríos no tienen las capacidades de tener una representación local. Entonces, quienes se están movilizando son los dirigentes locales o los tenientes gobernadores o se ha elegido a delegados, eso es todo lo que hay. Las herramientas que tienen es el padrón de damnificados y el delegado, que digamos es la voz, no hay más institucionalidad. Quienes se han hecho presente son las municipalidades que les ha brindado alguna asistencia básica; pero a nivel del gobierno regional, en términos de planificación, es muy poco lo que se está dialogando con la población.

¿Cuáles son los problemas que se deberían ir discutiendo en estos momentos?

Urge tratar varios aspectos, como la situación de las tierras que estén ocupando, porque ya se están organizando para repartir lotes; pero aún hay incertidumbre porque no saben cómo se va hacer el reconocimiento de estos terrenos y de los cultivos. Están pidiendo con urgencia que se vea el asunto de la escolaridad de los niños, porque están acampando por la Panamericana y están perdiendo clases ya que están lejos de sus antiguas escuelas. Son un montón de problemas que requieren de la planificación de diversos sectores, para que se vea el asunto de forma integral y eso no está sucediendo todavía.

¿Se puede decir que las poblaciones rurales del Bajo Piura están en una incertidumbre total sobre como reconstruir sus vidas?

Si, la población del Bajo Piura vive una situación de incertidumbre. No saben qué va a pasar la semana siguiente, el mes siguiente y mucho menos que va a pasar en términos del futuro. Entonces, están muy preocupados porque no encuentran un canal claro para comunicarse con el gobierno regional, para poder dialogar y planificar lo que se va hacer con esa zona. Ellos han preguntado por varias cosas, como la tierra que habitan ahora, cómo se va a reconocer, sobre cómo se va a ordenar los cultivos, qué va a pasar con las chacras, qué tipo de proyectos se van a implementar en la zona, la educación de los niños. Muchos quieren volver a donde vivían, porque hay una desesperación de continuar habitando en el desierto donde no hay nada y, muchos quieren regresar porque no hay una respuesta del Estado y por supuesto otros quieren quedarse, entre ellos los más jóvenes, pero igual con mucho temor y mucha incertidumbre de cómo les va a ir en esa apuesta. La población se siente bastante aislada y sola en este proceso de reconstrucción.

En un artículo publicado en Noticias SER señalas que las familias de los pequeños caseríos del Bajo Piura sabían que se encontraban en una zona vulnerable, ¿al parecer no tuvieron apoyo de ninguna instancia de gobierno para hacer frente a esta alerta?

Es el caso de algunos caseríos, para no generalizar, han pasado años pidiendo reubicarse en una zona más segura. En el caso concreto de Santa Rosa de Curamori, tenían unas tierras que la comunidad campesina de Catacaos le cedió en posesión, pero el gobierno regional nunca les dio condiciones mínimas para asentarse en la zona. Por ejemplo, necesitaban aplanar un terreno y alguna vía de acceso, así como dialogar sobre los servicios de agua y alumbrado público, pero nunca tuvieron una respuesta efectiva. Ellos han estado años detrás de esto, hasta que sucedió el desastre y ahora se han mudado de esas tierras, pero en una situación muy precaria.

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