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¡Moderación! Consigna izquierdista

Enviado el 19/09/2016
Por: 
Leoncio Aguilera Puma

Aunque parezca demasiado pronto, hay opinólogos que en privado están hablando de los futuros herederos de PPK, de afuera y dentro de su conglomerado. De afuera ya se conoce a Verónika Mendoza, Julio Guzmán, César Acuña, pero no se descartan a consagrados zombies (AGP, OH/NH, AT y hasta Popy) u outsiders como Gastón Acurio, que puede aguarles la fiesta a todos los demás. De dentro los nombres se multiplican.

¿Cuál es el futuro que nos espera con un presidente gringo globalizado, liberal, sin partido y anciano, en un escenario de cuasi empate político con sus opositores? Muchos piensan que es probable que lo herede la hija del presidente japonés y quieren convertir ese deseo en una tendencia natural e ineluctable, dados los resortes de poder que controla (Congreso, dinero, organización, prensa) que hasta podrían facilitarle un cambio en las reglas electorales. La cuestión es cuál es la estrategia que haya adoptado la favorecida: o dejar que las cosas fluyan según el ritmo institucional de las cosas con sus plazos y límites, incluyendo crisis durante el quinquenio en las que no quiera derribar al gringo o, más bien, presionar y presionar para forzar errores, generar crisis y adelantar la salida, inclusive con el recurso recientemente utilizado en Brasil. Pero, como sabemos, un partido no es un ejército en el que sólo existe una voz de mando. Los matices del coro empiezan a aparecer.

El trabajo de algunos analistas políticos consiste en imaginar escenarios futuros y convencer a los actores de su probable ocurrencia. Los hechos del presente son convertidos en “tendencias”, se agregan unas inconveniencias que no afectan a los bendecidos de sus gustos y… violá!, persuaden con la magia de sus palabras. Los periodistas y opinólogos hacen el resto. Por largos años el gurú del análisis político criollo fue el finado Manuel D’Ornellas, quien desde las páginas de Expreso, pronosticaba el futuro de alcaldes, diputados y candidatos presidenciales a tres, cuatro y cinco años de distancia. Pero el único efecto que logran los gurús es que, parte de los políticos no se ocupa de los hechos diarios sino que la ansiedad por ver sus autoprofecías cumplidas, los traiciona.

La política está hecha del choque de voluntades múltiples y el azar, más que de fríos cálculos y razones. Más que en el fútbol, en la política no hay equipo chico. La historia muestra que las tendencias y los escenarios pueden ser reconfigurados por golpes de minorías audaces. El grupúsculo de Abimael Guzmán cambió la historia reciente de toda nuestra sociedad, como el imaginario escenario de una reelección conyugal en el 2016, llenó de sombras y fantasmas una serie de decisiones durante varios años.

Los deterministas hacen depender el futuro político de la gestión económica, pero nada indica que vaya a haber una caída tan honda en el desempeño económico que pueda retrotraernos a los años de la hiperinflación. Por más fracaso que hubiera, derivado de una crisis internacional, eso no significaría los dantescos escenarios que hoy vive Venezuela, por lo que sin grandes éxitos económicos en el crecimiento, la gestión PPK puede mantener el ritmo, sin necesidad de ninguna reforma estructural –como dice Waldo Mendoza-. Le basta administrar las cosas para salir bien librado, aunque si logra multiplicar la inversión pública en agua y desagüe podría ganarse unos porotos entre los pobres que suelen votar naranja o rojo.

No olvidemos que para el peruano de a pie, el desempleo o el bajo salario ha sido superado como problema álgido por su percepción de la inseguridad urbana y el crecimiento de la delincuencia. Si no hay logros en este terreno durante el 2017, el manejo de la prensa fujimorista, de las encuestas y de la movilización callejera, puede poner contra las cuerdas no sólo al ministro del Interior, sino a todo el gobierno. Pero todo depende de la estrategia general adoptada por la tienda naranja.

Hay una tercera posibilidad en la relación entre el gobierno y el fujimorismo fuera de la oposición institucional o la confrontación y que es el no tan secreto deseo que aletea sobre las filas oficialistas: la concertación. Al fin y al cabo, la mayoría de ppkausas hicieron buenos negocios con los fujimoristas o esperan hacerlos en el futuro. Como es obvio, esto no será posible durante el primer año, pero después, quién sabe, y eso no sólo depende de la voluntad de sus líderes y de su ala de liberales, sino también de las actitudes de los demás actores de la escena: las izquierdas, los apristas y el azar.

El aprismo se ha posicionado bien en el centro del escenario al autodefinirse (conchudamente, la verdad) como bisagra entre la oposición y el gobierno. Para implementarla no necesita mucha gente, pues le basta la escopeta de dos cañones: el achorado Mulder y los concertadores. Habiendo casi liquidado al PPC con su abrazo mortal, tiene los cuadros enquistados en el aparato estatal, en la sociedad civil y en los medios para hacer creer que puede renovarse y afianzarse en las elecciones del 2018, derrotando a un Acuña debilitado y un Guzmán primarioso. Pero, ironías de la política: su mejor capital, su líder invicto en mil batallas, ha devenido en su peor debilidad y generador de anticuerpos que ha arrastrado al partido en su vergonzosa caída.

¿Qué piensan del futuro inmediato los izquierdistas? Queda todavía en un sector de ellos un run run revolucionario que rinde culto a la voluntad e ignora las condiciones de la realidad. El comandante Chávez ilumina sus corazones. El del discurso flamígero y justiciero contra los ricos, el caudillo antiimperialista que vendía puntualmente su petróleo a los yanquis. El admirador del Fujimori antipartido. El que cree que las instituciones democráticas y los derechos humanos son cojudeces (por eso se retiró del Pacto de San José). Ese rollo desprecia la acumulación electoral porque desprecia “el establo parlamentario”, pero arranca los ojos de sus camaradas a la hora de pelear por candidaturas, como se vio en el pasado verano. Ese mismo rollo ideológico le impide ver que la gente aprecia el pragmatismo de PPK y sus negocios con China, un país gobernado por comunistas.

Afortunadamente, el rollo revolucionario no es el rollo de los dirigentes de TyL, pero sus ecos les han servido a algunos, y grupos menores del FA, para frustrar alianzas con otros izquierdistas y moverse hacia el centro del espectro político. Y sin alianzas con el centro, el FA no podrá avanzar en ser alternativa seria de gobierno (y poder). (Elemental, mi querido Lenin de parvuliche). Es curioso cómo el izquierdismo, que es pragmático a la hora de redactar su Programa (reformista y no anticapitalista, por donde se lo mire) no tenga un comportamiento acorde, sino que sus escrutinios morales les juegan una mala pasada y pueden terminar por enredarlos en las ramas, sin poder ver el bosque y las cosas grandes que están en juego.

Parece que a algunos izquierdistas les cuesta entender que su principal capital político es Verónika y no la inscripción legal, en manos de TyL, puesto que la organización aún es un proyecto en construcción. Esto, que puede sonar a caudillismo, es una constatación de un hecho real. Que algunos antepongan los derechos de propiedad sobre firmas e inscripciones (como los dirigentes TyL de Cusco e Ica, según Rocío Silva S.) a la necesidad de definir la estrategia para enfrentar los ataques de las derechas, revela que, lastimosamente, algunos se han puesto en un callejón sin salida, al tratar de postergar el Congreso.

Estrategia que significa hilar fino en un terreno complejo y escabroso, alejado de la simplona oposición por la oposición. Estrategia que debe impedir que se plasme la colaboración entre Fuerza Popular y PPK; que golpee al fujimorismo y toda medida pro patronal, a la vez busque una suerte de alianza (pasajera e inestable) con el gobierno en todo lo que favorezca al pueblo. Una estrategia que coloque a la izquierda como heredera de este período político. Hay que ser claros: El éxito de un gobierno PPK enfrentado con la corrupción, con la impunidad, a favor de la defensa de los derechos fundamentales del pueblo será favorable al fortalecimiento del Frente Amplio.

Teniendo ese panorama general, ojalá que todos estén dispuestos a preservar la unidad del Frente Amplio y ampliar su composición. Ojalá que esta confrontación quite velos de los ojos y ayude a una reconcentración de fuerzas en el futuro inmediato poniendo fin a la política de vetos de ambos lados. ¡Moderación!, debiera ser la consigna del momento para todos.

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