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El regreso de los tiempos de Piñera

Enviado el 19/12/2017
Por: 
Juan Aedo Guzmán y Camila Sastre Díaz

Los resultados del balotaje de las elecciones presidenciales sumaron a Chile a la ola de gobiernos de derecha en la región. El holgado resultado de 54,57% (unos 640.000 votos de distancia respecto de su contendor) convirtió a Sebastián Piñera en el presidente de la República para el periodo 2018-2021. Se trata de un resultado muy diferente al que se proyectaba en los análisis previos a las elecciones, que apuntaban a un recuento de votos muy estrecho, sobre todo considerando los resultados de la primera vuelta. Recordemos que Piñera logró obtener sólo un 36% -muy distante a lo que su comando proyectaba-, seguido por el oficialista Alejandro Guillier, quien obtuvo un 22%, y la candidata del Frente Amplio Beatriz Sánchez en tercer lugar, con un 20% de los votos.

La hazaña de Piñera, multimillonario que hizo su fortuna como especulador financiero, fue sumar 20 puntos porcentuales, los que han convertido esta elección presidencial en la más votada y con un resultado muy contundente desde el regreso de la democracia en Chile. La derecha logró, finalmente, sumar mucho más votos de los imaginados. De hecho, los votos obtenidos por Sebastián Piñera y José Antonio Kast, candidato de ultraderecha y defensor de la dictadura militar de Pinochet (1973-1990), durante la primera vuelta no logran sumar el resultado de ayer (Piñera obtuvo 2.417.216 votos en primera vuelta, y Kast 523.213, mientras que en segunda vuelta Piñera logró 3.795.896 votos). ¿De dónde provienen estos votos? ¿Quiénes son los electores? Estas son algunas de las preguntas a responder para que la izquierda chilena encuentre una explicación a su derrota.

Fueron 300.000 votantes más los que concurrieron al balotaje, en comparación a la votación del 19 de noviembre, los que buena parte provienen de las comunas del acomodado sector oriente de la región Metropolitana. Piñera triunfó en la gran mayoría de las regiones del país. Sólo le fueron esquivas dos regiones del extremo sur, que tienen una baja cantidad de población. Fue diferente lo que ocurrió en las regiones más pobladas (Araucanía, Bio-Bio y Metropolitana, de menor a mayor cantidad de población), donde logró una amplia diferencia a su favor (100 mil, 150 mil y 175 mil votos respectivamente). Y en las comunas de estas regiones donde Guillier triunfó, la diferencia de votos no lograba compensar la distancia que iba obteniendo Piñera, como el caso de la comuna de Santiago Centro, donde Guillier sólo ganó por 200 votos de diferencia.

Examinando en detalle lo que sucedió en la capital, los votantes de las comunas acomodadas del gran Santiago acudieron a votar en mayor cantidad que el caso de las comunas más pobres y de clase media (consideremos que la votación en Chile es voluntaria). De hecho, si consideramos la región Metropolitana como un botón de muestra, Guillier logró derrotar a Piñera en casi todas las comunas del sector Sur, Poniente y Norte. Piñera, sólo triunfó en las comunas del sector Oriente, tradicional bastión de la derecha. Sin embargo, el nivel de participación fue lo que inclinó la balanza. En comunas como Pudahuel y La Pintana, municipios de bajos ingresos, sólo fueron a votar mil personas más en esta segunda vuelta electoral. Diferente es lo que ocurrió en comunas ricas, como Vitacura, donde 4 mil personas más concurrieron a las urnas, o el caso de Las Condes, donde fueron 10 mil personas más. Esta última comuna es un buen ejemplo, ya que del total de electores (166.000 personas que votaron), el 81% marcó su preferencia por Piñera.

Una de las razones que podría explicar la efectiva movilización lograda por la derecha sería la campaña del terror que desplegó en esta segunda parte de la elección presidencial. Desde el inicio de la segunda vuelta, la campaña de Piñera comenzó a viralizar la idea de que la elección de Guillier llevaría en una “venezuelización” del país, junto con hacer guiños a grupos ultraconservadores como las Fuerzas Armadas y grupos evangélicos.

Junto con esto, Piñera realizó en paralelo una serie de concesiones -al menos nominalmente- a demandas sociales como avanzar en gratuidad de la educación superior técnica y universitaria, y revisar la situación de las pensiones y salud. En estos temas, Piñera cedió forzosamente a demandas planteadas por el popular senador de su partido Manuel José Ossandón, quien ya se perfila como uno de los nuevos líderes de la política chilena.

 

¿Qué se viene?

Las elecciones del pasado 19 de noviembre también consistieron en la renovación de la mitad de la cámara de Diputados y del Senado (en Chile el congreso es Bicameral). Y los resultados más bien conformaron un Parlamento sin mayoría. Piñera se enfrentará estos cuatro años a un Parlamento fragmentado, con el que tendrá que entrar a negociar para desarrollar su programa de gobierno. Es por ello que una pregunta pertinente es ¿a quién recurrirá el Presidente electo para lograr acuerdos parlamentarios?

Es importante mencionar que la derecha en primera vuelta se presentó con dos candidatos (Piñera y el ultraderechista José Antonio Kast) y que Piñera durante las primarias presidenciales de julio compitió con otros dos contendores, representantes de una derecha social (en el caso de Ossandón) y una derecha más liberal (Felipe Kast). Al final, todos (incluido José Antonio Kast) trabajaron por Piñera en miras al balotaje, lo que nos conduce a preguntarnos ¿cuál será la facción de derecha que prevalecerá en el gobierno de Piñera?

Por último, queda por ver cuál será el espacio para la nueva oposición. ¿Cómo enfrentará la Nueva Mayoría -antes llamada Concertación- este nuevo escenario? ¿Encontrará alguna forma de continuar o finalmente se terminará por disolver? ¿Qué sucederá con el espectro político de centro, tradicionalmente representado por la Democracia Cristiana, partido que disminuyó abismalmente su representación en el Parlamento en estas últimas elecciones, además de fragmentarse en dos facciones casi irreconciliables, debido a la “izquierdización” del candidato oficialista? ¿Quién será capaz de llenar ese vacío?

Respecto al Frente Amplio, ahora se inician cuatro años donde tendrá que mostrar si es capaz de construir una nueva alternativa mediante el trabajo de su nueva bancada parlamentaria, que pueda arrebatarle el gobierno a la derecha el año 2021. Pero para responder a todas estas interrogantes tendremos que dejar que corra el tiempo...

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