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Aylwin y la medida de lo posible

Enviado el 20/04/2016

Hoy las portadas de la prensa chilena se cubrieron con retratos de Patricio Aylwin (1918-2016), mientras que los canales de televisión emitieron largamente programas especiales con homenajes póstumos. Figura política protagónica de la transición chilena a la democracia, de la política tensa y con olor a barraca militar de los años noventa, y de mis primeros recuerdos políticos. Aún me recuerdo yo niña, sentada en la mesa del comedor de mi casa, cenando con mis padres y viendo alguna de sus cadenas nacionales, en nuestra pequeña televisión de siete pulgadas. Recuerdo a mi padre pidiéndonos a mí y a mi hermano guardar silencio y prestar atención a lo que “el Patito” le estaba diciendo a la nación. Siempre me llamó mucho la atención esa manera tan cariñosa como mi padre lo llamaba; “el Patito” o “Don Pato”, como si fuese un amigo cercano.

Hoy los medios nos hablan de Patricio Aylwin el muerto y como reza el dicho popular “no hay muerto malo”. Así que yo diré algunas cosas Patricio Aylwin el vivo, o don Pato. Prefiero darme el tiempo para recordar, en la medida de lo posible, aquello de lo que muy poca gente habla.

Don Pato y el golpe

No pudo dejar de hablar sobre su rol en el complejo año de 1973. Para esa época don Pato era senador del Congreso Nacional y presidente de la Democracia Cristiana, uno de los dos partidos políticos de oposición al proyecto de la Unidad Popular, con gran incidencia en la política chilena. Por eso, su rol para ese momento de inestabilidad política era relevante. Y Salvador Allende, el Chicho, lo sabía. Por ello es que a sólo diecinueve días antes de que el Chicho se suicidara y el palacio presidencial fuese bombardeado, le escribió una carta a don Pato, invitándolo al diálogo, sin tranzar los principios del proyecto político que comandaba. Central son las palabras con las que cierra el Chicho su misiva: “No deseo dramatizar, pero tengo el deber de recordarle las trascendentes responsabilidades que usted y yo tenemos en estos difíciles instantes que vive el país y las proyecciones históricas de nuestras decisiones”. Sin embargo, ocurrido el golpe de Estado e instalada la Junta Militar encabezada por Pinochet, don Pato manifestó a la prensa tanto nacional como extranjera que el gobierno del Chicho había agotado las vías democráticas para consumar su proyecto revolucionario, y que por ello se aprestaba a dar un autogolpe de Estado, por medio de milicias armadas (¿con qué armas?), para así instalar una dictadura comunista en el país. Continúa don Pato diciendo que debido a ese contexto, justificaba(n como partido) la acción de las Fuerzas Armadas, como salvadoras de la instauración de una “tiranía comunista”.

¿Dónde está su rol como guardián de la democracia, don Pato? ¿Dónde quedó el supuesto hombre republicano, del que hoy me hablan en la televisión? Como todo ser humano don Pato podía haber errado (errare humanum est)… Sólo que este se trató de un horror que significó diecisiete años de dictadura, el establecimiento de una de las economías neoliberales más macabras que se pueda encontrar, y según la última cuenta oficial, alrededor de 3.000 desaparecidos y más de 40.000 personas víctimas de la tortura política. Por esto, yo creo don Pato que usted fue un golpista, un hombre que no buscó detener la detonación de la democracia, y que al contrario, justificó lo ocurrido. Pues ninguno de los componentes del supuesto autogolpe de Estado que Allende estaba planeando, y que don Pato denunció ha sido hasta el día de hoy comprobados. Al contrario, el mito del autogolpe es una de las mentiras más grandes de la historia de Chile, diseñadas para justificar la barbarie de la dictadura militar.

Don Pato y los derechos humanos

Sí, don Pato lloró frente a todo Chile y en cadena nacional. Pidió perdón a nombre del Estado de Chile a todas las víctimas de la dictadura militar. Pero quizás lloró sólo en la medida que sus lagrimales pudieron, al igual que la verdad, justicia y reparación que promovió. Su frase “justicia en la medida de lo posible” fue mítica, definió la nueva época y, por sobre todo, fundadora de las políticas de Estado en cuestiones de derechos humanos y memoria, principio seguido al pie de la letra por todos los gobiernos de la Concertación –actual Nueva Mayoría-, e incluso por la derecha chilena.

Es cierto que parte de sus legados es la creación de la Comisión de Verdad y Reconciliación, más conocida como Comisión Rettig, encargada de la investigación de los casos de hombres y mujeres desaparecidos en dictadura y de quienes no se conocía su paradero hasta ese entonces (y hasta la actualidad en el caso de muchos). Sin embargo, es una Comisión que no incluye el nombre de ninguno de los victimarios, de los asesinos. ¿Por qué don Pato no tenemos derecho a conocer el nombre de quienes hicieron esos indescriptibles crímenes? ¿Por qué don Pato, en la fiesta de la democracia, celebrada al día después de su investidura como Presidente de la República, intentó tratarnos de compatriotas a los militares y civiles, siendo que hasta el día de hoy el Ejército no asume sus responsabilidades y pide perdón? Don Pato, usted no podía tratar de curar una herida sin exigirle a los violadores de derechos humanos asumir su culpa. Don Pato, la verdad en la medida de lo posible no resultó; la verdad se cuenta completa o no es verdad. ¿Y acaso la justicia en la medida de lo posible es justicia?
 
Don Pato, sé que usted trató (y pensó) de hacer lo mejor en la medida de lo posible para nuestro país. Que intentó ser un hombre democrático en la medida que el contexto histórico se lo permitía, y que trató de que este país largo y angosto supiera la verdad y tuviese justicia dentro de lo posible. Pero no confundamos las cosas: el que seamos un país largo y angosto no significa que tengamos que ser angostos de memoria, angostos en justicia, angostos en verdad y angostos en nuestros valores democráticos.
 
Comentarios (1)

Es un artículo con bastante

Es un artículo con bastante "mala leche" o con "sangre en el ojo" como también se dice. Trata al principal protagonista de la democratización chilena, Patricio Aylwin, como "GOLPISTA" como si hubiera participado de alguna manera en el golpe de Estado del 73', cuando fue exiliado muchos años y gracias a su habilidad estratégica pudo "torcerle la mano" a los militares del ala dura en 1988, que pretendían quedarse otros 20 años más. Es unos de los principales artífices de la democracia que hoy probablemente la propia autora desconoce como tal. NoticiasSER debe abrir sus espacios a académicos y especialistas de la historia y del proceso político chileno de este periodo. Chile fue la segunda experiencia histórica en constitutir una Comisión de la Verdad, luego de Argentina, y el Presidente Aylwin fue el impulsor de la misma contra la idea de muchos de los partidarios socialistas y DC de la época que temían una reacción violenta de los militares, que se ufanaban de su poder a través de desfiles o manifestaciones públicas (conocidos como "ejercicios de enlace"), y por tanto es un pionero de haber promovido una conciencia histórica sobre los derechos humanos en el América Latina (ver la amplia bibliografía al respecto de Steve Stern al respecto). El periodo de Allende, si bien democrático, pero estaba al borde de la guerra civil, con grupos de derecha e izquierda armados hasta los dientes, y con toma de fabricas y tierras generalizada, paralizaciones constantes, y el propio gobierno participando de dichas movilizaciones sociales y políticas. Le recomiendo a la autora que celebra el fallecimiento de Patricio Aylwin, que lea a Max Weber "El político y el científico" (http://www.hacer.org/pdf/WEBER.pdf) especialmente el concepto de "politica de la responsabilidad" para que entienda qué son las palabras del Aylwin "en la medida de lo posible". Podría tener una pizca de gratitud, a no ser que considere la democracia chilena actual como un régimen burgués y explotador, que debe desaparecer para que venga algún paraíso "imposible".

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