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La ciudad de Chucuito en la Época Colonial

Enviado el 21/09/2016

Foto: David Almelda

 

La localidad altiplánica de Chucuito, ubicada a orillas del Lago Titicaca, tiene su origen en los reasentamientos poblacionales impuestos a los Lupaca por los conquistadores Incas a finales del siglo XV e inicios del siglo XVI.  Junto con Chucuito, se establecieron otros seis centros urbanos cercanos a las orillas del lago: Acora, Ilave, Juli, Pomata, Yunguyo y Zepita.  De estas “siete cabeceras de los lupacas”, Chucuito era la “capital” en época Inca.  Sin embargo, Juli parece haber sido el centro principal del “señorío” lupaca antes de la conquista incaica del Altiplano.

A diferencia de lo que ocurrió con otros grupos étnicos andinos, Francisco Pizarro reservó a los Lupaca de ser divididos en varias “encomiendas” para premiar a la hueste conquistadora.  Más bien los Lupaca conservaron su integridad étnica porque fueron una “encomienda real”, es decir, los tributos de sus caciques y pobladores eran directamente entregados a la Corona española.  Entre las décadas de 1540 y principios de la de 1570 la provincia fue administrada por diversos españoles nombrados desde Lima, que residían en el pueblo principal de Chucuito.  En época del virrey Toledo (1569-1581), las “siete cabeceras” fueron transformadas en siete “reducciones toledanas”, cada una conteniendo varias parroquias, para garantizar la evangelización de las “parcialidades” en que se subdividía el grupo étnico.  En 1575-1578 la provincia fue convertida en una “gobernación”, es decir, los administradores empezaron a ser nombrados en España con el título de “gobernadores” de la provincia, y Chucuito recibió el rango de ciudad.

En 1619, a más de cuatro décadas de las transformaciones de la época toledana, el obispo de La Paz, don Pedro de Valencia (1617-1631), informó sobre: “la ciudad de Chucuyto por otro nombre la Ciudad de los Reyes de Chucuyto nombre que le puso Don Francisco de Toledo virrey que fue de estos reynos.  Y le dio por armas tres coronas reales.  Asi estan puestas sobre las cajas reales que abita el governador. [...] En la parrochia maior se administran los sanctos sacramentos a los españoles que vienen [sic: viven] en la dicha ciudad, que seran el numero ordinario de ellos hasta veynte” (Valencia ms.1619, ed. 1993, p. 171).

Una descripción del Obispado de La Paz de 1651 indicaba que: “La segunda ciudad, después de La Paz, es la de Chucuito, y no hay otra en el Obispado.  Tiene Gobernador que asiste en ella y es á provisión de S[u]. M[ajestad].; es cabeza de la provincia del mesmo nombre y de la Corona Real” (Salinas ms.1651, ed. 1906, p. 197).

Para la recolección del tributo indígena de la “encomienda Real” de la provincia, en época toledana se estableció una “Caja Real” en la ciudad de Chucuito.  Los encargados de esta tesorería eran llamados “oficiales reales” y eran los responsables de cobrar los impuestos.  Por más de 70 años, hasta la década de 1650, recaudaron mayormente el tributo indígena provincial, pero, con la bonanza minera regional de la segunda mitad del siglo XVII, esta situación cambió.  Entre los impuestos a la actividad minera colonial el más importante fue el llamado “quinto real”, el 20% de la producción de metales preciosos que los empresarios mineros particulares pudiesen extraer del subsuelo, ya que legalmente esas riquezas eran propiedad del monarca, quien les había concedido la explotación de las minas que descubrieran tan sólo en usufructo.

De las numerosas minas que los españoles explotaron en la provincia de Chucuito durante la época colonial, la más importante fue, sin duda, la de San Antonio de Esquilache, que tuvo su época más productiva a partir del año 1650.  En 1652 el virrey Conde de Salvatierra (1648-1655) decidió controlar la abundante producción de plata, así como a los revoltosos mineros que llegaron allí con intenciones de enriquecerse.  Para ello, y durante poco más de 15 años hasta 1668, la “Caja Real” de Chucuito se trasladó desde la ciudad lacustre al inhóspito centro minero de San Antonio (4,725 m.s.n.m.), distante 9 leguas (unos 45 kilómetros), cruzando la cordillera (de la Cuenca del Titicaca a la del río Tambo, hacia el Océano Pacífico).

El “boom” minero regional de mediados del siglo XVII --primero en San Antonio de Esquilache y luego, desde 1657, en Laicacota-- originó diversas formas de evasión fiscal, en la que se coludieron desde el principio los funcionarios de la Caja Real con los empresarios mineros.  Además todos ellos se vieron envueltos, entre 1665-1668, en los violentos conflictos llamados en esa época los “sucesos de Puno”.   Los intentos de grupos de mineros rivales (andaluces y vascongados), por monopolizar excluyentemente la producción de plata, caracterizaron la década de 1660 en el Altiplano y han sido erróneamente llamados la “rebelión de los hermanos Salcedo”.   Tras capturar y ejecutar al minero andaluz Joseph de Salcedo, el virrey Conde de Lemos (1667-1672) ordenó el cierre de la Caja Real en San Antonio y su restablecimiento en Chucuito (a partir de 1669).

Hasta finales del siglo XVIII la Caja Real siguió funcionando en la ciudad de Chucuito, pese a la disminución de la producción minera en el Altiplano.  En 1770, se dice de la provincia de Chucuito que: “Estaba esta provincia muy poblada al tiempo de la conquista; y asi se consideró desde el principio por opulenta.  Tuvieron sus gobernadores el mando político, vicepatronato, y capitania general de las provincias inmediatas, inclusas algunas de [la] costa” (Bueno 1770, ed. 1872, p. 136).

Y de su capital: “La capital de esta provincia es la ciudad de Chucuyto, donde reside el gobernador.  Está muy bien situada.  Su altura de polo es de 17°.  Goza de la vista de la laguna, y de muchas de sus islas.  A no haber todo el año tanto frio en este país [= región], no hubiera otro de mas comodidades, ni tan alegre y divertido en todo el reyno; pero el frio incomoda lo bastante para no ser apetecido” (Bueno 1770, ed. 1872, p. 137).

En 1776, al crearse el nuevo Virreinato del Rio de la Plata, Chucuito pasó a esta nueva jurisdicción.  En abril de 1781, durante la Gran Rebelión de los Túpac Amaru, la ciudad fue atacada por los rebeldes.  La “Memoria de Gobierno” del virrey Agustín de Jáuregui registra: “en Chuquito, provincia contigua á Puno, y ambas del virreinato de Buenos-Aires, hicieron los indios cruelísimos estragos, matando al corregidor y muchos eclesiásticos, como también á todos los hombres y mujeres españoles, sin perdonar las indias que usaban el traje [español] de aquéllas, ni respetar el sagrado de los templos.  En esta villa [sic: ciudad de Chucuito] habia sujetos adinerados, con cuyo despojos tomaron nuevo aliento estos bárbaros [¡sic!], y del pillaje no se hubiera salvado el caudal perteneciente á la Real Hacienda, si con anticipacion no se extrae, trasladándose á Arequipa” (Lorente ed. 1872, t. III, p. 155, párr. 99).

Pasada la Gran Rebelión, Chucuito se mantuvo como ciudad, aunque las Cajas Reales pasaron a la Villa de Puno.  Tras la Independencia, el viajero francés Alcides D’Orbigny [n.1802-m.1857] pasó por la zona en 1830, dejando esta breve descripción: “La poblacion de Chucuito, nombre que entre otros se da tambien al lago, está edificada sobre una colina que tendrá de elevacion unos doscientos setenta pies y presenta el punto de vista mas pintoresco; es muy aseada, construida con regularidad, y se le dan de poblacion unas 5,000 almas.  Tiene una bonita iglesia circuida [= rodeada] de arcos, grandes fuentes, y un mercado en donde se hace un considerable comercio de coca.  Lo mucho que sufrio cuando la insurreccion de Tupac Amaro le ha dado celebridad; pues los insurgentes la tomaron, saquearon y destruyeron en 13 de abril de 1781.  Es el último pueblo de alguna importancia que se encuentra antes de llegar á Puno” (ed. 1843, t. II, p. 1).

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