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Patrimonio cultural: ¿Cuánto lo valoramos?

Enviado el 21/09/2016

Foto: Andina

 

Dos últimos hechos permiten retomar un viejo debate sobre lo que significa la puesta en valor del patrimonio cultural, acepción cuyo significado se diluye entre diversas interpretaciones y enfoques.

Uno de ellos es el voraz incendio ocurrido en la histórica iglesia de San Sebastián cuyo bello altar de arte barroco, varias pinturas del siglo XVII de la reconocida escuela cusqueña (de Diego Quispe Tito) y otros bienes de más de dos siglos de antigüedad, fueron destruidos, afectando un 80% de toda la iglesia. Otra vez más de lo mismo aparece en las noticias: cortocircuito como causa, hidrante obsoleto, carencia de fuente cercana de agua (debiendo traerse desde el río Cachimayo), esfuerzo de los vecinos para salvar parte del patrimonio, labor denodada de los bomberos, entre otros. Lo más lamentable es que recién hace cuatro años el templo había sido restaurado con una inversión de unos cinco millones de soles, que desde el año 1972 estaba declarado Patrimonio Cultural de la Nación y Monumento Histórico Artístico, categorías simplemente retóricas si se considera lo poco que se ha hecho para protegerlo de contingencias que reduzcan los riesgos de deterioro o pérdida.

Otro hecho, algo distinto, pero que igualmente merece ser abordado desde esta preocupación de cuanto se valora realmente el patrimonio cultural es la denuncia que ha realizado el Director de la Biblioteca Nacional, Ramón Mujica, ante la Comisión de Cultura del Congreso acerca de que dicha institución podría perder todos los juicios -iniciados hace más de cinco años-, que tiene contra los trabajadores acusados del robo de libros y manuscritos de la memoria histórica del Perú. De acuerdo a la fiscal especializada en delitos contra el patrimonio cultural, los bienes extraídos (cartas de Andrés Avelino Cáceres) “no cumplen con el presupuesto esencial para la configuración del delito contra el patrimonio” porque no poseen la suficiente antigüedad para ser considerados como parte de la memoria nacional (¿?). Impunidad, negligencia, desinformación, lo que fuera, lo cierto es que una vez más poco o nada vale el patrimonio cultural en cualquiera de sus manifestaciones.

De acuerdo a Walter Alva, la puesta en valor implica “la intervención de un patrimonio arqueológico con la intención de conservarlo para el interés público[1]. Otros especialistas como Santiago Uceda señalan que se trata de “poner en uso actual un bien mueble o inmueble…de múltiples formas y naturaleza”. También implica la habilitación del inmueble o bien para funciones sociales de diverso orden, pero con un respeto total por sus valores históricos y estéticos. (Universidad Autónoma de Barcelona). Algo preocupante es que ni en la Ley 28296 (Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación) ni en su Reglamento se encuentra una definición de este concepto, por lo cual causa curiosidad como se orientan los trabajadores del sector y la población en general para entender la valoración de nuestro patrimonio, que está sujeta a diversas interpretaciones.

Sin embargo, si leemos el programa presupuestal del MEF para el sector Cultura se resalta como problema la pérdida de patrimonio cultural del país, y se señala como resultado el incremento de la puesta en valor del patrimonio cultural para uso social, precisando resultados, productos, actividades, indicadores, medios y supuestos. La lectura de este instrumento presupuestal muestra un conjunto de intervenciones cuyo real cumplimiento podría muy bien contribuir a mejorar la actual situación del patrimonio cultural. Contrariamente, a la luz de los hechos casi cotidianos se percibe que continúa su poca valoración y aprovechamiento social. ¿Qué está ocurriendo? ¿Financiamiento? ¿Capacidades humanas? ¿Conciencia ciudadana? ¿Interés del sector privado? ¿Voluntad política? ¿O Ausencia de claridad sobre lo que significa la valoración real del patrimonio cultural?

Es muy cierto que al Patrimonio Cultural se puede arrogar diversos valores: de uso, material, simbólico, emotivo, social, educativo, entre otros[2]. Pero un enfoque central que compartimos es el reconocimiento de que “es imposible la existencia de una cultura sin patrimonio y una sociedad sin memoria; el valor social convierte al patrimonio del presente en una realidad imprescindible para la comprensión de esas culturas y sociedades y a sí mismas y, también, para permitir su comprensión a generaciones posteriores”.

Así, la puesta en valor no se limita a los procedimientos formales de convertir un bien cultural en un proyecto, en una formalización jurídica, en un saneamiento físico legal, en una inscripción o registro. Es un proceso mucho más complejo que conlleva una valoración de la dimensión humana y cotidiana del patrimonio, desde la cual se fortalece la memoria social y recrea la cultura actual. Como señala Martín Guglielmino se trata de “comportamientos, hábitos, pensamiento, el entorno social como medio de transmisión cultural y de memoria histórica, idea que subyace en forma evidente en nuestra definición de la difusión del patrimonio como gestión cultural mediadora entre el patrimonio y la sociedad”.

Retomando los casos señalados al inicio de este artículo, lo que trasciende de esos ejemplos de maltrato al patrimonio cultural tiene bastante que ver con la errónea valoración que se le otorga, fuera del marco de una visión renovada de desarrollo con identidad y memoria colectiva, con inclusión social, con equidad y aprovechamiento social y sostenible de esa vasta riqueza que posee nuestra sociedad, ayer y hoy.

Lo cierto desde nuestro punto de visa es que no se siente una intervención trascendental de las autoridades del Ministerio de Cultura desde su constitución en el 2010 hasta la fecha para revalorar la cultura del país y darle el rol protagónico en los desafíos del desarrollo nacional.

*El autor de esta columna informa que estará ausente por un tiempo de las entregas periódicas a las que me comprometí con Noticias SER. Espero que haya sido de utilidad para quienes se molestaron en leerlas.

 




[1]
Según Walter Alva (2000) el ritmo de invasiones a los sitios arqueológicos era tan veloz, que en 5 años se habrá perdido el 80 % del patrimonio que aún sobrevive. Esta tasa de deterioro puede haber disminuido, pero ya son muchos los sitios que se han perdido o deteriorados en diverso grado.

[2] Marcelo Martín Guglielmino. La difusión del patrimonio. actualización y debate. 2007

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