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El chantaje de Chacón

Enviado el 21/10/2017

No tengo ninguna duda de que a lo largo de los años la congresista Cecilia Chacón ha sufrido innúmerables agresiones por ser mujer. Estoy seguro de que las sufre aún, probablemente a diario. La violencia de género es un componente estructural de la vida peruana, y ninguna mujer vive en este país sin sufrirla o verse obligada a confrontarla. En el caso específico de Chacón, de hecho, no hace falta escarbar demasiado en los archivos para encontrar colegas de su propia bancada refiriéndose abiertamente, en vivo y sin recibir sanción alguna, a sus “buenos pechos” y su cuerpo “bien estructurado”. No ha de ser nada fácil para ella ese ambiente de trabajo, y lo digo en serio.

Por eso es llamativo que la congresista haya decidido salir al frente de estos vejámenes en ocasión de una sátira periodística firmada por un personaje ficticio, “la China Tudela”, y escrita por un conocido humorista, Rafo León (“Reporte desde el baño de damas”, Caretas 2508, 5 de octubre). Por supuesto, no me corresponde decirle a ninguna mujer qué debe percibir como violencia, por cuál de todas las agresiones sufridas debe indignarse más, a cuál debe responder o cómo hacerlo, pero sí me parece necesario observar que esa columna, la que motivó una airada respuesta de Chacón (“La hora Primitiva”, El Comercio, 17 de octubre), no es fácilmente interpretable como un ataque misógino contra ella y sus colegas mujeres. Hacen falta algunas contorsiones para leerla de esa forma.

Cada lectora o lector ha de sacar sus conclusiones; de acuerdo con las mías, la columna puede resumirse así: “los parlamentari@s fujimoristas son fe@s y huachaf@s”. Nada de lo que se dice ahí sobre las mujeres de la bancada se atribuye directa o indirectamente a su condición de género, ni se hace extensivo a otras mujeres. No se exime de la ridiculización a los congresistas hombres; se les incluye explícitamente y en términos similares. Las referencias con sobrecarga sexual no son ni particularmente enfáticas ni particularmente negativas, y tampoco son la parte central de la caricatura: no exceden, en mi opinión, los márgenes verosímiles del discurso peruano en la ficción planteada por el columnista.

Es ciertamente posible hacer una lectura feminista de “la China Tudela” y del humor de Rafo León, tanto como es posible (y necesario) proponer una crítica más general de los discursos peruanos desde esa plataforma analítica. Pero me parece obvio que singularizar “Reporte desde el baño de damas” como un texto especialmente significativo para esa crítica, o a Rafo León como un representante particularmente nítido de la dominación patriarcal o el lenguaje machista, no tiene ningún sentido. La falsedad de ambas afirmaciones sería fácilmente demostrable.

Por lo demás, Cecilia Chacón es una de las figuras salientes de una bancada parlamentaria que no se ha distinguido por la defensa de los derechos de las mujeres. Desde la campaña de esterilizaciones forzadas de los años 90 hasta la derogatoria parcial del Decreto Legislativo 1323 en mayo de este año, el prontuario del fujimorismo como enemigo de las víctimas de violencia de género en el Perú es vasto e innegable. Incluso durante la misma semana en la que el affaire “China Tudela” estaba sucediendo, la congresista Maritza García —presidenta entonces de la Comisión de Mujer y Familia, nada menos— aparecía en público culpando a las mujeres de “darle motivos al varón” para el feminicidio. Cecilia Chacón hizo en El Comercio un llamado a “trazar una línea entre los cómplices del maltrato y quienes no lo somos”, pero, dado ese historial, su gesto no debería haber tenido mayor credibilidad.

Resulta entonces razonable entender el repentino encuentro de la congresista Chacón con la solidaridad de género, o en todo caso su súbito deseo de reclamarla en público, como parte de una campaña distinta y de más larga data: la campaña fujimorista contra la libertad de expresión y de prensa. No debería hacer falta recordar que el propio Rafo León ya ha sido objeto de esos ataques, a través de una demanda por difamación tan costosa como absurda, o que su caso no es único ni aislado. No es casualidad que la denuncia de Chacón evolucionara casi de inmediato en un pedido de boicot publicitario contra la revista Caretas lanzado por su colega Luis Galarreta: la matonería y la amenaza desde el poder contra la prensa es también parte antigua y bien enraizada del arsenal fujimorista, como lo es el lanzamiento de cortinas de humo rápidamente recogidas por los medios que le son afines (casi todos).

Todo esto hizo más que sorprendente para mí la facilidad con la que no poc@s comentaristas, activistas y periodistas locales pisaron el palito que les presentó Chacón. Tras hacer un descargo más bien pro forma del tipo “yo no apoyo la censura, pero…”, hubo quien llamó a la total solidaridad con la congresista agraviada, quien saltó de inmediato a denunciar a León por otros motivos, y quien aprovechó la ocasión para despotricar de la calidad de su escritura o la vigencia de su sentido del humor.

Al diluir así el tema puntual de los cuestionamientos lanzados desde el fujimorismo, al abrir desde las redes sociales, las páginas de la prensa y las pantallas de televisión una seguidilla de nuevos flancos de ataque contra un periodista amenazado por el poder, cada uno de esos comentaristas, activistas y periodistas dejó en claro que la defensa de la libertad de expresión y de prensa no es su prioridad (siempre hay un “pero…” ahí).

Defender los derechos de las mujeres y luchar contra la violencia de género es urgente y necesario. Hacer una crítica radical del patriarcado en el discurso y en la práctica, también. Solidarizarse con el enemigo cuando este se apropia de palabras que no han sido nunca parte de su vocabulario y nos las devuelve chuecas para fines espurios, no. Es difícil pensar que las antipatías personales no jugaron un papel preponderante en algunas de las reacciones suscitadas esta semana contra Rafo León, pero aún si damos por sentada la sinceridad de muchas de ellas, tanta ingenuidad política y tanto ánimo dispuesto a legitimar a Cecilia Chacón me resultaron inesperados (aunque quizá no deberían).

Para resumir: lo de Cecilia Chacón esta semana me parece poco más que un chantaje pseudofeminista, y escribo estas líneas para decirles a quienes me lean que, en mi opinión, cayendo en él no lograremos que la defensa de los derechos de las mujeres y el desmantelamiento del patriarcado ganen ningún terreno. Más bien, si miramos el largo plazo, creo que lo irán perdiendo.

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Jorge Frisancho
Escrito al margen
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