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Jorge Basadre y Juan Bustamante

Enviado el 22/02/2017
Por: 
Nicanor Domínguez

En 1976 el poeta y educador indigenista puneño Emilio Vásquez publicó su conocido libro sobre Juan Bustamante.  En el “Prólogo” don Jorge Basadre, el “historiública”, ensayó una contextualización teórica que no ha perdido interés.  Aquí la reproducimos.

***

Voy a limitarme, bajo el incentivo de este estudio, a presentar apenas unas cuantas ideas que emergen sobre el problema de las rebeliones sociales llamadas primitivas, en el contexto de las grandes luchas políticas o de clases, a lo largo de los siglos XIX y XX, materia de una obra de Eric Hobsbawm [Rebeldes primitivos].  Una creciente bibliografía trata de llevar la indagación y la conceptualización históricas a gente que no escribe ni lee, porque jamás es literaria y realmente aparece, a excepción de sus caudillos, con los nombres o los apodos que generalmente suele tener; grupos no bien articulados a quienes poco se le comprende en su época, aunque expresen con nitidez lo que sienten o quieren.  Añadiré, por último, unas consideraciones sumarias sobre los milenarismos y los mesianismos, asuntos que, en los últimos tiempos, me han interesado vivamente.

Hobsbawm estudia en el libro citado una serie de movimientos geográficamente muy distintos, en un marco dentro del cual la coyuntura económica (evolución de los precios del mercado, de la mano de obra, de las estructuras de explotación o de empresa) invade sub-mundos que cabe denominar parias, en donde subsisten, rigurosamente, en una forma u otra, lazos de solidaridad familiar o tribal, los traumatiza y los lleva a estallidos fervientes y desventurados.  Son, dice o insinúa el maestro inglés, en actitud que rechaza el romanticismo y también el etnologismo, corrientes de fondo en la conciencia colectiva, merecedoras de la simpatía intelectual y humana; pero movimientos a la larga ineficaces, cuya lógica derivación posterior ha de ser la lucha proletaria y sindical.  María Isaura Pereira de Queiroz, socióloga brasileña a la que debemos una importante Historia y etnología de los movimientos mesiánicos (1969), encuentra también en ellos “una reacción contra la transformación que se operaba en Europa occidental, por el desequilibrio producido a causa del desarrollo, cada vez más avanzado, de la industrialización y de la burguesía que determinaba una atmósfera febril en los niveles de vida”.  Discutiremos ambas interpretaciones mas adelante.  Por otra parte, la autora brasileña ha encontrado en diversos estallidos de su patria, un hecho que, sin duda, se produjo en una u otra forma, similar al que Vásquez examina con tanta acuciosidad; el fortalecimiento de la solidaridad entre gentes unidas por redes para el trabajo en común, o sea una primera reforma agraria alrededor de un lider carismático.

Los movimientos han sido definidos, esencialmente, como movimientos socio-religiosos de pueblos oprimidos, que conservan latente la esperanza en que la venida de un Redentor ponga fin al vigente orden de cosas, sea de manera universal, sea en una zona aislada e instaurará un orden nuevo, formado por la justicia y la felicidad.  Se trata de un fenómeno antes desdeñado que se estudia sólo desde los últimos veinte años, en el sentido teológico, antropológico, etnológico, histórico, sociológico y comparativo.  Los despertares mesiánicos hállanse acompañados o no, precedidos o seguidos por el fermento milenarista.  Este último hecho --el milenarismo-- implica, de un modo u otro, la existencia de una micro-religión íntimamente ligada al personaje mesiánico; y corresponde a la creencia en un reinado antecedente o consecuente a la aparición de aquél (pre-milenarismo o post-milenarismo) con las características de emancipación social, económica, religiosa o nacional.  Ambas tipologías --el mesianismo y el milenarismo-- han llegado a ser clasificadas dentro de sus variantes en distintas áreas en el espacio y en el tiempo.  Se intenta, asimismo, una nomenclatura de los personajes que acaso hállanse presentes o ausentes dentro de una sublimación prospectiva o retroactiva, y puden estar o no estar solos y aun tener sus personajes (predicadores, ascetas, profetas, precursores, aliados voluntarios o involuntarios y pontífices).  También se habla de pre --o post-- milenarismos, micro o macromilenarismos, imbuidos de violencia u orientados a la no violencia.  Aún más: existen trabajos acerca del material de los mesianismos-milenarismos representados por figuras, parábolas, o cifras y hasta sobre su dialéctica.  Henri Desroche ha tenido la audacia de publicar un grueso diccionario alfabético, por cierto muy incompleto, de los mesianismos y los milenarismos en la era cristiana (1969).

A la luz de los minuciosos esclarecimientos de Emilio Vásquez y de las normas teóricas generales antedichas, podríase intentar una ubicación de la rebeldía y el sacrificio de Juan Bustamante.  Emerge, en primer lugar, el hecho insólito de que, en este caso, el jefe hállase dotado de una alta calidad intelectual y cultural.  Ningún caudillo de las sublevaciones indígenas peruanas estuvo dotado de su biografía universalista.

En un estudio […] acerca del nacionalismo inca, a lo largo del siglo XVIII, John Rowe divide este despertar en dos corrientes: la reformista y la revolucionaria.  La fe de quienes integraron la primera de estas tendencias los llevó a creer que el Rey de España ignoraba lo que ocurría en estas lejanas comarcas de su Imperio de ultramar, engañado por sus funcionarios, y que una información adecuada y completa que hasta él llegara bastaría para un cambio.  Entre las diversas figuras que entonces aparecen, la más novelesca es la de Calixto de San José Túpac Inca.  Nacido en Tarma hacia 1730, fue Calixto donado de la Orden de San Francisco; recorrió el territorio desde Guatemala hasta Buenos Aires y preparó, en consulta con los caciques presentes en Lima y con algunos teólogos, memoriales clandestinos al Rey y al Papa.  Viajó a España dos veces.  En la segunda de sus aventuras, efectuada conjuntamente con el franciscano Antonio Garro en 1749, ambos llegaron a Lisboa y entregaron a un banquero un memorial al Papa; y luego en Madrid depositaron otro memorial en la carroza del Rey Fernando VI, el 23 de agosto de este último año.  Encarcelado e incomunicado más tarde en Lima, Calixto parece que falleció en el convento franciscano del desierto de Adamuz, en Sierra Morena [...].

Juan Bustamante se asemeja, incidentalmente, en algo a fray Calixto.  Su trayectoria en la vida pública fue de colaboracionismo, por cierto con limpieza y abnegación y siempre al lado de las banderías liberales.  Quiso ser un intermediario entre el sistema imperante y la masa indígena oprimida de Puno, cuyos sufrimientos sin alivio le impresionaron hondamente a lo largo de muchos años.  Hay datos que hacen suponer que, dentro de los orígenes de su rebeldía final, existieron ingredientes de carácter político, vinculados a la defensa de la Constitución de 1867, la más liberal del siglo XIX peruano.  Sin embargo, aquel tinte se desdibuja, como Vásquez señala, ante el imperio de los factores de carácter social y económico.  Bustamante es el enemigo natural, el peligro formidable para quienes encarnan el régimen de opresión de los hacendados sobre los comuneros, inquilinos o pequeños propietarios; de los ricos sobre los pobres, en Huancané, Azángaro, Lampa, y en general en el departamento de Puno, parapetados nominalmente detrás de la reacción política conservadora que implicó en 1868 la sublevación de Diez Canseco en Arequipa, a favor de la Carta de 1860.

A diferencia de las rebeliones estudiadas por Hobsbawmy María Isaura Pereira de Queiroz, no se trata en este caso de una violencia originada por la irrupción del mundo industrializado en una sociedad arcaica.  Por el contrario, se trata de la negativa de una casta abusiva tradicional, para aceptar en sus feudos el cumplimiento de la promesa invívita en el régimen democrático de la República peruana, valiéndose precisamente de la maquinaria de ella: prefectos, sub-prefectos, jueces, tribunales, recaudadores de impuestos, tropa.  Recharte, Lizares, Riquelme, Luna, Rivas y otros más son los hombres siniestros e impunes que la pluma de Vásquez arrastra a la picota, aunque sólo después de más de cien años.

El movimiento de Bustamante, geográficamente circunscrito pero de vasto significado, se va impregnando con caracteres mesiánicos y quizás milenaristas ante los ojos de sus parciales aunque sin fermentos religiosos.  El culto a su tumba y su recuerdo en la medida en que existió antes, ya que parece haber disminuido, sería un emblema de este significado.  María Isaura Pereira de Queiroz expresa que los movimientos mesiánicos, para producirse, necesitan la existencia previa de ciertos mitos indígenas o importados.

No todos son “malos” en el libro de Vásquez, ni es Juan Bustamante el único “bueno”.  El autor menciona a distintos ciudadanos probos que coinciden con el caudillo, lo secundan y luego tratan de sancionar los asesinatos.  Nada obtienen.

***

Tomado de Emilio Vasquez, La rebelion de Juan Bustamante (1976), pp. 12-16.

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Comentarios (1)

Todo un acierto esta

Todo un acierto esta publicación. La actualidad de Basadre, la importancia de los análisis comparativos, el largo plazo, el sur andino... Magnífica decisión.

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