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Caída o aterrizaje forzado

Enviado el 22/02/2017

Confieso que no sé qué escribir, porque se me vienen varios atropellándose en mi cabeza. No es el terror a la página en blanco. No, los sociólogos somos verborreicos, arborescentes y algunas veces vacuos. ¿Será el temor a los cero comentarios? El temor al silencio del lector, de los pocos likes en las redes sociales? ¿O, más bien, un arrebato de cordura y autocontrol, cuando no se tiene nada nuevo que decir?

Es la crisis, sin duda. Hay un gran desorden bajo los cielos, como decía el presidente Mao, y un gran desorden bajo los pelos de los más elocuentes, porque sus intereses no dejan que la sensatez se imponga y siguen azuzando a los extremos del espectro político. Porque nadie tiene una bola de cristal ni sabe lo que va a pasar, ni siquiera los profetas retrógrados que ahora aparecen diciendo que ellos ya sabían en el 2001 que Toledo robaría. Pero no sólo se trata del conocer el desenlace, sino -sobre todo- que nadie tiene la fuerza social para imponer una salida.

Si cae PPK, digo, es un decir, puede hacerlo controlando los daños colaterales o en medio de un gran desorden. Eso sólo depende de él a estas alturas, que han pasado 61 días del estallido de la bomba Odebrecht en Washington y no hay que olvidar que en marzo llega la información de los fiscales suizos. (La caída de Graña y Montero, Camet y otras, ya se da por descontado, aunque la nieguen con ominoso silencio sus elegantes estudios de abogados, los que también serán arrastrados a su insólito destino).

Porque su silencio respecto a la actuación que le cupo en el trato preferencial que le dieron a Odebrecht en el 2004, nos da muy mala espina y esto pueda que termine peor que la Argentina 2001 y más cerca de la experiencia de la primavera árabe que, tras un fulgor de esperanza todo se convirtió en la tragedia de la durísima dictadura egipcia o las guerras civiles que vemos.

Para que diéramos un paso adelante como república viable y no al narco-Estado al que nos dirigimos o en el que ya nos encontramos, necesitaríamos una masa crítica de fiscales y jueces valerosos y no los pusilánimes que siempre hemos tenido. Y también de algunos políticos decentes de casi todo el espectro, de empresarios capitalistas con ética (la utopía que predicaba hace años Rafael Letts), periodistas, militares, curas y pastores que pusieran por delante los intereses de la Patria y no la cuenta bancaria en el extranjero, o el cálculo a lo Francis Underwood, para orientar y ganar a las mayorías a una posición constructiva, con castigo de los corruptos.

Aunque lo más probable que suceda sea una recomposición de los partidos (esos cascarones!) más o menos con las mismas caras, con algunas nuevas y las mismas indefiniciones programáticas y éticas. Pero, eso sí, mucho discurso anticorrupción. Es lamentable, pero las soluciones no son blanco-negro sino de un gris mediocre. Y otra vuelta a la noria habrá comenzado. A menos que haya un huayco político y que nadie sepa para quién finalmente haya trabajado.

No digo más.

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Comentario Destacado
Muy claro Jefrey, lo lamentable es que amplios sectores de la sociedad ayacuchana no muestra organizacion alguna, cosa que si hacen los que se benefician de la corrupcion. Entonces "a robar que el mundo se va a acabar" parece ser el modelo de la conducta social actual y futura Leer más >>
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