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Amazonía: Extractivismos de ayer y hoy

Enviado el 22/02/2017

Existe una historia que nos han contado poco porque no es oficial y además está matizada con la epopeya de la modernidad, que con dificultad reconocemos como antecedente del exterminio de los recursos y de las poblaciones. Es la explotación del caucho en los territorios de la Amazonía. Las referencias históricas nos hablan de la importancia económica del caucho y de personajes como Arana[1] y Fitzcarrald que fueron pioneros en la explotación y depredación de la Amazonía con afán capitalista y que miraron con desprecio al indígena, dominándolo como mano de obra cautiva en los bosques donde se explotaba la siringa o caucho, e incluso exterminándolo. En la búsqueda de territorios y árboles de siringa estos pioneros recorrieron la Amazonia avasallando poblaciones yine, piro, haramkbut, mashco, asháninkas entre otros. La explotación del caucho del ayer, como ciclo económico y modelo de desarrollo, es una metáfora de la explotación del bosque que en la práctica continúa hoy.

Al respecto Otero reconstruye escenas de este encuentro, señalando en el caso de los haramkbut que tenían el relato tradicional del “Huanamei: árbol de la vida” y que como etnia tenían la tradición de hacer largos viajes para descubrir el origen de la vida. Al no encontrar el árbol, todo el territorio se convirtió en tierra sagrada que debía ser protegida y conservada[2]. Narra que el día que se encontraron los jefes haramkbut con los representantes blancos y Fitzcarrald a la cabeza e iniciaron la reunión delirantes y arrebatados, escupiendo y resoplando con gestos de odio y rencor para infundir pavor. Ante esta actitud el piro que siempre acompañaba a Fitzcarrald se le acercó y susurró al oído: “- Tranquilo patrón, estos indios siempre acostumbran hacer estas demostraciones cuando están disgustados con alguien o algo. Están furiosos de verdad. Dicen que les hemos invadido sus tierras, el territorio de algo o alguien que llaman Hunamei. Además dicen que han visto que estamos metiéndole cuchillo a los árboles, haciéndoles sangrar, tumbándolos y matándolos, y que estamos espantando, cazando y eliminando a los animales salvajes que les sirven a ellos de alimento, y que estamos arrasando las plantas, y aves que son parte de ellos. Dicen que nos tenemos que ir, de lo contrario ellos nos botarán como el viento de las tormentas que arrancan las hojas y ramas de los árboles”[3].

Luego de ello la escena continúa con la ofrenda de regalos de collares de vidrio y pañuelo de algodón a los indígenas. Pero lo que sucede a continuación del encuentro se torna sangriento, comienzan a encontrar lanzas y flechas en todo el territorio del Manu con los pañuelos y collares que les habían regalado. Días después aparecieron decenas de patrones- caucheros-siringueiros- muertos, atravesados por las fechas y lanzas pintadas con achiote y con plumas de gavilán. Por lo que Fitzcarrald reunió a 400 de sus mejores hombres armados con sus Winchester y reserva de municiones, machetes y cuchillos, se embarcaron en 20 canoas, ordenó que se colocaran a ambos lados del río, no dejando pasar, y abrieron fuego contra ellos, disparando a matar contra hombres, mujeres y niños haramkbut que no tuvieron tiempo de huir[4].   

Estos episodios que son narrados evocando el pasado muestran el carácter de los encuentros y permiten ver a los protagonistas en su real dimensión con sus ambiciones personales de riqueza sin límites. Sin embargo, muchos de estos personajes fueron venerados como los constructores del progreso y la modernidad. El caucho ha hecho que no haya lugar inexplorado de la Amazonía para esclavizar y para capturar la mano de obra con el sometimiento de la población indígena que a través del tiempo luchó por su sobrevivencia. La Amazonía se empequeñeció con la explotación del caucho, pero ello no significó una comprensión de la diversidad ni de su territorio.

En los departamentos como Madre de Dios, hoy con su territorio impactado por las actividades extractivas como la minería ilegal e informal, la explotación de recursos hidrocarburíferos y los recursos forestales, existen comunidades nativas de los pueblos haramkbut, yine, machiguenga y otros que a través del tiempo han rechazado el ingreso de empresas petroleras, madereros y mineros ilegales por el daño que causan[5], formando organizaciones que hoy se han debilitado. Hoy les cuesta imaginar su territorio sin la ocupación e impactos que estas actividades tienen, por lo que una parte de ellos se organizan para reclamar un rol regulador al Estado para frenar la depredación, mientras que otros disputan su beneficio sin importarles la degradación.

En la Amazonía peruana han aumentado los conflictos en torno al acceso, uso y control de los recursos naturales con su avance en las áreas naturales protegidas. La autonomía es una deuda pendiente del Estado con los pueblos indígenas para ejercer sus propias prioridades de desarrollo. Los extractivismos en la amazonía significan también que el territorio y sus recursos se encuentran en constante disputa hoy como ayer. 

 




[1]
                     Al respecto hace unos años se publicó el álbum de fotografías que preparó Arana para evidenciar su labor civilizadora y tratar de desmontar las denuncias sobre los abusos cometidos con los indígenas del Putumayo, después del informe del cónsul Sir Roger Casement en 1910. Véase: Viaje de la Comisión Consular al Río Putumayo y Afluentes. Agosto a octubre de 1912. Alberto Chirif, Manuel Cornejo Chaparro y Juan de la Serna Torroba (Coord.) Programa de Cooperación Hispano Peruano; CAAP; IGWIA; Tierra Nueva; AECID Embajada de España en el Perú. Lima, 2013.

[2]                     Otero Mutín, Rafael Fitzcarrald Pionero y depredador de la Amazonía. Lima: Pakarina ediciones.2015. p. 56-57

[3]                     Ibíd p. 57

[4]                     Ibíd p.60

[5]                     En los últimos 20 años más de 3,000 toneladas de mercurio fueron arrojadas a los ríos amazónicos, contaminando el agua, a los peces y a las poblaciones humanas que los consumen. También en estos años se ha contabilizado unas 60,000 hectáreas depredadas a causa de esta actividad ilegal.

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