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Las niñas de Guatemala murieron de desamor

Enviado el 22/03/2017

En estos días, estamos viviendo una gran emergencia nacional, miles y miles de personas damnificadas, pérdidas humanas y materiales debido a los huaicos e inundaciones. Esta tragedia que nos enluta y nos llena de tristeza ha significado que nos distanciemos de otra tragedia que también nos duele y que, al igual que lo que está pasando con nuestra emergencia climática, merece la solidaridad de la comunidad internacional, para que nunca más un caso como éste se repita.

El 8 de marzo, en un buen número de países, las mujeres organizadas nos unimos al paro mundial de mujeres y a las marchas convocadas en nuestras ciudades, recordando la heroica lucha de las trabajadoras de la fábrica de camisas Triangle Waist Co. de Nueva York, quienes se declararon en huelga reivindicando una jornada laboral de 10 horas, mejores condiciones higiénicas e igual salario que los hombres. Mientras estaban en la fábrica, el dueño les cerró las puertas y encendió un fuego, muriendo quemadas o asfixiadas 123 obreras.  Más de un siglo después, el mismo 8 de marzo, un grupo de adolescentes se encerraba en un cuarto exigiendo el reconocimiento de sus derechos, un trato digno, no ser torturadas ni golpeadas, ni violadas, siendo también encerradas y muriendo quemadas. Una adolescente que logró ser salvada cuenta: “Una niña a la que conocíamos como Mimí empezó a quemar las colchonetas. Solo las pusieron en la ventana y comenzaron a quemarse". Entonces, añade, las llamas aumentaron, "empezamos a golpear la puerta para que nos abrieran y no nos abrían".[1]

Fue en Guatemala, aquel país de Centroamérica del cual apenas recibimos noticias, en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde van a parar las adolescentes con problemas, las que nadie quiere, las que no pueden quedarse en las familias, las huérfanas, las maltratadas, las invisibles. Cansadas de tanto abuso y violaciones, decidieron huir de aquel lugar infinitamente inseguro para ellas, huir del espanto, del infierno. Sesenta adolescentes lograron escapar el 7 de marzo, siendo a las pocas horas capturadas y reintegradas al centro. Eran niñas entre 13 y 17 años que estaban hartas, como puede leerse en la denuncia que hizo Mileny Eloisa el día antes de morir:

“Como les puedo decir, aquí nos tocan más que todo, las niñas, las educadoras no dicen nada, nos tratan mal... (‘las monitoras nos obligan’, dice otra) y nos violan, eso sí es violación porque a nosotras nos amarran todas las noches y nos pegan, nos gritan, nos jalan el pelo. Es cierto, yo estaba mejor en mi casa y todo y aquí yo me vine a hacer lata, yo me corto porque… y éstas son mis heridas. Y así injustamente porque si una si uno viene por maltrato de nuestros padres, aquí venimos a recibir  el doble y eso no es justo, y los policías hoy me tocaron el trasero y después me pegaron.”[2]

Un breve diálogo, quizá fue su primera entrevista, quizá fue la primera oportunidad que tuvo de decir lo que estaba pasándoles a ella y a  Rosa Julia, Indira, Daria, Ashely,  Siona,  Mayra, Skarlet, Yohana,  Rosalinda, Madelyn, Sarvía , Ana, Jilma, Grindy, Keila, Estefany, Grisna, Yemmi Jaqueline, Josselyn, Mari, Kimberly, Nancy, Lilian, Mirza, Ana, Melani, Luisa, Hashly y tantas otras, cuyos nombres se pierden en los papeles y en la desmemoria del funcionariado indolente, de una sociedad que mira hacia un lado y que se niega a pensar a estas niñas como parte del mismo mundo, a verlas como seres humanos y no como desechables.

Niñas de 13 años embarazadas sin que nadie haya dado mayores explicaciones de cómo sucedió, aunque ya se sabía de múltiples casos de violación y otros abusos que habían sido denunciados. Desde el 2013, se sabía de los golpes, de la comida con gusanos, de las torturas, del abuso y violaciones sexuales. Incluso una denuncia mencionaba una organización criminal dedicada a la trata de las niñas, formada por empleados de la institución.

En diciembre del año pasado, el Juzgado Sexto de Niñez y Adolescencia del Área Metropolitana condenó al Estado de Guatemala por el atentado a los derechos de los niños, niñas y adolescentes que están recluidos en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, ordenándole mejorar los ambientes, ampliar las instalaciones, contratar más personal y sacar a los trabajadores acusados de cometer abusos, pero no pasó nada. Los responsables hicieron oídos sordos a las disposiciones judiciales, incubando así esta tragedia.

Miles de ciudadanos y ciudadanas se volcaron a las calles de la capital guatemalteca para expresar su tristeza e indignación por lo que sucedió con estas chicas. “Fue el Estado”, gritan las mujeres y los hombres solidarios, “Estado feminicida”, reafirman en las manifestaciones, mientras dejan también en claro que “no eran calladitas, por eso las mataron". Porque quienes tienen el poder no permiten ser contradichos, ni burlados, ni puestos en evidencia. Eso es lo que intentaron hacer estas chicas, por eso las dejaron quemarse, quizá pensando que el fuego arrasaría con cualquier denuncia o atisbo de rebeldía y resulte además ejemplificador para todas las chicas que se atrevan a levantarse frente a los abusos.

Nuestra propia tragedia no nos ha permitido que lo sucedido en Guatemala nos lleve a mirarnos hacia adentro y ver lo que está pasando aquí con nuestras niñas en este tipo de instituciones, lo que hubiera dado pie a hablar, a reflexionar sobre cómo están funcionando. Solo de vez en cuando alguna información se filtra, como sucedió en el 2006 con el descubrimiento en el albergue Ermelinda Carrera de la existencia de un  cuarto de castigo de unos 1,5 metros de ancho por 2 metros de largo, sucio, lleno de basura, en el que se encerraba a las niñas para que “reflexionaran cuando se portaban mal”[3], o el caso de una niña que se escapó del mismo centro y denunció que ahí le pegaban y la dopaban[4], lo que fue negado por el director del INABIF.

Hay por otra parte denuncias muy serias sobre casos en el que chicas llevadas a estos albergues sufrirían una re victimización, como han sido los denunciados por Ricardo Valdés,  Director de Capital Humano y Social Alternativo (CHS) en relación a chicas rescatadas de la trata, cuando son llevadas a estos albergues:

“Cuando una chica es rescatada y se va a un albergue, no se queda un día. Se quedan meses. Han llegado hasta el escándalo de ingresar al Hogar Ermelinda Carrera y allí muchas veces les han pegado, les han hecho bullying. No puedes meter a una víctima de trata de persona a ese lugar.” [5]

También a estos lugares son llevadas víctimas de violación. Ha sido el caso de A.C.S., que fue violada a los doce años por el ex funcionario de Agua Para Todos, Ricardo Sánchez Carlessi, quien era su tío abuelo. La niña fue enviada a un internamiento de cuatro años al Hogar Ermelinda Carrera por el Segundo Juzgado Especializado de Familia de la Corte Superior de Cañete. Su abuela, a quien se le ha negado la tenencia de la adolescente, ha denunciado que allí es maltratada por sus compañeras y que habría intentado suicidarse.[6] Hasta la Corte Interamericana llegaron las denuncias sobre el modelo de institucionalización en el Perú, lo que lamentablemente pasa sin que sea un asunto de la agenda pública como debería ser, ni sea parte de la agenda de las mujeres, salvo denodados esfuerzos de algunas instituciones. Ronald Gamarra de IPRODES resume la situación en su presentación en la Corte diciendo:

“Señora Presidenta, solo para terminar en diez segundos: 16 evasiones, dos intentos de fuga, dos conatos de motines, un suicidio y una violación, en un período de 21 meses, evidencian el descontento de las víctimas con el modelo de institucionalización en el Perú.”[7]

Cuarenta y tres niñas murieron en Guatemala, no murieron de amor como dice “La niña de Guatemala”, poema de José Martí dedicado a María Granados, murieron del desamor, murieron por el odio de la sociedad, del Estado, de quienes las consideran desechables, murieron de la indiferencia que hay en nuestros países hacia las niñas que tienen menos recursos, a las que trasgreden las normas, las rebeldes, las no controlables.  Que sus muertes no queden en la impunidad y que nos sirvan para que en todos nuestros países pongamos el foco en las experiencias que están viviendo los niños, niñas y adolescentes institucionalizados, para evitar que sigan sufriendo tanta desgarradora violencia.




[1]
Asier Vera Santamaría, “Una de las niñas supervivientes del internado de Guatemala: ‘Golpeamos la puerta y no nos abrían’”, Eldiario.es, 14 de marzo del 2017. http://www.eldiario.es/desalambre/supervivientes-incendio-albergue-Guate...

[2]“Así denunció Mileny Eloisa los abusos en el Hogar Seguro antes de morir”, vídeo, Canal Antigua, 18 de marzo del 2017. https://canalantigua.tv/asi-denuncio-mileny-eloisa-los-abusos-en-el-hoga...

[3]“Clausuran cuarto de castigos en albergue”, La República, 24 de marzo de 2006. http://larepublica.pe/24-03-2006/clausuran-cuarto-de-castigos-en-albergu... cuarto de castigos en albergue

[4]“Joven de 14 años denuncia maltratos en Hogar Ermelinda Carrera”, vídeo publicado por Latina el 25 de enero del 2015. https://www.youtube.com/watch?v=ERsTE13B0Mk

[5]Yulia Orbezo,“El Perú es un Burdel”, Caretas, Edición 2443, 30 de junio del 2016. http://www2.caretas.pe/Main.asp?T=3082&S=&id=12&idE=1266&idSTo=0&idA=75969#.

[6]“Niña violada está junto a asesina”, Diario Ojo, 27 de mayo del 2014. http://ojo.pe/policial/nina-violada-esta-junto-a-asesina-176837/

[7]“Perú: Trata de niños, niñas y adolescentes” video publicado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 20 de marzo del 2017. https://www.youtube.com/watch?v=0XbCQap9MOU

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